sábado, 15 de abril de 2017

ENTRE JUANAS ANDA EL REINO


El escritor y periodista lesakarra Eladio Esparza, publicó en 1950 una obrita histórica titulada "Hubo Pirineos o entre Juanas anda el reino", que venía a aumentar su producción literaria, siempre supeditada a su labor como editorialista en Diario de Navarra en los años de la posguerra civil. Esta faceta suya, caracterizada por un fuerte extremismo ideológico, hizo que Julio Caro Baroja, a la hora de hablar sobre él en la estupenda biografía que dedicó a su propia familia: "Los Baroja", comentase con mucha sorna -y también con mucha razón- que muchos le conocían más bien como "Elodio esparce" por sus incendiarios y siempre sesgados artículos.


El caso es que el título de ese librito suyo me ha venido a la cabeza ahora que la portada de Santa María de Olite luce como nueva tras su restauración. Y es que todo parece indicar  que una de esas Juanas que se disputaron el reino entre finales del siglo XIII y mediados del XIV aparece -sonriente y coqueta- en una de las arquivoltas. El estilo, relacionado con una de las puertas de Notre Dame de París, y la cronología, nos llevarían a asumir esa identificación.


Y es que Juana I de Navarra, condesa palatina de Champaña y de Bría, reina de Francia al fin por su casamiento con Felipe IV el Hermoso, tiene una importancia capital en nuestra  historia. Porque no sólo fue nuestra primera reina "propietaria", sino que además su asendereada trayectoria vital hace que la podamos considerar como nuestra verdadera "Helena de Troya". Porque sí: los ejércitos de varios países fueron a la guerra por esta princesa, aunque era tan pequeña que probablemente no se enteró de cuánta gente acabó muriendo por ella.


Y eso que en origen no contaba para nada, pues no estaba llamada más que a ser otra segundona en el siempre nutrido campo de las princesas casaderas. Pero hete aquí que en 1272 su hermano y heredero al trono, el infante Teobaldico, cayó de las almenas del castillo de Estella y fue a estrellarse en el duro suelo del claustro de san Pedro de la Rúa, donde en un pequeño sepulcro muchos afirman que espera la resurrección para emprender el vuelo justo al revés de cómo lo hizo la última vez. Es otra historia, la de este príncipe volador, que siempre me ha interesado mucho.

El caso es que de este modo quedó la princesa Juana como heredera única del trono navarro, y muy pronto las naciones vecinas (las de siempre: Francia, Castilla y Aragón) comenzaron a presionar para que uno de sus príncipes se casara con la niña (tenía sólo tres  años cuando murió su padre, el rey Enrique I el Gordo en 1274).

La reina madre, Blanca de Artois, vio tan comprometida la vida y la libertad de su hija, sobre todo por la invasión que Alfonso X (sí, el de las cantigas no sólo se dedicaba a la poesía) ordenó para hacerse con la niña, que ambas tuvieron que huir de Pamplona a uña de caballo y refugiarse en la corte de su primo, el rey Felipe III el Atrevido de Francia, quien por supuesto no tardó en concertar el matrimonio de Juana con su primogénito, Felipe. La más que golosa dote fueron los territorios de Navarra y de Champaña. Eso ocurrió en 1275, y apenas un año más tarde, esa fuga tuvo como consecuencia que el ejército francés entrase también en Navarra con tal poder, que los castellanos se retiraron inmediatamente, dejando a sus aliados del burgo de la Navarrería completamente a merced de los franceses. El poeta Anelier lo contó, y muy bien además.

Es lo que se conoce como "Guerra de la Navarrería", en la que ese barrio quedó completamente arrasado, pues sus habitantes fueron asesinados prácticamente en su totalidad. También se perdieron muchos tesoros artísticos sobre los que ya sólo podemos soñar, porque el ataque principal se produjo sobre la catedral románica, donde se había refugiado la población autóctona pensando que un ejército de cristianos respetaría el sagrado recinto. Naturalmente se equivocaron y todos y todas fueron pasados a cuchillo sin el menor remordimiento. Entre esos tesoros citados que se perdieron, los más destacados fueron las estelas funerarias de cobre dorado y esmalte de Teobaldo I y de Enrique I, que la soldadesca destrozó al pensar que estaban fabricadas en oro. Entre los que milagrosamente se salvaron, y todavía podemos disfrutar, estarían la imagen titular de la propia catedral: Santa María la Real (aquella ante la que debían jurar los reyes de Navarra para llegar a serlo), que se sabe además que los canónigos sacaron en procesión frente al ejército invasor para ver si se conmovían, y también el maravilloso relicario del Santo Sepulcro, regalado pocos años antes por San Luis de Francia.

Muchas veces he imaginado yo por dónde pudieron sacar los canónigos esas dos joyas, y es una de esas crónicas irreales que siempre tengo pendiente de escribir. Ya le llegará su turno, y entonces destacaré lo mismo que quiero expresar ahora: que como tantas veces a lo largo de nuestra historia, en aquel lejano y triste año de 1276, Aragón, Francia y Castilla pusieron la fuerza, y Navarra exclusivamente los muertos. Todos los muertos. Como nunca hemos aprendido de nuestros errores, así nos ha ido, y probablemente así nos va. Precisamente por esa misma época el gran Dante Alighieri dejó escrito sobre nuestra vapuleada tierra: "Y feliz Navarra, si se protegiese con los montes que la rodean". Y desde luego yo no creo que su diagnóstico haya variado demasiado en estos siete siglos posteriores...

