domingo, 10 de julio de 2016

SANGRE-RMÍN



Pamplona, sede de la Federación Local de Sindicatos Únicos, afiliados a la CNT

Viernes, 10 de julio de 1936


-¿Fiestas como estas no las tenéis en Madrid, eh, compañero Matesanz?

-Y que lo digas, compañero Echavarren, casi no llego: las calles están atestadas de gente. Pobres, tan ignorantes de lo que se avecina...

-¿Pero de verdad está tan mal la situación allí abajo?

-Todos dan por segura una sublevación militar inminente de las distintas capitanías. Y nuestros oficiales infiltrados informan de que el general Mola es la cabeza pensante de esa rebelión. Hasta nos hemos enterado de que su superior, el general Batet, va a venir a verle la semana que viene para comprobar personalmente que no está metido en ninguna aventura. Pero debe saberlo tan bien como nosotros. Precisamente por eso mismo estoy aquí.

-¿Por Mola? Pues si estáis pensando en alguna acción contra él, es que no conocéis cómo se las gasta. Tiene una escolta permanente formada por entre ocho y diez mandos intermedios bien entrenados. Y si por un casual sale de paisano a la calle -lo cual no ocurre casi nunca- los hijos de los facciosos y pistoleros más reconocidos de la ciudad se pegan por servirle de protección, armados todos hasta los dientes. Mil veces hemos estudiado cómo meterles mano, pero es imposible. ¿Y ahora venís desde Madrid a decirnos cómo hemos de hacer las cosas? Pues no os he visto en las peleas contra los requetés, que cada vez están más envalentonados...

-Tranquilos, que la Organización valora muchísimo vuestros esfuerzos y sacrificios, y agradece además que hayáis llevado a cabo el seguimiento fotográfico diario al general que os pedimos la semana pasada. Es conveniente que sepáis que nos tememos que esta intentona no va a ser como la payasada de Sanjurjo de hace cuatro años. Pensamos que esta vez quieren acabar con la República por las bravas. Y si eso llegara a ocurrir, podemos despedirnos para siempre de la implantación del comunismo libertario que este país necesita como el comer.

-Si la cosa pinta tan mal, puedes contar con nuestra total colaboración, compañero. Pero no termino de entender aún qué es lo que pretendéis. ¿Atentar contra Mola? ¿En plenos Sanfermines? Lo dicho: totalmente imposible: las derechas le tienen más veneración que al santo, y lo rodean con mucho más fervor. Nosotros apenas somos un puñado de afiliados, y cada vez más estrechamente vigilados por las "fuerzas del orden". Y no tenemos más armas que dos o tres viejas escopetas de caza. ¿Has traído tú algún revólver moderno?

-¿Y si te dijera que no harán falta pistolas o fusiles para eliminar al general?

-Pues te respondería que en Madrid os da demasiado el sol y habéis debido perder la razón. Ahora, ¿qué esperar de la Federación Agraria, que es a la que tú perteneces? ¡La Obrera, o por lo menos la Metalúrgica, de ahí sí que salen verdaderos soldados proletarios! Porque tú, Matesanz, ¿qué oficio tienes?

-Veterinario.

-¿Cómo dices? ¡No me toques los cojones, Matesanz! ¿Y qué quieres hacerle a Mola: ponerle herraduras? ¿De verdad que en la CNT no hay agentes más cualificados que tú?

-Cuidado con lo que dices, compañero. Voy a pasarlo por alto porque estamos los dos nerviosos y porque apestas a vinazo agrio.Siento haberte interrumpido la fiesta, pero este asunto es demasiado grave para dejarlo en manos de aficionados como vosotros.

¿Y le confían una misión tan importante a un simple albeitar? Sigo pensando que estáis todos locos. Sólo lleva unos pocos meses en Pamplona, pero ya hemos podido comprobar que la fama de carnicero que Mola traía desde Marruecos era bien merecida. Es cruel e implacable con quien cree su enemigo, y considera de esa forma a todos los que no le bailan el agua. ¿Qué piensan en Madrid que podrás hacer tú contra alguien así?


-Quizás reclutar un ejército mucho más poderoso que el suyo...

-¿En plenas fiestas? De borrachos y sinfundamentos tendrá que ser, porque no se me ocurre cómo si no...

-¡Basta: no tenemos más tiempo para perder! Me costó convencerlos, pero finalmente la Dirección  Confederal ha dado carta blanca a mi propuesta, así que estáis obligados a obedecerme, os guste o no. Empezaremos por lo más sencillo: no conozco estas calles y necesito que me guiéis por ellas. Sobre todo hasta esta que sale en todas las fotos de vuestro informe.


