viernes, 22 de septiembre de 2017

FIN DE TRAYECTO


Barcelona, Palau Reial, 23 de septiembre de 1461

-Tío, prometedme que llevaréis algo mío a Navarra.

-¿Qué he de prometeros? Vos mismo iréis conmigo. Y recorreremos de nuevo las veredas entre Tafalla, Olite y Ujué. Las gentes saldrán a los caminos para ver a su rey y señor, y os pedirán remedio  a todos sus males, como siempre.

-No, ya nunca más volveré a prenderme una sanjaimeta al pecho.

-¡Os juro que lo haréis, aunque tenga que matar yo mismo a todos estos matasanos que os afligen!

-Mi problema ya no es de médicos, sino de clérigos. No pasaré de esta noche. Casi lo anhelo, estoy tan cansado...


-¿Qué decís? ¿Y qué haremos entonces los que nos jugamos todo por vos?

-Y demasiadas veces sin que yo os lo pidiera, tío. Me usasteis como cometa, y de tanto ascender al cielo, he acabado chamuscado por el sol. Otros quizás lo hagan mejor que yo.

-¿Quién, vuestro padre? ¡Ah, si le hubiera alcanzado la lanza que le arrojásteis en Aibar...!

-Ahora tendría todavía más grandes pecados de los que confesarme. No, ayer fue día de luchar como caballero, y hoy lo es de morir como cristiano. Y dejad de llorar, ¿qué dirían si vieran a un gran guerrero como vos con los ojos cargados de lágrimas?

-Se me ha debido meter una carbonilla en los ojos, Majestad.

-Creo que ya podéis apearme el tratamiento, tío. Fuisteis siempre el primero en considerarme rey de Navarra, ahora tenéis mi permiso para retirar la corona de mi cabeza. Me ha pesado siempre tanto como las cadenas a un preso...

-¡Nunca! No hay cabeza en el mundo más digna de ceñir una corona que la vuestra, Charles.

-Hubiera sido estupendo que todos pensaran como vos, querido tío Johan. La de malos tragos que nos hubiésemos ahorrado, ¿no es cierto?

-¡Os juro que se lo haré pagar personalmente al maldito mosén Pierres y a su hermano don Martín!

-Templad vuestra furia, tío. Es una orden. Mi última orden. Navarra ya ha sufrido bastante mientras yo estaba vivo, que al menos sosiegue definitivamente el reino cuando yo muera. En realidad tengo otro mandato para vos.

-¡Lo que sea, aunque tenga que ir a Constantinopla para conseguirlo!

-No os pido tanto, mi buen don Johan: sólo que adornéis mi capilla ardiente con esos cinco paños bordados con las historias de Hércules tan hermosos que traje de Sicilia. Nunca fui tan fuerte como él, pero los trabajos a los que tuve que hacer frente no fueron, desde luego, menores que los suyos. ¿Lo haréis?

-Os lo prometo, príncipe. Perdón, Majestad.

-No os disculpéis, tío, que ni yo mismo he sabido nunca si era rey o príncipe. Y ahora ya da por fin lo mismo...



Y FUE ESCRITO ESTO PARA RECORDAR QUE MAÑANA SE CUMPLE EL 556 ANIVERSARIO DE LA MUERTE DE 
CARLOS IV DE EVREUX, REY DE NAVARRA, 
PRÍNCIPE DE VIANA 

© Mikel Zuza Viniegra, 2017

jueves, 24 de agosto de 2017

NO EN MI NOMBRE


Pamplona, 1 de junio de 1456

-La situación es desesperada, príncipe Carlos: los Peralta por el sur y los Foix por el norte están a punto de cerrar el cerco sobre la ciudad. Si no os marcháis cuanto antes, lo más probable es que volvais a ser apresado por vuestro padre, y me temo que esta vez no saldréis con la cabeza sobre los hombros...

-Para lo que me ha servido hasta ahora la cabeza, quizás sería un descanso que me la cortaran. ¿Y no hay otra solución que irme? Dirán que huyo, que os dejo desamparados...

-Cabría todavía la posibilidad que os llevo comentando desde hace tanto tiempo: levantar cuatro poderosas torres en el flanco noreste la muralla, casi sobre ella. Allí meteremos a todos los sospechosos de ser partidarios del rey don Juan, y os juro que les haremos pagar con sangre su traición. Bien sabéis que a él mismo le pareció buena idea levantarlas, que siempre ve traidores a su alrededor. Hagamos entonces lo mismo que él. ¡Dadme el permiso para construirlas y de vos quedará siempre memoria en estos reinos!

-Sí: memoria de sangre, memoria amarga, porque si ahora hago lo mismo que iba a hacer mi padre, ¿en qué me distingo de él?

-¡En que por una vez ganaríais vos! El sentimentalismo no tiene cabida en las labores de gobierno: sólo el dinero y el número de enemigos muertos en el campo de batalla.

-¿Y merece la pena reinar para acabar actuando así?

-Cuentan los griegos y los romanos que no ha habido rey sobre la tierra que haya hecho las cosas de otro modo, príncipe.

-Pues ya va siendo hora de que haya uno que las haga de otra manera, ¿no creéis?
 No. Ni mi última orden ni mi legado serán cuatro ominosas torres cuya fealdad me quite las ganas de entrar en Pamplona cuando regrese del exilio.

Marcharé mañana mismo, y os prometo que recabaré toda la ayuda que pueda en Francia, Roma o Nápoles. Pero ya que el de hoy va a ser mi último día en esta ciudad os diré en qué voy a aprovecharlo: cabalgaré hasta Burlada, y pararé a refrescarme en el pequeño palacio donde vivió mi prima Leonor, la hija de mi tía Beatriz.

Dejaré allí mi caballo, y subiré de nuevo a Pamplona a pie, silbando tranquilamente una tonada de Raimon de Miraval, mi trovador favorito,  probablemente acompañado por los peregrinos a Santiago que por allí pasan. ¿Qué mejores compañeros para un príncipe errante como yo?