Pero volvamos a esa niña por la que todos se lanzaron a matar y a morir, y que como os decía acabaron casando con el heredero de la corona francesa. Este futuro Felipe IV, hoy es sobre  todo recordado por haber sido el rey que ordenó la persecución y eliminación de los Templarios, a los que acusó de sodomitas y herejes con el único fin de hacerse con sus pingües rentas económicas. La leyenda dice que como castigo a tan innoble proceder, los tres hijos de Juana y Felipe: Luis el Hutín, Felipe el Luengo y Carlos el Calvo fueron sucediéndose en el trono francés sin tener herederos legítimos,propiciando así el fin de la dinastía de los Capeto. Quedó una hermana de los tres pasaportados: Isabel, casada con Eduardo II de Inglaterra, y a través de la cual nacieron los motivos que dieron inicio a la guerra de los cien años, que arruinó Francia durante todo ese tiempo. Pero es que el último maestre del Temple, el completamente inocente Jacques de Molay, sabía desde luego como echar una maldición...

Aún así, que conste que quien debió ascender al trono francés a la muerte del último de los Capeto fue Juana II de Navarra, que naturalmente no es la misma Juana de la que estamos hablando hasta ahora. Para impedirlo, los franceses se sacaron de la manga la Ley Sálica, que impedía reinar a las mujeres en el país vecino. Como en el nuestro eso afortunadamente no ocurría, esta segunda Juana tuvo que conformarse con el trono de Pamplona, y su hijo, el futuro Carlos II, también.

Retomando  el hilo, Juana I era muy niña como para enterarse del conflicto de la Navarrería, pero como puede que su aterrorizada madre le hablase de lo belicoso de nuestro carácter, y de ese dicho que tan exáctamente nos define, asegurando que donde haya dos navarros habrá -al menos- tres opiniones, ya asentada en el trono de París decidió abrir una institución de enseñanza en aquella hermosa ciudad, a la que naturalmente dio el nombre de "Colegio de Navarra", buscando sin duda ofrecer a sus paisanos la oportunidad de desasnarse y de resolver sus pendencias mediante el intelecto y no mediante los pedruscos de 50 kilos arrojados contra la recién redescubierta torre de la Galea, que era como acostumbraban a hacerlo habitualmente. Resulta evidente que no tuvo demasiado éxito en sus pretensiones. Tal vez si en vez de un colegio hubiese montado una taberna...

JUANA I DE NAVARRA, PROVENIENTE
SUPUESTAMENTE DEL COLEGIO DE NAVARRA 

EN PARÍS - DATADA HACIA 1310 - 82 CM.  
El caso es que en la fachada de dicho colegio hizo representar a su marido Felipe y a ella misma, llevando en las manos la "maqueta" del edificio que acababa de fundar. Desafortunadamente la construcción sufrió lo suyo durante la Revolución Francesa, y fue definitivamente demolida en 1842. Se pensaba que esas efigies de los soberanos habían desaparecido, pero al preparar una de sus estupendas conferencias sobre la restauración ya mencionada de la portada de Santa María de Olite, la profesora Clara Fernández-Ladreda cree haber encontrado la de la reina en el Bode Museum de Berlín. Sin embargo Manuel Sagastibelza fue el primero en darse cuenta, en julio de 2015, de que en el catálogo de la exposición "D'or et d'ivoire" que se celebró aquel año en el Louvre, ya aparecía esta representación de Juana I. En cualquier caso sería una noticia histórico-artística sensacional, porque se conservan muy escasos ejemplos de efigies de reyes o reinas de Navarra, fuera de las puramente funerarias.






Sin embargo, comparando la fotografía con los dibujos que el gran Gaignieres realizó en el siglo XVIII, y gracias a los cuales podemos hacernos una idea de todo el arte medieval que se perdió en Francia durante la Revolución, creo que esta talla no es la de Juana I de Navarra y Francia (al menos no la que estaba en la fachada del Colegio de Navarra), por más que como tal la tengan catalogada los alemanes. Abundando en esta impresión mía, si observamos los dibujos que quedan de la fachada del Colegio de Navarra, veremos que las dos estatuas eran de buen tamaño, cosa lógica para que pudieran ser fácilmente contempladas desde abajo, mientras que la talla redescubierta apenas mide 82 centímetros, un tamaño que, a mi juicio, la relaciona mucho más con las pequeñas y preciosas estatuillas de princesas de la dinastia de Evreux-Navarra que aún se conservan en la chapelle de Navarre de Notre Dame de Mantes, que con la fundadora del Colegio de Navarra.

DIBUJO DE GAIGNIERES DE LA ESTATUA DE JUANA I DE NAVARRA
EN LA FACHADA DEL COLEGIO DE NAVARRA EN PARÍS


COLEGIO DE NAVARRA EN PARÍS, HACIA 1750
PRINCESA EVREUX-NAVARRA
CHAPELLE DE NAVARRE
MANTES LA JOLIE
HACIA MITAD DEL SIGLO XIV
Aún así es hermoso recuperar un testimonio del pasado tan significativo como esta imagen que pasa por ser la de Juana I de Navarra, aquella mujer que quiso poner la inteligencia por delante de  la efusión de sangre, algo siempre muy complicado de llevar a cabo. Y en Navarra todavía más. Pero desde luego yo se lo agradezco igual.





