lunes, 10 de octubre de 2011

CITIUS-ALTIUS-FORTIUS

Castillo de Monreal, verano del año de Gracia de 1376

-Os digo, Majestad, que no es posible ya contener a todas estas tropas ociosas que llevan tantos meses acampadas en los alrededores aguardando entrar en acción...

-¿Es culpa mía acaso que Francia y Castilla se hayan acobardado ante nuestro despliegue guerrero y parezcan haber abandonado sus planes de invasión? Debieron creer que el rey de Navarra no pondría todos los medios a su alcance para impedirlo, pero ya veis que, una vez más, me subestimaron.

-Buena cosa es, sin duda, que las espadas sigan guardadas en sus vainas, pero vuestra gran experiencia bélica debiera haceros recordar que los soldados mercenarios no valoran en modo alguno una paz duradera, que les priva de sustento y de botín. Y los que vos tenéis contratados comienzan a impacientarse y a cometer pequeños saqueos, que sin duda irán ganando en gravedad si continúan sin tener nada que hacer.

-Sabéis de sobra, mi buen chambelán don Miguel de Lumbier, cuál es la solución que hay que emplear para parar esa clase de desmanes. Tan sólo hacen falta unas ramas resistentes y unas fuertes sogas. Os digo que el escarmiento cundirá presto entre quienes prentendieran imitar a semejantes bandidos.

-La verdad, mi señor don Carlos, es que yo había pensado recurrir a métodos menos drásticos para conjurar el peligro que supone el aburrimiento de hombres de tantas tierras diferentes como los que aquí se hallan congregados en estos momentos, pues no sólo hay navarros a vuestro servicio, sino también franceses, ingleses, bretones, bearneses, aragoneses, sicilianos, albaneses, flamencos, escoceses y hasta algún que otro danés descarriado...

-Ciertamente nuestro campamento es talmente como aquella torre de Babel de la que nos hablan las Sagradas Escrituras, por eso mismo no acierto a comprender cómo podréis mantener la calma si no es con castigos bien duros.

-Todo lo contrario, Majestad: justamente es con premios más que apetecibles con los que pretendo garantizar la tranquilidad. Bien sabéis cómo me gusta leer las hazañas de aquellos sabios griegos que moraban donde ahora mismo combate vuestro hermano el infante Luis...

-¡Ah, la Grecia milenaria de tantos y tan buenos filósofos! Mucho me complacen a mí también sus historias, pues fue mi educación tan esmerada, que todavía sé hablar algo de su antiquísima lengua: "O logos deloi oti", que significa "la fábula muestra que", o "Pas-pasa-pan", que es la declinación exacta del adjetivo "todo", o "Jroña ta jroña", que en nuestro ydiomate navarre terre pudiera traducirse como "estar todo el día zirikiando".



-Vastísima es en verdad vuestra cultura, Majestad, que no habrá otro rey tan ilustrado como Carlos II de Navarra en trono alguno. Por eso mismo habréis oído decir que aquellos señores helenos competían en unos juegos muy renombrados que se celebraban en la ciudad de Olimpia, donde representantes de todas las ciudades de aquellos reinos pugnaban por ser los mejores en variadas disciplinas atléticas.

-¿Y pretendéis reproducir en nuestros dominios aquellas competencias deportivas?

-Bien organizadas, os digo que no habrá mejor distracción para tanto desocupado internacional como aquí se concentra. Y no os saldrá demasiado caro, pues sólo los tres mejores recibirán un galardón, que muy bien podría ser una de vuestras monedas de oro para el campeón, una de plata para el segundo clasificado y una de cobre para el tercero...
















-No me parece mal, salvo que apenas pudimos acuñar 32 piezas de oro la última vez, que no están los tiempos para gastos extraordinarios, así que mucho deberemos acotar las distintas competiciones. Es más, ya que vamos a rememorar tan extraordinario acontecimiento, qué menos que procurar que redunde en honor y gloria de Navarra...