Y por el camino me iré deteniendo a contemplar la extraordinaria vista que ante los ojos de quien saben apreciarla se ofrece: al extremo diestro la catedral, todavía en obras, como vigilando desde los montes de Goñi hasta el Gaztelu que tiene enfrente; entre medio, sólo las pequeñas torres de iglesias que no se atreven a cuestionar la hegemonía de las del templo mayor del reino; y en el extremo diestro, sobre la Magdalena, el placer de poder posar los ojos -viviendo en plena ciudad- en el color verde de las huertas que baña el Arga.

¿Y me decís que levante cuatro torres-adefesio sobre este vergel? No lo haré jamás.
No soy mi padre, a quien ni Pamplona ni el resto de Navarra le han importando nunca. No las conoce, y por tanto tampoco puede amarlas. Lo sé muy bien, porque es exactamente lo mismo que le pasa con mi hermana Blanca o conmigo.


-Como queráis, pero seguro que vendrán otros que sí levantarán las torres.

-Lo sé, tales personas abundan. Y dirán lo mismo que vos: que son necesarias, que son la mejor solución, que no han podido hacer otra cosa... Y dirán la verdad, porque ese tipo de gente jamás ofrece otra solución que multiplicar el horror a su alrededor. Destruirán un paisaje que sólo teníamos aquí, para hacer lo mismo que existe en cualquier otro sitio. Pero no podrán decir nunca que fui cómplice.

-Tan terco y testarudo como siempre, príncipe.

-¿No recordáis el dicho popular, mi señor tio don Juan de Beaumont? Pues resulta que se me puede aplicar muy bien:

"Cabezudo fue mi abuelo,
 porque nació aragonés.
 Más tozudo fue muy padre, 
¡Y yo como entre los tres!" 

-En fin... Id preparando vuestras valijas para el largo viaje que os espera mañana. Pero antes aún os queda una última labor de gobierno: en la sala contigua hay unos frailes Salesianos aguardando ser recibidos. 

-¿Y qué es lo que quieren, mi señor tío don Juan de Beaumont?

-Hablaros sobre no sé qué proyecto que dicen abanderar.

-Ya no tengo tiempo. Pero recordadles de mi parte lo que decía su fundador: "enseñemos a todos la belleza de la virtud." Si acaso veis que no reaccionan, y como parece que les gustan tanto las torres, encerradlos una buena temporada en la más alta del castillo de Monreal, que les vendrá muy bien reflexionar allí dentro... 



© MIKEL ZUZA VINIEGRA, 2017


 


jueves, 27 de julio de 2017

CAMBIO CLIMÁTICO

Palacios reales de Pamplona, 27 de julio de 1384

-Ved, mi señor don Carlos II, que lo que hemos descubierto resulta extremadamente grave…

-Sí, claro que es grave saber que mi archienemigo, Carlos V de Francia, está construyendo gran número de ferrerías en nuestra frontera norte, y que lo mismo están haciendo los ingleses a muy pocas leguas. Tendremos que hacer nosotros lo mismo.
 

-Pero Majestad, de lo que llevamos más de tres horas intentando convenceros es de que hagáis justamente lo contrario. Si hacéis lo mismo que ellos, el mal del que os hablamos se extenderá sin control…

-¿Pero qué mal hay en el progreso industrial? ¿Y en el chocar de las espadas? Os digo que no hay nada mejor que una buena guerra para dinamizar nuestra maltrecha economía.

-Hay informes que dicen que la gran pestilencia se extendió precisamente gracias al humo negro de tanta ferrería, que a ratos llegó a ocultar al mismo sol. Si se siguen construyendo a este ritmo infernal, los árboles acabarán desapareciendo, y sin árboles todo vuestro reino se convertirá en un desierto.

-Los árboles son necesarios, claro que sí, pero para alimentar los hornos de los que saldrán las espadas recién forjadas con las que conquistaré Francia algún día. Además, ¿qué pruebas tenéis de eso que decís sobre que cada año el verano es más cálido?

-Ved que nuestro abuelo, el primero al servicio de vuestra augusta dinastía, ya recogía datos que confirman que la nieve de las cumbres cada año se derrite antes, y que el agua recogida en las represas se evapora cada vez más rápido y baja más negra y sucia de las montañas. Comparando sus anotaciones con las nuestras, podemos confirmar que en los últimos ochenta años se ha producido un recalentamiento que el humo de todas esas ferrerías no hace sino aumentar exponencialmente. De ahí la importancia de que vos no hagáis lo mismo.

-Pero esta sugerencia vuestra de que construya miles de molinos enormes en la frontera para que sus aspas se lleven los malos humos hacia el interior de Francia y de Aquitania detraería las cantidades que ahora dedicamos a la guerra. Y no es cosa de que se nos rían nuestros enemigos. ¿A qué iluminado se le ha podido ocurrir semejante solución? Al maestro de ingenios Sagastibelza, como si lo viera…

-Pero es que además dice que podría usarse también la fuerza de esas aspas para no tener que emplear tanto carbón vegetal para cocinar y calentar las casas. Y con ello se reducirían aún más los malos humos. Mas renovados, imposible…

¡Lo que tiene que hacer es ponerse a diseñar catapultas y bombardas, y dejarse de árboles y aire puro, del que ya disfrutaremos todos en el Paraiso, cuando muramos! Bueno, todos, lo que se dice todos, desde luego que no. ¡Porque os digo que allí no irán jamás ni Carlos V de Francia, ni Enrique II de Castilla, ni Eduardo III de Inglaterra, ni el maldito DuGüesclin, ni el traidor Arellano, ni…!

-Nada, que con este rey no tenemos nada que hacer, ya ha entrado en bucle con su lista de enemigos, como de costumbre, y como tiene tantos no acabará hasta pasadomañana…

-Es que está mayor, no parece comprender la gravedad de lo que le decimos. Pero mirad: ¡el príncipe heredero nos llama para que le sigamos fuera del salón de audiencias.

-He escuchado con mucho interés lo que contabais a mi padre, y quiero que sepáis que, cuando yo sea Carlos III, estoy plenamente dispuesto a que las ferrerías sólo fabriquen poleas, andamios y grúas para construir palacios bien hermosos. Detesto la guerra y los cañones.

-Pero Alteza, si mantenéis el plan de ferrerías de vuestro padre, y no adoptáis el de molinos que hemos propuesto, el problema del humo seguirá incrementándose, y vuestro reino se deforestará igual.