© MIKEL ZUZA VINIEGRA, 2017

sábado, 25 de marzo de 2017

CARPINTEREANDO

Patio de la pajarera, palacio real de Olite, 25 de marzo de 1429


-¡Ya estoy harto de este estruendo que no cesa ni de día ni de noche! En Castilla hace tiempo que todos estos pájaros estarían listos para ser asados a la parrilla. Y si no fuera por la escena que seguro me prepararía mi mujer, a fe que ya estarían todos en mi plato...

-Pero mi señor don Juan, recordad que vos sólo sois el rey consorte, y que ella es la reina propietaria, No queráis darle otro disgusto más pensando en llevar a cabo esa locura que decís.

-¿Y a vos qué os importa lo que yo haga o deje de hacer? Lo que ocurre es que sin esta plaga de alas, picos y patas, perderíais vuestro bien remunerado puesto de pajarero mayor del palacio, que os otorgó el bobo de mi hijo porque -él sí- tiene siempre la cabeza a pájaros. ¿Y total, para qué? Si aún fuesen águilas, tagormas o neblíes las aves que custodiáis en este rincón, todavía podría entenderlo. Pero de eso se ocupan gentes más capaces que vos, que no tiemblan ante la sangre, ni con la carne desgarrada por las rapaces. Recordad esta lección de política aplicada, majadero: siempre habrá halcones y palomas. Yo soy indudablemente de los primeros, y mi hijo Carlos ya voy comprobando que su madre lo está convirtiendo en representante máximo de las segundas. No le arriendo la ganancia...

-Mejor recordad vos los santos evangelios sobre los que jurasteis mejorar y no empeorar la condición de los navarros: "Mirad las aves del Cielo, que no siembran, ni siegan, ni recogen semillas en graneros, y sin embargo nuestro Padre celestial las alimenta".

-Esa es otra, gracias por recordarmelo: ¿quién paga todo el grano que comen estas inmundas bestias? Yo, ¿no es cierto?

-No es cierto: es vuestra esposa Blanca quién lo  hace.

-Pues id entonces a pedirle vuestro finiquito, porque no quiero veros más por aquí. Y marchad tranquilo, que ya me encargaré yo personalmente de que todos estos alados gorrones  acaben en la barriga de mis guardias castellanos. Pero.... ¿qué hace este bicharraco? ¡¡¡Quitádmelo de encima!!! ¡¡¡Quitádmelo!!!

-Imposible, señor: ved que es un hermosísimo pájaro carpintero, que demasiado bien ha comprendido que vuestra cabeza está hecha del más apetecible de los alcornoques. ¡Y escuchad como resuena a hueco cada vez que os picotea en ella! Además, vos, que sois tan observante de la etiqueta, entenderéis perfectamente que no pueda hacer yo nada para evitaros el daño, pues estaréis comprobando que su plumaje es precisamente rojo, blanco y azul: los colores emblemáticos de los reyes de Navarra, y por lo tanto de mi señora doña Blanca y de mi señor el príncipe don Carlos. ¿Cómo habría yo entonces oponerme a su ataque? Llamad a esas águilas, tagormas y neblíes que decíais antes, a ver si ellas pueden con él. Mientras tanto disculparéis que yo obedezca escrupulosamente vuestra última orden y corra a refugiarme a galope tendido en mi pueblo, donde os aguardaré encantado, si acaso queréis que solucionemos nuestro problema persona. Recordad, señor: me llamo Walter, y soy de Lantz. Así que es a Walter Lantz a quien podéis enviar vuestra carta de desafío. Y una última cosa: si el príncipe me llega a contar que habéis tocado la pluma de uno solo de estos pájaros, les daré de comer vuestros ojos. Y tened en cuenta que los de Lantz no amenazamos en vano, sino que cumplimos siempre lo que nos proponemos. Preguntad si no a mi gran amigo Miel Otxin...










© MIKEL ZUZA VINIEGRA, 2017

sábado, 4 de marzo de 2017

COMICS Y TEBEOS

Castillo de Tudela, 4 de marzo de 1198

-Fernando, ¿has ido ya al kiosko como te ordené?

-Hubiera ido yo de mil amores, Sancho, si hubiese sabido qué cosa es un kiosko, claro está.

-¡Qué lástima vivir en una época tan atrasada! Te digo que habrá un día en que baste con ir al kiosko para saber cómo termina nuestra historieta favorita, sin tener que esperar una eternidad, como ahora me acontece con el libro de Job, Hace ya cuatro meses que nuestro canciller publicó el libro de Esther, y en buena lógica ya tenía que haber editado el mentado libro de Job, pero pasan los días y no puedo más que releer una y mil veces lo que ya ha entregado.

-Quizás si soltases más sanchetes, don Ferrando Pérez de Funes podría contratar ayudantes para dar un impulso a su magna obra.

-¿Has dicho a su Manga obra? ¡No quiero saber yo nada de esos dibujos provenientes del Cipango!

-A ver si tu altura y tu sordera están en franca relación, hermano, porque lo que he dicho es su magna obra. Magna, repito. Y reitero también la necesidad de que aflojes tu nutrida bolsa de los dineros, porque el canciller tiene ya elaborada una lista de ayudantes que muy bien podrían convertir nuestra Biblia en la más hermosa jamás realizada, mucho más importante que todos esos Beatos tan antiguos.