-Ya lo había previsto yo también, señor. Por supuesto haremos que participen aizkolaris, harrijasotzailes y palankaris. Y sólo con los que ahora mismo entrenan en Leitza, tenemos tres triunfos seguros, que son además muy blandos los hombres de allende nuestras mugas. Sólo me preocupa elegir bien a quien nos representará en la prueba principal, que será una carrera muy larga que abarcará más o menos la distancia entre Monreal y Pamplona, con vuelta a Monreal, pues me he asegurado que tenga las mismas leguas que las que debió recorrer el bravo don Filípides entre Maratón y Atenas.

-Buen trecho es ese para recorrerlo como un galgo. Preguntad a todos los capitanes de nuestra hueste. Ellos sabrán sin duda cuál de sus hombres es el más resistente para ese menester, aunque yo mismo puedo recomendaros a un buen vasallo que habita en la morería de Funes y que abastece de arcos y flechas mis castillos: don Abebe Tudela. Lo he visto correr y os digo que no hay entre mis súbditos otro que pueda aventajar sus prestaciones. Además es famoso porque no necesita de abarcas para trotar como un gamo, sino que le basta con sus pies desnudos para dejar atrás a cualquier rival.

-¿Y no protestarán tantos representantes de la cristiandad por dejar participar a un musulmán?

-Podéis decir de mi parte a quien se queje, que mientras compita bajo la bandera roja y azul de Navarra , nos da lo mismo que rece mirando hacia Jerusalén o hacia La Meca, y que sólo yo marco las reglas en mi reino.

-Visto que mi idea os parece buena, quisiera mostraros los pasquines que yo mismo he diseñado para anunciar los Juegos.

-Estáis en todo, don Miguel, aunque agradecería que me explicáseis que significan tales símbolos.


-Naturalmente, Majestad. El triple lazo hace por supuesto referencia a vuestra divisa, la de la gloriosa dinastía de Evreux, y los tres anillos, además de a las tres partes del mundo conocido: el Asia lejana, la vieja Europa y el Africa ignota, aluden a la forma de trabar las cotas de malla, que es cosa muy propia de torneos y competiciones. Y aunque Pamplona o Sangüesa muy bien merecerían organizar este concurso, justo es que esta nobilísima villa de Monreal, que tan hospitalariamente nos acoge, sea la encargada oficial de hacerlo, pues suena muy bien por cierto su nombre unido a la fecha en la que nos encontramos, ¿no os parece?

-Sí que resulta eufónica -que es también una hermosa expresión griega-, sí. Aunque no sé bien por qué, me parece que ya la he oído en algún otro sitio. Fijáos: ¿no sonaría aún más elegante en francés: "Montreal 76?"...

-Ahora que lo decís, también a mí me recuerda a algo... Pero creo que haréis bien en olvidar definitivamente que una vez, hace mucho, casi conseguísteis ser rey de Francia, Majestad. Ahora os conviene centraros en Navarra, y nada mejor que respetar sus topónimos ancestrales para demostrarlo...

-Sabias palabras son esas, don Miguel. De cualquier forma estoy pensando que si este deportivo asunto sale bien, quizás nos convenga ir buscando nuevas relaciones entre Navarra y Grecia, que sirvan para dar aún más prestigio a nuestra Corona y a nuestro Reino. Por ejemplo, ¿no sería don Aritz-Tóteles antepasado en recta línea del primero de los reyes de Navarra, don Eneko Aritza? Creo sinceramente que haríais muy bien en investigar esta singular coincidencia, don Miguel, porque si se demuestra, ahí radicaría posiblemente el origen de la inteligencia y el buen juicio que hemos mostrado después todos sus sucesores...

-Muy puesto en razón me parece vuestro deseo, mi señor don Carlos. Tanto que, si os place, estudiaré también si don Platón tuvo algo que ver con vuestro abuelo el rey don Enrique I el Gordo, el que tanta fama alcanzó entre sus contemporáneos por devorar sin cesar platos, platillos y platones.
Prometo teneros al corriente de mis averiguaciones al respecto...


© Mikel Zuza Viniegra, 2011