-No sé… Habrá que estudiarlo en una gran reunión de todos los líderes mundiales, que establezca a su vez un gran número de comisiones y subcomisiones donde tratar las distintas problemáticas que afectan a cada país. Quizás Navarra hasta pudiera presentar en alguna de ellas ese plan de los mega-molinos que decís. Quedaríamos estupendamente bien presentándonos como una “potencia verde”, ¿no os parece?

-No sé, alteza, creo que fue Carlomagno quien dijo que si quieres solucionar algo, nombres a un encargado, y si quieres que nunca se arregle nada, nombres a una comisión…

-¿Carlomagno dijo eso? Me extraña, porque precisamente yo soy descendiente “en recta lignea” suyo, y no me acuerdo de habérselo leído nunca. Además, primero se empieza pidiendo aire puro, y luego se acaba por pedir que se prohiban la caza, los matatoros y tener leones en casa, como mi queridísimo Marzot, que se pega la gran vida en Olite...

-Buena cosa sería esa también, Alteza, que hay personas que, de tal, sólo tienen el nombre, y son mucho más brutas que cualquier animal. Y pienso que Marzot estaría mucho mejor en Africa que bajo la morera.

-¿Vosotros creéis? No se yo… Habrá que organizar una comisión de expertos que decida qué es lo mejor. Y me temo que para cuando dicte sentencia, probablemente ni vosotros ni yo estaremos ya en este mundo. Así que, ¿por qué preocuparse? Que lo solucione mi nieto, que seguro que se llamará también Carlos.

-Lo malo es si para entonces seguirá habiendo mundo que salvar…



© MIKEL ZUZA VINIEGRA, 2017

lunes, 29 de mayo de 2017

URTEBETETZEA

Palacio de Olite, 29 de mayo de 1434

-Hoy alcanzas los trece años de edad, hijo mío: ya eres todo un hombre.

-Pues Blanca y Leonor dicen que no soy más que un crío bastante cargante, madre.

-¡No te importe lo que te digan esas dos habladoras, que ya les daré yo a tus hermanas motivos de los que preocuparse!

-Pero es que dicen también que padre no dejará nunca que yo os suceda en el trono de Navarra...

-¿Eso dicen? Algún botarate de los muchos que habitan en este castillo se lo habrá dicho entonces, que ellas son demasiado lelas para hilar tan fino.

-¿Tampoco vendrá este año, madre?

-Sabes perfectamente que las guerras en Castilla lo mantienen muy ocupado, y que sus ganancias serán algún día también las tuyas. Además, te ha enviado un arnés de justa muy bien bruñido, deberías estar contento.

-¡Pero es que yo preferiría que él estuviese aquí, en vez de que me mandase un regalo! Además Blanca y Leonor me han dicho que vos le tuvisteis que recordar que se acercaba la fecha de mi cumpleaños...

-Así fue, ya ves que no te lo niego. Pero te repito que debes pensar que tu padre es un hombre de honor que lucha por el bien de todos nosotros. A mí también me gustaría que estuviese aquí, pero cuando te sientes en el trono -y no dudes que lo harás- entenderás que las labores de gobierno absorben muchas veces el tiempo que un rey debería dedicar a su familia.

-¡Pero el abuelo Carlos no era así, tú nos lo has contado muchas veces!

-No, desde luego que no era así, pero en ningún libro, ni siquiera en los de las Sagradas Escrituras se recoge sentencia alguna que indique que dos hombres hayan de ser exactamente iguales. Al contrario: cada uno dispone de su libre albedrío para cumplir los objetivos que se haya impuesto. Mi padre, don Carlos, los consiguió siempre por métodos pacíficos, el tuyo, don Juan, no sabe hacerlo más que por medio de la guerra.

-¡Pues cuando yo sea rey no quiero que haya guerra!

-Y ojalá puedas cumplir tu deseo, Carlos, porque no habrá mejor regalo que puedas hacer a Navarra. Pero mientras no alcances tan alta posición, tanto tú, como tus hermanas y yo misma debemos seguir la política del rey, sin elevar jamás queja alguna en contrario.

-¿Aunque vos seáis la reina propietaria?

-Aunque yo sea la reina propietaria, pues en el juramento regio que hice en la catedral de Pamplona antes de ser coronada, ya dejé claramente establecido que lo hacía "con licencia del rey don Juan, mi marido".

-¿Y si al final resulta que le importan más sus dominios en Castilla que todo el reino de Navarra?

-¡No insultes a tu padre, y sobre todo recuerda que sólo eres príncipe, y no profeta! Los sicilianos, que me dieron mucho trabajo para poder gobernarlos cuando fui su reina, tenían un dicho: "Chi sará, sará" - Lo que haya de ser, será. Llevas el mismo nombre de tu bisabuelo y de tu abuelo: te digo que serás rey de Navarra. Igual que lo fueron ellos. Y basta ya de cháchara, que como todos los años, para celebrar la fecha de tu nacimiento, has de ofrendar en Santa María y en San Pedro dos florines de oro. Y por el camino habrás de dar muchas monedas más menudas a quienes se habrán congregado esperando verte pasar para felicitarte. No les hagas esperar más, que bastante desgracia tienen. Déjales que te cuentes sus problemas, y si tu maestre limosnero puede solucionárselos, dale la orden sin dudarlo ni un instante. Y cuando vuelvas esta noche, aunque podrás disfrutar del convite preparado  para celebrar tu aniversario, no se te olvide luego escribir una carta a tu padre para agradecerle tu regalo...

-No pienso escribirle más. Nunca tiene tiempo para contestarme. ¡Que se quede en su querida Castilla y no vuelva más! A mí sólo me importa Navarra, y no pienso compartirla con nadie, ni siquiera con él.


-¿Qué decías Carlos? Ya  sabes que parece que he heredado la sordera de mi madre, doña Leonor, y no he oído lo que has susurrado...

-Decía que no os preocupéis, madre, que en cuanto regrese, escribirle será lo primero que haga...



Y FUE ESTO ESCRITO EL 29 DE MAYO DE 2017, 596 ANIVERSARIO DEL NACIMIENTO DEL PRÍNCIPE CARLOS DE VIANA.  