-¿Y qué nombres son esos? Mira que los sanchetes no crecen en las copas de los árboles, y mucho menos desde que ordené retirar yo el árbol crucífero de mis acuñaciones. ¿Te he contado ya porque escogí la media luna y la estrella para sustituir ese enramado emblema?

-¡Por Dios, tu historia en Chipre otra vez, no!

-¡Allí te hubiese querido yo ver a ti, mequetrefe! Ricardo y yo pusimos en fuga al malvado Comneno que había raptado a nuestra hermana, y era de ver que jaculatorias y trisagiones en griego nos cantó para evitar que le cortásemos en rodajas, que es lo que se merecía...

-Vale, deja ya de irte por los cerros de Limassol y atiende a la selección de iluminadores que ha hecho don Ferrando. Por ejemplo, de Flandes ha contactado con el señor de Hergé y con el señor de Jacobs...


-Los conozco a ambos. Buenos elementos. El señor de Hergé me pidió permiso para retratarme y utilizar mi semblante para narrar las aventuras de un capitán, creo que se llamaba de Hadoque, porque dijo que mi carácter era el apropiado. ¡Y no sé por qué dijo tal cosa, truenos y rayos! El de Jacobs me presentó en Loches a dos lealísimos caballeros ingleses: el señor de Blake y el señor de Mortimer, con quienes tuve la fortuna de zurrar la badana a base de bien al conde de Tolosa. ¿Quién más quiere don Ferrando que contrate?


-Del otro lado del mar, el señor de Kirby y el señor de Foster. El primero es ya famoso por haber contado las hazañas del Capitán Bastárrica, un enmascarado famoso por emplear en sus combates sólo un escudo, y nunca una espada. El segundo te pidió permiso hace tiempo para utilizar tus historias chipriotas dibujando un Príncipe Valiente que sería sin duda tu alter ego, pero cabezota como siempre, no se lo quisiste dar.

-¡Es que me quería dibujar con unos pelos que parecía yo Crispín, el escudero zangolotino de ese Capitán Trueno que está todo el día retándome a participar en un torneo contra él. Y yo sólo quiero llevar el pelo más tan largo como los seguidores del Barón Rojo. ¿Te suena su última trova, Fernando?: "¡Barón, héroe de cuento, amo de las nubes, señor del viento...!"



-Ya veo, ya. Pero por Dios, deja de hacer como que tocas la mandolina y de mover tu pelo a diestra y a siniestra, que te tomarán por loco...


-Pues nuestro cuñado Ricardo siempre dice que el Heavy es religión...

-Si él lo dice, así será, pero volvamos a lo nuestro. ¿Pagarás a todos estos señores historietistas o no?

-¡No pienso hacerlo, que sería una gran lástima romper la unidad de estilo que va imponiendo a su obra don Ferrando! Lo que te pasa es que hace mucho tiempo que no pasas por su taller, pero la última vez que estuve yo pude contemplar muchas páginas dibujadas ya, adelantándose al plan original. Las que más me gustaron fueron la del crudelísimo desmembramiento de Santa Corona, empleando dos palmeras, que hay que ser bruto, y la de la multitud que espera que comience el Juicio Final. Y están ahí representados algunos amigos nuestros, y sin duda alguna el más guapos e inteligente. Basta simplemente con fijarse un poco...







©MIKEL ZUZA VINIEGRA, 2017

domingo, 12 de febrero de 2017

EN CAMINO

Castillo de Mont de Marsan (Gascuña), 12 de febrero de 1517

-Madre, ¿estáis segura de que os conviene permanecer en lo alto de esta torre,  a merced del helador viento de las montañas?

-¿Estás seguro de haber colocado mi silla mirando al sur, Enrique?

-Sí, justo en el mismo lugar desde donde tantas veces padre y vos misma me habéis enseñado el camino que lleva de vuelta a Navarra.

-Esa es una ruta que yo ya no podré emprender en vida, Enrique. A ti te corresponde recuperar lo que es tuyo por herencia y por derecho. Eres el príncipe de Viana, heredero de los Estados de Navarra y de Bearne. No lo olvides nunca. Naciste en Sangüesa, que es villa de las más importantes que hay en nuestro reino. Tus hermanos y hermanas nacieron también todos en él. Ellos y ellas te apoyarán para que cumplas el destino para el que naciste: Ana, Catalina, Juana, Quiteria, Buenaventura, Francisco, Carlos e Isabel. Sólo Martín, Andrés y Magdalena no podrán ayudarte. Los tres murieron. ¿Los recuerdas?

-A Andrés y Martín sí, madre. Murieron mientras intentábamos todos alcanzar el Bearne para no caer en manos del duque de Alba, el invasor enviado por Fernando de Aragón para invadir Navarra. Ni siquiera pudimos parar a enterrarlos como dos príncipes merecen, que tuvimos que seguir a uña de caballo mientras ordenábais que fuesen llevados a sepultar a Leyre, ese antiguo monasterio que tantas veces me  habéis contado que guarda los restos de los primeros reyes. A Magdalena, en cambio, no la llegué a conocer. 