© MIKEL ZUZA VINIEGRA, 2017


viernes, 19 de mayo de 2017

IGUALICO IGUALICO...

Castillo de Tudela, 18 de mayo de 1235

-¡Teobaldo: que dicen que sin sello y sin señal completamente nuevos, no pueden coronaros rey de Navarra!

-¿Eh? ¿Y cómo es eso, Felipe? ¿No soy acaso el legítimo sucesor del rey Sancho por ser el hijo de su hermana Blanca?

-Bueno, recordad que en realidad vuestro tío había donado el reino al rey don Jaime de Aragón, y que hay muchos que le siguen viendo con mejores ojos que a vos...

-Poca o mucha, sólo por mis venas corre la sangre de mi abuelo Sancho el Sabio. Aunque sólo fuera por eso, ya deberían rendirme pleitesía sin exigencia alguna.

-Ya tendréis tiempo de conocer a vuestros nuevos súbditos, Sire. Pero por ahora os bastará con saber que mucho más que a aquellos bizantinos del Oriente lejano, les gusta a los navarros perder el tiempo en pejigueras que no llevan a parte alguna, más que a una rotunda perdida de tiempo. Es más, seguro estoy que habrá matemáticos en el futuro que han de estudiar el comportamiento de las gentes de esta tierra para establecer el mecanismo que rige las progresiones geométricas, porque tened en cuenta que si se juntan dos navarros, habrá siempre tres opiniones; si se juntan tres, defenderán cuatro posturas, y así sucesivamente hasta que muy probablemente acaben a palos o a espadazos.

-¿Y qué ocurre cuándo sólo hay un navarro?

-Pues que ya buscará la manera él solo de complicarse la vida a sí mismo, y también a los demás en cuanto le dejen. Es esta una ley inmutable.

-¿No sería mejor entonces habernos quedado en Champaña, mi buen Felipe?

-¡Eso se piensa antes, Teobaldo! Si os marcháis ahora, dirán en toda la Cristiandad que el conde de Champaña es un falso...

-¿Un qué?

-Un faux, un sans parole, un fainéant... Perdonadme, pero es que se me están pegando ya las sandeces de todos estos revoltosos.

-En fin, volviendo al asunto del sello y la señal: salid y dadles mi sello de conde de Champaña para que se aplaquen. Mirad que guapo y caballero que salgo en él... Y con el lema que mi propia madre escribió para mí: Passeavant le meilleur! ¡Adelante el mejor! Con eso seguro que tendrán más que bastante...

-Dicen que ni hablar, que lo quieren totalmente nuevo.

-¿Eh? ¿Y si los hago ahorcar a todos para que se acaben las exigencias y las discusiones?

-Sabia medida, sin duda, si fueseis vos un sátrapa asiático de esos de los que hablan los libros de los antiguos romanos. Pero como sois un rey moderno y preparado, será más adecuado que les deis lo que piden. Podéis por ejemplo recuperar el águila de vuestro tío don Sancho...

-¿Cómo? ¿Ese pájaro de mal agüero? ¡Ni hablar! ¿Habéis olvidado lo mal que me trató cuando vine yo a verle a Tudela? Casi me echa los perros para que me fuese. No quiero saber nada más de él ni de todo ese montón de cadenas que se trajo del sur. ¿Habráse visto necio semejante, que pudiendo elegir todo el botín del rey de los moros, sólo se trajo unas cadenas oxidadas? En Castilla y en Aragón todavía deben de estar partiéndose de la risa. Os juro que mi primer edicto como soberano ha de ser repartir todos esos eslabones por las cuatro esquinas del reino. ¡No quiero verlos más!

-Pues vos veréis que hacéis, pero sin sello nuevo, no os reconocen como rey.

-¿Y si les presento este hermoso dragón que sirve de cimera a mi yelmo? Siempre me han gustado los dragones, ya lo sabéis de sobra...

-El caso es que esto no es Gales, Teobaldo, y aquí los dragones no gozan de demasiado predicamento. Dicen que hubo alguno en Aralar, que es una montaña  muy alta de este reino, pero como hace tiempo que no da señales de vida, la gente lo ha olvidado. No. Tiene que ser otra cosa, y tenéis que pensarlo rápidamente, porque si cuando salgamos de esta estancia no tenemos modelo nuevo  que mostrarles, ya podéis ir despidiéndoos de la corona...

-Pues no sé... ¿Qué tal dos espadas cruzadas?

-Un poco hortera, ¿no os parece? Parecería vuestro sello el emblema de uno de esos grupos de juglares melenudos que gritan más que cantan por esos caminos de Dios...

-¿Y un caliz dorado y con mucha pedrería?

-¿Para que os llamen el rey de copas? Pensaba que un poeta tendría más imaginación, mi señor Teobaldo...

-Y la tengo, la tengo: ¡para hacerlos ahorcar a todos y acabar con este tormento!

-Ya os he dicho que eso resulta, al menos de momento, completamente desaconsejable. Veamos que hay en esta sala que pueda servirnos de inspiración: Botellas de vino, un jabalí recién asado... No, demasiado rústico y vulgar. ¿Qué tal un libro de vuestros versos?

-¿Un libro  como emblema de un país? Rompedora propuesta, y también halagadora, pero pensad por un momento como lo hacen los navarros. Dirían unos: ¿Y qué libro será ese? Ah, sí: será la Biblia. Pero otros dirán: prudente rey, que ha escogido el Fuero General como símbolo. Y los que defienden la Biblia dirán que eso es imposible, que las leyes de Dios van delante de las de los hombres. Y los que defienden el Fuero dirán que ya va siendo hora de acabar con el oscurantismo. Y ya estará liada otra vez. No... Tiene que ser algo más complicado de interpretar, que los deje dubitativos y sin ganas de mostrar su ignorancia. Veamos... ¡Lo  tengo! ¿Qué os parece esto, Felipe?

Este alquerque de doce no se halla en Navarra, pero sí que pueden
verse aún dos de nueve en el pórtico de San Esteban de Eusa
-¿Cómo: un alquerque de doce? Pero entonces dirán que sois un "tahur del Olaz txipi", que es donde vuestro tío tenía un hermoso palacio...

-¿Qué van a decir, si ellos no sabrán qué es esto, y nosotros tampoco se lo vamos a explicar? Inventaremos cualquier milonga: que es un nudo celta, o que lo talló Túbal cuando anduvo por estos pagos, por ejemplo, que es lo que dicen siempre los cronistas cuando no saben qué más inventar.

-La verdad es que el diseño no es feo, porque parece también la bloca de un escudo. Eso calmará a los nobles, siempre tan fatuos. Y además es muy sencillo de dibujar: un cuadrado con dos cruces cruzadas en su interior. Quizás un poco soso...

-¿Y si le ponemos unos morabetines de oro en cada cruce? Creo que mi tío tiene ánforas llenas de ellos en los sótanos de este castillo.

-¡Eso es! Y en el medio una joya, para darle más empaque.

-¿Qué os parece esta esmeralda, que llevo siempre conmigo para no olvidar el color de los ojos de mi amada?

-Vale, pero a ellos les diremos que es la esmeralda que llevaba en su turbante Miramamolín el Verde el día de aquella batalla famosa  de vuestro tío.

-Tampoco os falta imaginación a vos, Felipe...

-Mejor, porque combinar la de ambos es la que nos hará falta para salir con bien de este enredo. Esperad que haga un bosquejo rápido en este pergamino, y acompañadme afuera, que si Dios quiere, acabáis de crear las armas de este reino. Que sea para bien.

-¡Oid bien todos! ¡Aquesta es la voluntad del rey Teobaldo I, legítimo señor mío y vuestro!

-¡Nuestro no lo es aún, hasta que no jure el Fuero!

-¿Pero cómo va a jurar el Fuero ese que decís, si todavía no ha sido compilado?

-¡Ese no es asunto nuestro! Compiladlo vosotros, y ya veremos luego si le damos nuestra aprobación.

-¡Pues yo creo que un reino sin leyes es mucho más divertido! Si los caballeros no podemos hacer ya lo que nos dé la gana, llegará el aburrimiento y el hastío. Digo más: ¡Viva el mal, y viva el Capital!

-Disculpad al señor de Avería, Sire. Sin duda todos estaremos de acuerdo en castigar su atrevimiento como merece.

-¡Todos no! Primero habrá de juntarse una comisión que estudie su caso. Podrá apelar luego al Consejo Real, y finalmente, será don Teobaldo quien dicte sentencia.

-¡Será don Teobaldo quien la dicte, si previamente ha jurado el Fuero, claro está! Si no, nosotros no acataremos su sentencia.

¡¡¡¡Basta!!! Si no os calláis todos de una vez, sabréis de veras quién soy yo: vuestro rey, Teobaldo I de Champaña. el hijo de la condesa Blanca, el nieto de Sancho el Sabio, y aquél que tiene unas ganas cada vez más grandes de ahorcaros a todos. Me habéis exigido un sello nuevo, despreciando el mío propio, donde por cierto aparezco tan galano, y aquí lo tenéis. ¿Qué os parece?

-¿Y qué representa? Parece una bloca de escudo.

-Decís bien, lo parece. Lo  cual no quiere decir que lo sea...

-¿Son acaso unos trozos de las cadenas que trajo vuestro tío?

-Muy bien pudieran serlo, efectivamente...

-¿Y por qué esas monedas y esa esmeralda?

-No faltarán nunca sabios que os lo expliquen...

-¿Pero qué diremos que es cuando no los pregunten desde otras cortes?

-Decid simplemente que esta es la voluntad de vuestro rey Teobaldo.

-¡Pues a mí me parecen las cadenas!

-¡Pues a mí una bloca!

-¡Pues a mí un alquerque de doce!

-¿Eh? Sin duda mi edecán Felipe de Nanteuil ha debido beber más de la cuenta de ese vinillo de Peralta que hay en las bodegas. ¿Cómo puede pensar que un rey vaya a elegir un juego para representarle a él y a su país?

-¿Estáis diciendo, don Teobaldo, que es por eso que el fondo del escudo es rojo? ¿Por el vino de Peralta? Buena elección, pardiez...

-Pues no lo había pensado, la verdad...

-¡Pues  entonces nosotros exigimos que sea el fondo verde, como las alcachofas de Tudela!

-¡Y nosotros que sea el fondo blanco, como los espárragos de Puente la Reina!

-¿Pero a qué condenada tierra me he venido yo a reinar? ¿Es que habréis de discutir siempre por todo?

-¡Mientras no juréis el Fuero, por supuesto que sí!

-¡Y cuando lo hayáis jurado también! Ahora mismo vamos a organizar una nutrida manifestación que discurrirá entre la plaza de San Jaime y la puerta del Juicio para defender el fondo alcachófico y verde de vuestra bandera.

-¡Pues nosotros convocamos otra en este instante para ensalzar  el color blanco esparraguino!

-¿Sabéis por dónde podéis meteros esos espárragos?

-¿Por el mismo sitio que vuestras alcachofas, quizás?

-¡A mí, los del color verde!

-¡A mí los del color blanco!

-¡Hala, ya está liada otra vez! ¿Qué hacemos, Sire, los encerramos a todos en las mazmorras?

-¿Encerrarlos dices, Felipe? ¡Ni pensarlo! Déjales que se den todo lo que quieran, y vámonos tú y yo a compilar ese Fuero de una vez, antes de que me arrepienta y salga a uña de caballo hacia Champaña para no regresar nunca más a esta tierra de locos.

-Bien dicho, mi señor Teobaldo, que estoy seguro que con tantas y tan pulidas leyes prosperará mucho este reino, y no tendrán ya sentido más discusiones por banderas ni otras melonadas similares.

-Ya me gustaría a mí poder mirar por un agujero lo que pasa aquí dentro de, por ejemplo, 782 años justos,mi buen Felipe. Seguro que siguen igual.

-Me permito recordaros que entonces el vinillo de Peralta también seguirá igual de bueno...

-¡Schhhhh! ¡Que no os oigan, que vuelven a empezar...!