© CÉSAR OROZ "¿POR QUÉ LO LLAMAN ANEXIÓN CUANDO QUIEREN DECIR CONQUISTA?"
-Era la niña más risueña que una madre haya parido nunca de sus entrañas, Enrique. Nunca la vi llorar, salvo cuando Isabel de Castilla exigió, como garantía de uno de aquellos chantajistas tratados con los que pugnaban por maniatarnos, que le fuese entregada como rehén. Las amenazas contra navarra en caso de negarnos eran tan fuertes, que tuvimos que ceder. Llevo su llanto clavado en mis oídos desde entonces, y veo la carroza en la que se alejaba de Pamplona cada vez que cierro los ojos. Nunca, a pesar de todas las veces que reclamamos que nos la devolvieran, volvimos a verla. Murió -o más bien la dejaron morir- en el castillo de la Mota. 
Ahora Isabel y Fernando están muertos también, y espero que Dios les haga pagar en el Infierno todo lo que nos hicieron. Así se lo pido yo todos los días mientras rezo. Así se lo he de volver a rogar muy pronto, en cuanto muera y esté por fin ante su presencia.

-No digáis eso, madre. ¿Qué haré yo si me faltáis también vos? No hace ni un año que murió mi padre, y sólo soy un niño...

-Pues si eres un niño, acuérdate de esos otros tres niños, tus hermanos, y también de cómo murieron. Haz acopio de fuerzas, busca aliados, los que sean, y cuando estés seguro de poder lograrlo, enfila por ese camino que lleva al sur, y haz que no haya localidad en Navarra, por pequeña que sea, que no grite "¡¡Enrique, Enrique!!", cuando vean que se aproximan nuestras banderas y estandartes. No puedo dejarte más herencia que la sangre que viene de aquellos primeros reyes que en Leyre custodian a tus hermanos. 
¿Me preguntas que qué harás? Decir a todos bien fuerte que eres el rey de Navarra, el lugar cumplido de todo bien que está al final de ese camino...


Y FUE ESCRITA ESTA HISTORIA EL DÍA 12 DE FEBRERO DE 2017, 5º CENTENARIO DE LA MUERTE DE LA REINA CATALINA I, ÚLTIMA REINA DE HECHO Y DE DERECHO DE LAS DOS NAVARRAS. 

EN MAYO DE 1521, EL SEÑOR DE ASPARROTS, EN NOMBRE DEL REY ENRIQUE II DE NAVARRA, RECUPERÓ EL REINO Y SU INDEPENDENCIA DURANTE UN MES. FUE LA ÚLTIMA VEZ. 
DURANTE LA REPRESIÓN POSTERIOR QUE LLEVARON A CABO LOS VENCEDORES DE LA BATALLA DE NOAIN, BIEN PAGADOS POR EL EMPERADOR CARLOS V, UNA DE LAS ACUSACIONES PRINCIPALES QUE SE HIZO A LOS Y LAS HABITANTES DE SANGÜESA Y DE MUCHAS OTRAS VILLAS Y LUGARES DE NAVARRA ES QUE HABÍAN SALIDO ALBOROZADOS A RECIBIR A LOS ENVIADOS DEL LEGÍTIMO REY AL GRITO DE "¡¡ENRICH, ENRICH!!"





© Mikel Zuza Viniegra, 2017

miércoles, 25 de enero de 2017

UNA NUEVA ESPERANZA


Ayer, alarmado ante la noticia de que el desquiciado proyecto urbanístico que supone levantar torres de hasta 17 alturas en el solar que dejará Salesianos seguía para adelante, escribí una crónica que era tanto un grito de socorro como un mensaje dentro de una botella arrojada al siempre agreste e ignoto mar de la burocracia administrativa.

El hecho es que no podía yo creer que el nuevo Ayuntamiento diera su visto bueno a semejante locura, porque de ninguna otra manera puede llamarse a lo que cualquiera que sienta un poco esta ciudad ve inmediatamente: esas torres supondrían la modificación criminal y perpetua del horizonte más conocido, pintado y fotografiado de Pamplona/Iruña.

Es evidente que hay gente a la que todo esto se la trae al pairo, y que no cambiarían diez mil paisajes por un sólo cubo de hormigón. Pero yo no escribo para ellos, sino para quienes aún guarden dentro de sí un mínimo de preocupación por no alterar gravemente el entorno del que disfrutan. Y si lo disfrutan es gracias a que otros antes que ellos  lo cuidaron para que pudiese llegar hasta nosotros. Lo cierto es que no concibo más que un mandamiento urbanístico: no perder el tiempo -ni el dinero- en arreglar lo que no está estropeado.

Y he de decir, vista la información sobre la rueda de prensa que sobre este asunto han dado hoy el alcalde Joseba Asirón y el concejal Joxe Abaurrea, que afortunadamente el Ayuntamiento del cambio no está de acuerdo con el proyecto de Salesianos tal y cómo lo dejó -pésimamente, comme d'habitude- planteado UPN, y sobre todo con que esas torres de Mordor se recorten contra el cielo furiosamente azul que, los días de verano, puede contemplar todo aquel que suba desde Burlada, pasee por la Magdalena o simplemente se detenga embobado a disfrutar desde cualquier rincón prácticamente de la misma panorámica que dejaron dibujada los diletantes viajeros dieciochescos. Y júzguese si eso es o no es un privilegio, cuando los adoradores del cemento no paran de llenarlo todo en derredor con sus feísimas ocurrencias.



Os pego el enlace a dicha rueda de prensa, porque ellos evidentemente se explican mucho mejor que yo, y también para que veais que nunca, jamás, conviene perder la esperanza. Jugaba yo ayer en mi crónica a hacer analogías con "La Guerra de las Galaxias", y veo que, casualmente, en la nueva numeración de la saga, la que los de mi generación tuvimos por primera parte es ahora considerada la cuarta, y que su título es "Una nueva esperanza".