© MIKEL ZUZA VINIEGRA, 2017

miércoles, 10 de mayo de 2017

LOS DRAGONES DE TIEBAS VUELVEN A VOLAR

El próximo sábado, 20 de mayo, ocho hermosos dragones provenientes de Champaña volverán a ver la luz en el Museo de Navarra, donde formarán parte de la colección permanente con todo honor y merecimiento, pues fueron encargados por el rey Teobaldo II para que decorasen el suelo de la sala principal del palacio que había decidido construir ex novo en el centro de su reino, harto de tener que mendigar al obispo alojamiento en la capital, dividida siempre por las rencillas de los tres burgos. Un lugar al que para que no cupiesen dudas, dio además su propio nombre, la denominación por antonomasia de los príncipes más famosos de su dinastía: Thiebault – Thiebes – Teobaldo - Tiebas – la "ciudad" de los Teobaldos.  

Ahora, al fin, de las ilustres ruinas de lo que debió ser uno de los palacios más hermosos de la Cristiandad, levantado a imagen y semejanza de los del Louvre en París, y que fue quemado y arrasado al menos en las guerras de 1378, 1521 y 1833, emergen milagrosamente estas cuatro parejas de criaturas aladas, nacidas con toda probabilidad hacia 1260 en Reims, de donde llegarían a Navarra, si no volando, sí en carreta muy bien preparada para que no sufrieran daño ni menoscabo alguno en tan largo viaje.

Dejaron allí muchos primos y parientes, algunos de los cuales todavía se conservan, lo que nos permite afirmar que aquellos son mucho más feos que los nuestros, y que Teobaldo II tuvo muy buen ojo al elegir maestro ceramista.

Fueron redescubiertos por el Gabinete de Arqueología e Historia Navark, con su director Mikel Ramos Aguirre al frente, en la campaña del año 2009 (ver el informe de excavación en este enlace), y desde entonces han permanecido custodiados en el almacén arqueológico del Gobierno de Navarra, de donde, como digo, saldrán a surcar de nuevo los cielos navarros la próxima semana.

Desde que tengo yo recuerdo, siendo muy niño, me han gustado los dragones, así que muchas veces han salido ya en mis crónicas, sobre todo estos con perilla que forman círculo en Tiebas, que parecen todos iguales pero que son distintos, pues cada pareja tiene distinta expresión y tamaño.

Y precisamente buscando explicación a este fenómeno, creo haber dado con el origen literario de forma tan curiosa de representar a estas ocho amables y hermosas bestias, que a partir de ahora vuelven a formar parte de nuestro patrimonio histórico-artístico. Gracias eternas le sean dadas al rey Teobaldo II por ello.

A ver qué os parece mi teoría… 



“Deberíamos recordar
la BATALLA DE LOS DOS DRAGONES
de la que nos habla el Libro de los Bretones;
Porque si ellos hicieron pedazos el castillo,
ahora es nuestra época la que va a derrumbarse,
si Dios no pone fin al conflicto.
Habrá que recurrir a la sabiduría del mago Merlín
para poder adivinar el futuro.
Pero el Anticristo va a llegar, no lo dudéis,
gracias a la malicia del diablo”.

Es la estrofa cuarta de la chanson de Teobaldo I el Trovador "Dios es como el pelicano".

Hace referencia a la "Historia de los reyes de Britannia", de Geofrey de Monmouth, que en 1138 sentó las bases del mito artúrico, que tanto éxito alcanzaría en los siglos posteriores.

En ella se cuenta como el traidor Vortigern, rey de los bretones, que, aunque gobernaba aliado con los sajones desconfiaba de ellos, ordenó construir un fuerte castillo para protegerse. Pero todo lo que se levantaba por el día, se derrumbaba por la noche. Por fin, sus druidas le aconsejan que para evitarlo riegue los cimientos con la sangre de un niño que no tenga padre. Ese niño es Merlín, que cuando está ya a punto de ser ejecutado, revela a todos que el castillo se viene a tierra cada noche porque lo estaban queriendo construir sobre un lago subterráneo. Cuando excavan y ven que el niño tenía razón, éste sigue diciéndoles:

 "Vaciad el estanque y veréis en el fondo dos piedras huecas, y dentro de ellas, DOS DRAGONES durmiendo"

Entonces Vortigern y sus druidas vieron que Merlín seguía contándoles la verdad, pues una vez vaciado el estanque, se levantaron temibles los DOS DRAGONES, uno blanco y otro rojo, entablándose un feroz combate entre ambos, pues echaban abundante fuego por sus monstruosas fauces abiertas.

Así interpretó Merlín el significado de aquella lucha: el dragón rojo representaba a los bretones, y el blanco a los sajones, que, aunque de momento habían sido vencidos, no tardarían en derrotar definitivamente a los bretones.


Hablando ya concretamente de las baldosas recién restauradas de Tiebas, creo que el significado de esas parejas de dragones afrontados puede venir perfectamente de esos versos de Teobaldo I. Más aun si tenemos en cuenta que muestran a dos dragones claramente distintos, con diferencias reseñables en su expresión (uno sonriente y otro serio), su tamaño (el de la derecha siempre es más grande que el de la izquierda) y su morfología (por ejemplo, el de la derecha tiene cola de sierra y el de la izquierda no). Todas esas diferencias equivaldrían al distinto color de cada dragón de la que nos habla la profecía de Merlín.



Esta hipótesis mía abre además varias perspectivas:

1. Esos círculos de dragones encargados por Teobaldo II para su palacio de Tiebas se convertirían de este modo en un homenaje a su padre y antecesor en el trono de Navarra, Teobaldo I el Trovador. Esto no sería nada extraño en el entorno champañés del que ambos -y también- las baldosas provenían, pues ya el monje de Saint Dennis que en 1274 (las baldosas de Tiebas se datarían hacia 1260) redactó las Grandes Crónicas de Francia, dejó escrito que:

“…Pero cuando Teobaldo comprendió que ella era una dama tan importante, de tan buena e irreprochable vida, que no cabía albergar esperanza alguna, sus dulces pensamientos amorosos trocaron en gran tristeza. Y como profundos pensamientos engendran siempre melancolía, le fue aconsejado por algunos hombres sabios que compusiese hermosos sones de viola y dulces y deleitables cantos. Así lo hizo, y junto con Gace Brulé, creó las más bellas y melodiosas canciones que jamás fuesen escuchadas para ser tocadas con viola.
Y LAS HIZO ESCRIBIR SOBRE LOS MUROS DE LA GRAN SALA DE SU PALACIO DE PROVINS, Y TAMBIÉN EN LA DE SU PALACIO DE TROYES.
Y son conocidas como las canciones del rey de Navarra, pues por la muerte de su tío, había heredado aquel reino”. 

Su hijo vivía entre esos mismos muros y estaría orgulloso de la obra poética de su padre, así que nada se opone a pensar que pudo intentar repetir una decoración similar en Tiebas.

Por qué Teobaldo II escogió este tema de los dragones concretamente, podría tener que ver tanto con sus propios gustos literarios personales como con el hecho de que la fábula de los dos dragones hable precisamente de la construcción de un castillo, justo lo que él mismo estaba haciendo en Tiebas.

Además, puede también que los Dragones jugaran un papel emblemático, que hoy se nos escapa, para su dinastía. De hecho, su padre aparece en una miniatura coetánea llevando un Dragón como cimera de su yelmo.


Pero resulta que no termina ahí la relación de los Champaña con los  dragones…

Veamos la nómina de los condes-reyes: Teobaldo I “el Trovador”, Teobaldo II, Enrique I “el Gordo”, Juana I y Luis I “el Hutín”. Éste fue el último que ostentó el título privativo de conde de Champaña, pues a su muerte, su hermano Felipe el Largo, que había usurpado ya la corona de Francia a la única hija de Luis, que a la sazón llegaría a ser Juana II de Navarra en 1328, usurpó también el condado de Champaña anexionándolo definitivamente a Francia.

Luis el Hutín, cuyo periplo de siete meses por Navarra, adonde acudió en 1307 exclusivamente para coronarse, ha salido ya también numerosas veces en mis crónicas, fue por tanto la última persona en poder denominarse con toda legitimidad como rey de Navarra y conde de Champaña, y este sello suyo para la ciudad de Pamplona (se conserva otro igual para la ciudad de Tudela) lo atestigua sin duda alguna:


¿Y quiénes guardan y soportan en él las armas dimidiadas de Navarra y de Champaña? Pues ya veis que, sea por casualidad o no (y yo no creo que lo sea, porque ningún otro rey de Navarra posterior, salvo Carlos II, precisamente el hijo de Juana II, la heredera robada por su tío Felipe el Largo, y también el último que reclamó que le fuera devuelto el condado de Champaña, incluye dragones en sus sellos, aunque en su caso sean tres y no dos) el último de los Navarra-Champaña se hace acompañar en su símbolo principal de autoridad por dos dragones como los que aparecen en las baldosas de Tiebas y en la cimera de su bisabuelo poeta.

Sí, si tuviese que apostar, desde luego que lo haría yo por la certeza de que estos animales fantásticos significaron algo muy especial para los Navarra-Champaña…   


2. La clara alusión al mito del rey Arturo tampoco puede sorprender demasiado en una familia que llevaba acogiendo escritores y poetas desde muchas décadas atrás, cuando la condesa de Champaña, Maria de Francia, abuela de Teobaldo I, patrocino a Chretien deTroyes, autor del archifamoso "Cuento del Grial", otro de los hitos más destacados del tema artúrico.

En sus poemas, el rey de Navarra presume evidentemente de sus conocimientos literarios, tanto de la materia de Roma (mitología grecorromana), de la materia de Francia (Roldan, Oliveros) y de la de Bretaña (Merlín), citándolos constantemente como ejemplos morales.

Estas baldosas de Tiebas vendrían así por tanto a reforzar el testimonio que el propio Fuero General de Navarra ofrece sobre el mito del rey Arturo, pues en las cronologías que lo anteceden (datadas hacia 1185), aparece por vez primera su nombre escrito a este lado del Pirineo. Esto es lo que puede leerse en ellas: "Era D. LXXX aynos fizo la bataylla el rey Artús con Modret Equibleno..."


3. Si admitimos que este círculo de los dragones se basa en unos versos de Teobaldo I, bien podemos pensar que el resto de los motivos también podrían estarlo.

Recordemos que además de decoraciones vegetales, aparecen en Tiebas pájaros enfrentados picoteando una espiga, y también lo que parecen ser unos anillos entrelazados, que es de esperar que alguna vez puedan ser también restaurados y expuestos como su calidad y su historia merecen.



De hecho, la primera y la última estrofa del mismo poema donde aparece la historia de los dragones, "Dios es como el pelicano", nos habla de pájaros:

"Dios es como el pelicano
que hace su nido en lo más alto del árbol;
y el PÁJARO MALVADO que viene desde abajo,
mata a las pequeñas crías, el muy inmundo."

"Dios nos permita servirle y amarle,
así como a Nuestra Señora, a la que no debemos olvidar,
y nos proteja por siempre
de los PÁJAROS MALVADOS que tienen veneno en sus picos."

Wallenskold, el principal editor de las canciones de Teobaldo, dice que no es nada habitual en los troveros de la época que se asigne al diablo el simbolismo del pájaro malvado, y que, en este caso concreto, y dado que el pelícano representa indudablemente la pasión de Cristo, Teobaldo habría resultado bastante original al contraponer a Dios y al Diablo en forma de pájaro bueno y pájaro malo. Y subraya que muy probablemente el pájaro que en la Edad Media denominaban pelícano no tiene nada que ver con el que hoy conocemos por tal, sino casi seguro con un ave que quienes escuchasen la canción conocerían por formar parte de la fauna habitual de su entorno.

También en otro de sus poemas más famosos, "Tanto canta el ruiseñor", aparece de nuevo la figura de un pájaro:

"Tanto canta EL RUISEÑOR
que cae de lo más alto del árbol;
Nadie vio jamás muerte tan bella,
ni tan dulce, ni tan agradable.