Y eso justamente es lo que tengo yo: la esperanza de que las cosas no vuelvan nunca en Pamplona a hacerse como antes, cuando los árboles se talaban a las 4 de la madrugada, los mosáicos se tiraban, las termas romanas no tenían ningún interés, las tumbas orientadas hacia la Meca valían menos que los Renault Clío, y las murallas enormes que quizás sirvieron para proteger al Burgo de la Población, sólo servirían ahora para apagar el cigarro de quienes dejen su coche en el aparcamiento de la Plaza del Castillo.


Enlace a la rueda de prensa: 

PAMPLONA RECHAZA EL PLAN DE SALESIANOS Y PIDE REPLANTEARLO

Todo está ahora en manos del Gobierno de Navarra, que afortunadamente es también un nuevo Gobierno de Navarra. El anterior Gobierno, comandado por un UPN en minoría, fue quien comenzó todo este desaguisado utilizando la artera trampa legal del Plan de incidencia supramunicipal (PSIS), y para vergüenza nuestra, el Ayuntamiento de Pamplona, comandado por la voz de su ama, dejó que le arrebataran sus competencias para meter 55.000 metros construidos en una parcela que, por su ubicación y dimensiones sólo permitía 35.000 metros cuadrados. Y evidentemente esa es también la explicación a las torres de hasta 17 alturas, porque la única manera de hacerlo es mediante la construcción de torres donde quepan muchos pisos, cuanto más altas, mejor (mejor, no sé para quién, porque para Pamplona es meridianamente claro que no). Así que espero que el actual Gobierno de Navarra esté a la altura -nunca mejor dicho- y modifique el proyecto para que lo que se construya en esa parcela no supere las alturas medias del Ensanche, que es lo que se debió hacer desde un principio, si al frente de este proyecto hubiese habido gente que ama a la ciudad donde vive y no sólo se preocupa por su cuenta corriente.

Y no quiero terminar esta nueva crónica sin agradecer a Joseba Asirón que haya comentado lo siguiente a mi alegato de ayer: "Nadie dirá que este fue el alcalde que propició semejante desastre. Como mucho, dirán que este es el alcalde por encima del cual tuvieron que pasar para hacerlo".

Sé que todas las comparaciones son odiosas, y que ayer empleé un ejemplo concreto del emperador Carlos I, aunque me temo que ni a Joseba ni a mí es un personaje que nos atraiga lo más mínimo. Así que hoy (mucho más tranquilo que ayer) recordaré a otro rey con cuya actuación creo que estaremos los dos bastante más de acuerdo...


Pues resulta que, en 1475, en mitad de las luchas por la posesión de la corona castellana, la batalla crucial iba a darse en la localidad extremeña de Alcantara, famosa por su maravilloso puente romano. Ante la posibilidad de que los portugueses lo emplearan para cruzar por él, Fernando "el Católico" (qué raro), ordenó volarlo. Enterado el rey portugués, Alfonso V, envío un mensajero al campamento de Fernando para decirle que no se preocupase, que su ejército daría un rodeo para no pasar por el puente, "pues no quería el reino de Castilla si, para lograrlo, debía destruirse tan impresionante edificio". 

© MIKEL ZUZA, 2017






martes, 24 de enero de 2017

PANORAMA PARA MATAR


El pasado fin de semana el Diario de Noticias publicaba un artículo encabezado por los siguientes titulares:

El plan de Salesianos saldrá adelante si la subasta de suelo cubre el coste del traslado

El Gobierno no pagará a la congregación si no se cuadra la operación cifrada en 50 millones

El Ayuntamiento dará licencia a nueve torres de hasta 17 alturas

TORRES DE 17 ALTURAS SOBRE LA MEDIALUNA

De los tres, el que más me preocupa y me apena es el tercero. Tanto, que ha conseguido lo que hasta ahora no había logrado nada ni nadie en este blog mío: que alabe yo a Carlos I España y V de Alemanía, un personaje por el que no siento simpatía alguna, como sabe cualquiera que me haya leído alguna vez.

Si teníais la edad justa cuando se estrenó la Guerra de las Galaxias, seguro que también cualquier cosa que suene a Imperio o a Emperador os repelerá profundamente. Si al crecer leísteis además lo que quien nació en un retrete de Gante (actual Bélgica) cometió en Navarra, aún lo comprenderéis mejor. Pero lo cortés no quita lo valiente, como descubriréis -si tenéis paciencia- al final de esta indignada crónica mía.

Y digo indignada porque, en mi ingenuidad, pensaba que esa locura de las torres de 17 alturas sobre el talud de la Medialuna era un proyecto del anterior equipo de gobierno del Ayuntamiento pamplonés (ellos sí, toda una auténtica "Estrella de la Muerte" para el buen gusto, la historia y el arte de esta ciudad) que afortunadamente había quedado atrás. Y ahora me desayuno con que el actual equipo de Gobierno dará la correspondiente licencia para semejante desatino. Y de verdad que no me lo puedo creer.

EL HORROR MÁS ABSOLUTO QUE NOS AGUARDA

No entiendo la jerga legal que el artículo contiene. No sé si esto tiene o no tiene vuelta atrás. Me temo que no, que no la tiene. Al parecer las parcelas de Salesianos saldrán a subasta pública por 50 millones de euros, y si constructores, especuladores y demás adoradores del hormigón las compran, esas horrendas torres se alzarán sobre -y destruirán para siempre- el horizonte pamplonés.

Dicen que harán 400 viviendas para mangantes (perdón, se me han trastabillado las letras, quería decir magnates. Bueno, igual en esta ocasión sí que quería decir lo que he dicho). De esos que apuesto desde ahora mismo que presumirán ante sus amistades de poder ver los toros -el paisaje nunca suele importarles- desde su balcón, con la neverica portátil bien llena de vino y jamón. ¡Ysis'hundelmundoques'hunda!

Y esto, en una ciudad donde se calcula que hay unos 20.000 pisos vacíos. Poderoso caballero es don dinero...

Para aparentar, también dicen que habrá un Civivox. Magra ganancia es esa, indudablemente, para el destrozo irremediable y perpetuo que cometerán contra el paisaje histórico de Pamplona. ¡Ya está el canso contra cualquier cosa que signifique progreso! Pues sí: ya está el canso, pero no contra lo que algunos sacamantecas consideran progreso (cemento, hormigón y Calatravismo papanático y estúpido), sino contra lo que hace temblar sólo viéndolo sobre plano.

Y es que nada tendría yo que oponer a que estas torres se construyesen en Lezkairu, Ripagaña o donde quiera que pasen tan desapercibidas como el resto de las cúbicas o paralelepipédicas colmenas humanas donde todos vivimos. Pero donde están proyectadas, ominosamente dominantes sobre una de las panorámicas más bellas de Pamplona -que gracias a barrabases anteriores ya tiene demasiado de lo que arrepentirse, urbanísticamente hablando- lo que me sale de dentro es poner el grito en ese mismo cielo que ellos van a llenar de cubos de sopicaldo grises y neosoviéticos.

Ser bruto no me hace desde luego compartir la fe en el Brutalismo, el único mandamiento y/o estilo ¿artístico? que parece emanar de la Facultad de Arquitectura que -desdichadísimamente, en mi opinión- padecemos en Pamplona. ¿Quieren hacer sus boñigas acerokortianas? Pues háganlo en buena hora en lugares donde no se carguen algo bello, por favor.

Y no me estoy refiriendo al colegio de los Salesianos, que es igual de feo que todo lo que los hijos de San Juan Bosco acostumbraban a edificar (los jesuitas también sentían predilección por la fealdad más absoluta, lo que viendo la cara de su fundador no ofrece sorpresa ninguna). No, yo sólo estoy hablando, lo reitero, de esa skyline (si no utilizas términos ingleses no eres nadie, lo sé) dominada por la catedral, que es lo primero que se ve cuando se llega desde el norte, y que pasará a segundo plano para que las torres de Mordor sean las que te horroricen primero desde cualquier punto cardinal.

Al que le guste semejante perspectiva que se la quede, lo que es yo se la regalo encantado. Tendremos lo mismo que cualquier otra ciudad, y perderemos lo que no tenía ninguna salvo Pamplona: esa panorámica concreta. He dicho que odio los imperios. También odio la uniformidad. Detesto que todo sea igual, y que si te dejan en medio de una plaza "mineral", no sepas si estás en Pamplona, en Logroño o en Cochabamba, porque todas son iguales las unas a las otras.

Os pongo imágenes de los proyectos presentados. No diré nada sobre ellos, más allá de apuntar cuál es el ganador. Además, si dijera lo que realmente pienso probablemente me cerrarían el blog.

En cuanto a los Salesianos, que son los que han dado inicio a este disparate, sólo les recordaré una frase de su fundador:

"Nuestra misión principal será enseñar a todos los jóvenes del mundo la fealdad del pecado y la belleza de la virtud".

Pues eso, a ver si le hacen caso.

Gaztelu Jerez Arquitectos

Aguinaga y Asociados

Gaztelu Jerez

OM ARQ

OFS Architects

Rubio Bilbao
Larraz  Arquitectos
PROYECTO GANADOR
Larraz Arquitectos
PROYECTO GANADOR
Larraz Arquitectos
PROYECTO GANADOR


Y naturalmente que tales proyectos pueden pareceros maravillosos. Sólo que entonces no os consideraré soldados libres de la República, sino esclavos borreguiles del Imperio. Aunque tratándose de arquitectura y paisaje en Pamplona, "Jedi" no se pronuncie nunca "Jedái", sino "Jodí": Jodí la Plaza del Castillo, Jodí la Biblioteca de Navarra en el Centro, Jodí la Ciudadela levantando el Catafalco de Lenin, Jodí Aranzadi, Jodí el Ensanche dejando levantar horribles emplastos como el que actualmente se termina en la avda de Roncesvalles. Habría tantos ejemplos de Jodí... Darth Barcious sabe bastante de esto. Bueno, ella sin duda lo  llamaría progreso...

Y seré ingenuo, pero me niego a pensar que gente que sé que verdaderamente siente la ciudad como el concejal Cabasés o el alcalde Asirón quieran pasar a la historia engrosando la lista de los Jodí. Y no de una manera cualquiera, si no de una que no se podrá ocultar jamás, porque será lo primero que salte a la vista en cuanto alguien mire hacia esta chiquita y apañada capital.

-Oye, ¿y qué pasa con el emperador Carlos V?