En cuanto al círculo que en Tiebas muestra lo que parecen ser unos anillos entrelazados, en otro poema del rey de Navarra, "Soy como el unicornio", Teobaldo nos dice:


"Señora, cuando estuve delante de vos,
y os vi por primera vez,
mi corazón palpitó de tal manera,
que quedó a vuestro lado cuando me fui.
Yo fui entonces apresado sin posibilidad de rescate,
cautivo en la dulce prisión
en la que los pilares están hechos de deseo,
las puertas de bellas miradas,
y LOS ANILLOS de buena esperanza".

En este caso resulta evidente que Teobaldo no se refiere a anillos-joya, sino a los eslabones de una cadena, es decir, a unas anillas como las empleadas en su época para elaborar también las cotas de malla. Y de hecho el dibujo de Tiebas recuerda poderosamente la manera de tejer ese instrumento defensivo, propio de los caballeros medievales.



Y esto es todo.Sólo me queda invitaros a que vayáis al Museo de Navarra a conocer a mis ocho dragones favoritos, que no son míos, sino que queriendo homenajear a su padre trovador, fueron primero del rey Teobaldo II y que ahora son ya nuestros. De todos y de todas, porque forman parte inalienable de nuestra Historia. 

¡A disfrutarlos!



©MIKEL ZUZA VINIEGRA, 2017

sábado, 29 de abril de 2017

LIBREROS

Rue des libraires, París, 29 de abril de 1404

-¡Espabila, Lucien, que el rey de Navarra está a punto de llegar!

-¿Seguro? Mira que hace dos semanas también anunció su visita, y luego estuvimos esperándole toda la mañana en vano...

-Pero eso fue porque su tío, el poderoso duque de Berry, lo invitó sorpresivamente a su palacio, ¿cómo iba a desairarlo por venir a vernos a nosotros, que somos unos simples comerciantes?

-¿Simples comerciantes? Ojo con lo que dices, Antoine, que aunque a ti te daría igual vender manzanas o paños de Ypres, yo soy un librero vocacional, y sé por tanto distinguir las joyas bibliográficas de la purria que sólo leen los descerebrados. 

-Descerebrados o no, muy poca gente sabe leer, así que pasamos vos y yo más hambre que le chien de Imén-Asà. Sobre todo desde que ese maldito conde de Foix se negó a comprarnos el libro de horas que le habíamos preparado con tanto mimo ¡En mala hora encargamos su realización a los maestros miniaturistas de Bruselas!

-Se lo encargamos a ellos porque son los mejores en su oficio. Igual que nosotros en el nuestro, que te repito que es vender joyas bibliográficas.

-Ya, pero tú me dirás qué vamos a hacer con un libro que en cada una de sus páginas tiene pintadas las armas del conde de Foix, si resulta que éste no lo quiere porque le parece demasiado caro...

-¡Burro! No es lo que vamos a hacer, sino lo que yo ya he hecho para asegurar tu fortuna y la mía. Dices bien: el problema principal son esos condenados escudos de Foix, así que hace dos semanas, cuando el rey Carlos excusó su visita, encargué a nuestro amigo Zebo da Firenze que los raspase con mucho cuidado y pintase por encima las armas de Navarra.

LOS 4 EVANGELISTAS, EN EL LIBRO DE HORAS DE CARLOS III EL NOBLE
HACIA 1404 - MAESTRO DE BRUSELAS Y ZEBO DE FIRENZE
MUSEO DE CLEVELAND (OHIO) 
-¿Hoja por hoja? ¡Nos cobrará una barbaridad!

-¡Ni una décima parte de lo que  nosotros vamos a sacarle a nuestro regjo cliente, estúpido!

-¿Pero qué seguridad tienes de que don Carlos comprará finalmente el libro?

-La que me da el conocerle y haberle vendido en otras ocasiones obras y volúmenes que fueron muy de su agrado.

-¿Cómo cuáles?


-Le gustan los armoriales, y en general cualquier libro en el que salgan escudos muy bien miniados. Ama también las historias de las materias de Bretaña y Francia, pues él mismo se tiene por descendiente del Carlomagno. En su anterior estancia en la corte le vendí por ejemplo un tratado científico muy hermoso que versaba sobre si el olifante de don Roland pudo oírse desde el Catay y el Cipango de los que habló Marco Polo, cuando el sobrino del emperador de los francos lo hizo sonar, allá en Roncesvalles. Incluso encargué a un paisano suyo, el bachiller Miguel de Zuza, que le escribiese "La Crónica de los Nueve Pares de la Fama y las Nueve Heroínas, con especial estudio de las armas de la reina amazona Hipólita", pero el muy infame cobró el adelanto que le dí, y tengo entendido que aún no ha escrito ni una letra, y va ya para tres años que le hice tan sencilla encomienda. Te digo que como me lo encuentre por ahí, le haré tragarse las obras completas de santo Tomás de Aquino...

-Precisamente el otro día lo vi yo entrando en el Colegio de Navarre. Iba en compañía de una hermosa dama de rubios cabellos.

-¿Y no les majaste las costillas?

-No me atreví, que son muy altos y muy bien parecidos los dos...

-¡Mequetrefe! Voy a pedir a su majestad que esté atento y que, si alguna vez ese bergante retorna a su país, lo haga apresar inmediatamente en la más profunda mazmorra de su castillo de Olite o de Pamplona hasta que termine el libro que nos tiene prometido. Se va a enterar ese holgazán...


-Sí,más nos vale que el buen Zebo da Firenze es mucho más trabajador. Me maravillo del trabajo que ha hecho en tan poco tiempo: ¡no se nota nada que las armas de Navarra no eran las originales!

-Eso es, y malo será que no le saquemos al rey de Navarra los dos mil florines que pienso pedirle por él.

-¡No bajes de mil seiscientos, que te conozco y sé cómo te ciegan los fastos monárquicos! Te dará uno de sus collares de hojas de castaño -que tienen menos plata que un dedal- y tú le rebajarás mil florines.

-Esta vez no hay rebaja posible, Antoine: él sabe de libros tanto como yo, y por lo tanto comprenderá perfectamente que lo que le exijo es lo justo, y que allá donde este libro se abra y consulte, por mucho tiempo que haya pasado, todos evocarán con alegría y admiración el buen gusto del rey Carlos III el Noble de Navarra. Y dime si no merece la pena pagar por tan honrosa posteridad...




©MIKEL ZUZA VINIEGRA, 2017