-Ah, sí. Pues resulta que en 1523 el obispo de Córdoba, un imbécil llamado Alonso Manrique, decidió abatir unas setenta columnas de la mezquita para insertar una iglesia de cuarenta y tres metros por quince. El municipio y el cabildo se opusieron a semejante locura, pero el mastuerzo recurrió al emperador, que no había estado nunca en la ciudad, y que acabó dando su regio permiso para la destrucción de la integridad del templo de los Omeya. La Junta del Ayuntamiento había declarado: "lo que se quiere deshacer no podrá ser reemplazado por nada que alcance semejante perfección". El ¿arquitecto? encargado del crimen fue Hernán Ruiz, que optó por un lamentable estilo plateresco que se daba de puñetazos con el entorno.


Cuando la salvajada culminó, unos años después, el emperador Carlos llegó a la ciudad y fue invitado a contemplar el resultado. Abatido, dijo a los canónigos: "Si hubiera sabido lo que teníais intención de hacer, de cierto que no os hubiera dado mi permiso, porque lo que aquí habéis hecho se puede hallar en cualquier sitio, mientras que lo que teníais antes no existe en parte alguna del mundo".

© JJ KING



Tristemente, este desahogo mío podría ser también un complemente para este otro texto que escribí hace unos meses:


© MIKEL ZUZA VINIEGRA, 2017




jueves, 5 de enero de 2017

NADA DE MALO

Palacio Real de Pamplona, 5 de enero de 1387

-¿Pero cómo vamos a disfrazarnos estando el rey de cuerpo presente? ¿Aún no se ha enfriado su cuerpo en la caja y ya estáis pensando en hacer el ganso? ¿No comprendéis que nos mandarán ahorcar por no mostrar respeto?

-Respeto en grado máximo es precisamente lo que mostraremos, que esta fue la última voluntad de don Carlos. Y en este documento quedó sellada con su propio anillo. Nadie podrá por tanto echarnos nada en cara, ni siquiera el propio príncipe Carlos cuando llegue desde Valladolid.

-Pues yo no las tengo todas conmigo, que sólo somos tres, y la guardia personal del rey era -y es- muy quisquillosa. Y el rey sólo hace cuatro días que murió... Dejadme ver ese papel... Sí, no hay duda, aquí lo pone bien claro:

"Yo, Charles, por la gracia de Dios, Rey de Navarra y conde de Evreux. A los que esta carta vieren u oyeren, ordeno y mando que se cumpla mi deseo. Y este es que sean agasajados mis hijos, Leonel, que tuve de Catalina de Lizaso, que ahora tiene diez años; y Johana, que tuve de Catalina de Esparza, que cuenta con nueve, por haber sido el único consuelo y alegría, junto con los proporcionados por mi hijo legítimo y heredero el buen príncipe Carlos, que he tenido en mi vejez. Y se hará de tal modo, dadas las fechas que son, justo como yo les había prometido, y será que tres hombres justos et cuerdos vestirán ropas lujosas et se pintarán el rostro con oleos y aceites para remedar ser los Reyes que de Oriente vinieron a adorar a Nuestro Señor. Et sepan todos que, de poder incorporarme del lecho, haré yo el papel de rey Melchor, que mucha devoción tengo por él, et si non pudiera yo incorporarme, o la muerte me llevase antes consigo, sea mi canciller Pedro de Zabalza -que gusta mucho siempre de hacer monerías- quien lo haga. Et sean entonces los otros dos reyes los caballeros Alberto de Elizalde -que es pelirrojo y sabio, como Gaspar- y Miguel de Zuazu -que es elocuente, retórico y moreno de piel, como Baltasar-. Y habrán de ir los tres juntos a la alcoba del palacio donde residen Leonel y Johana, y habrán de entregarles como regalo a cada uno una espada de madera muy bien labrada y una muñeca muy bien cosida. Entendiéndose que ambos recibirán tanto la espada como la muñeca, que muy partidario soy de educar en igualdad a hombres y mujeres. Además tienen los regalos hondo significado, pues la espada es para que ambos sepan lo que ha costado a su padre defender Navarra;  y la muñeca para que tengan muy presente lo que sufrió nuestro pueblo en todas las guerras que emprendí por mi loca cabeza. Et si todo esto no se hiciere tal y como así lo he dispuesto, no descanse mi corazón hasta vengarme del odiado rey de Francia primero, y de los tres supradictos caballeros después. 
Obedézcase y cúmplase."


-Pues sí, no cabe duda de que don Carlos lo dejó muy claramente establecido. Y buena cosa será hacerle caso, no sólo por no tener su tembible corazón latiendo sobre nuestras cabezas durante siglos, si no porque esos pobres mocetes estarán aterrados en su habitación, con todo este ruido de campanas atronando a muerto por toda la ciudad, y sobre todo con la tristeza de haber quedado huérfanos de padre tan distinguido.

-En eso tenéis razón, que mucha alegría les dará saber que su último mandamiento lo dictó pensando en ellos. Pero aún así me niego a dar un paso si no incluimos también a los huérfanos del cercano Hospital de San Miguel en este embrollo de los regalos no sexistas e igualitarios.

-¿Y de dónde sacaremos los carlines necesarios para tanto chaval? Porque las arcas reales están completamente vacías...

-¡Zabalza lo pagará todo, como siempre!



Et dicen que mucho se alegraron Johana, Leonel y todos los muetes del Hospital de San Miguel  por recibir tales regalos, que este cronista espera y desea que no sean nada comparados con los que tod@s l@s lector@s de mi Blog reciban esta noche. 
Y sed buen@s, al menos tanto como el rey don Carlos II de Navarra.




© MIKEL ZUZA VINIEGRA, 2017