-No sabía yo que el anarquismo o el pensamiento ácrata me obligasen a obedecer a nadie, ni siquiera a un compañero que no sé quién se cree que es, aunque ya aclararemos esa cuestión más adelante. Mientras tanto se hará lo que tú digas. La calle que te interesa es la que lleva al Mercado, perpendicular a la Bajada de Santo Domingo, y que termina en Capitanía. Por eso mismo es también una de las más vigiladas de la ciudad, y suele estar llena de soldados. Ahora, sí tú dices que vas a conseguir un ejército más fuerte...

-Menos recochineo, compañero. Dime: ¿ves algo que se repita en todas estas imágenes?

-Naturalmente: el cabrón del general sacando fotografías desde el puesto que tienen los militares justo detrás del vallado del encierro. Y fíjate en su cara: se diría que disfruta viendo desde tan cerca las cornadas y las volteretas...

-Pues sí, eso me parece a mí también. Y desde luego que a Mola le encanta la fotografía. Y como esa es una afición que yo comparto, puedo decirte que esa que lleva al cuello es una de las cámaras más modernas del mundo: la Contax III, fabricada en Alemania por la empresa Zeiss-Ikon. Una auténtica maravilla de la técnica. La primera con fotómetro incorporado...


-No me interesa la técnica de los Nazis. Sólo aplastarlos cuanto antes.

-Sí: en eso estamos de acuerdo. Y qué mejor que empezar  por su representante en España. Sabemos que Mola ha tenido contactos con los alemanes y también con los italianos. Será mejor evitar que ese enlace pueda llegar más lejos, por muy buenas cámaras fotográficas que fabriquen. Aunque también es imperativo que nadie pueda echarnos la culpa a los anarquistas de la muerte de esa sanguijuela, porque incluso a nivel internacional podría acarrear funestas consecuencias y persecuciones para nuestro movimiento...

-Ya. ¿Y la Dirección te permite explicarme de una vez cuál es su plan para lograrlo? Porque sigo sin comprender nada de nada.

-¿Tú eres carpintero, no, Echavarren? ¿Tenemos algún camarada en el Sindicato que participe en el montaje del vallado del encierro?

-Eh... Pues sí, Martín Goñi se saca unas perras extras con ese trabajo. Aunque, francamente: no lo veo yo haciendo frente a prácticamente todos los militares de Pamplona...

-No te preocupes: le echaremos una mano al bueno de Martín. Y también unas patas... ¿De qué madera están hechos los tablones del vallado?

-Que me aspen si entiendo nada de lo que me estás diciendo, Matesanz. En cualquier caso son de madera de olmo, muy resistentes por tanto.

-Para una manada desbocada de torazos, esos tablones son como mondadientes. ¿El vallado es doble o sólo tiene una fila de maderos?

-¿Doble?, ¿y para qué, si nunca lo ha quebrado ningún morlaco? Un momento... ¿Estás diciendo en serio que vuestro plan es que los toros del encierro ataquen a Mola? ¿Pero estáis locos? ¿Y como pensáis hacer que carguen justo en esa zona del vallado, poniendo a Rafaelillo con un capote para que embistan? Lo que pensaba: os ha dado demasiado el sol...

-Con el contenido de esta garrafa, Echavarren. ¿Sabes lo que es?

-¡Ufff, apártalo de mi nariz, huele a rayos!

-Bueno, a los toros no les olerá igual: son secrecciones hormonales de vaca en celo.

-¿Secre-qué? Pero tú has debido darle al chacolí de Culancho en cuanto te has bajado del tren...

-Soy veterinario, ¿recuerdas? Esto es lo que se utiliza en la monta o servicio de las vacas para que los sementales se pongan a tono. Y vaya que sí se ponen... Te aseguro que si frotamos los tablones detrás de los cuales se coloca Mola durante los encierros con el contenido de esta garrafa, los seis toros cargarán contra ese lugar concreto con furia incontenible, y el general y sus subordinados quedarán convertidos en picadillo. Y lo que es mejor aún: nadie podrá echarnos la culpa a nosotros, ni a ningún otro partido de izquierdas. ¿Qué te parece, Echavarren?

-La verdad es que no sé si llamarte genio o pensar que necesitas ir detrás de otro tipo de secrecciones hormonales, Matesanz. Me parece que te hace mucha falta...

-Primero la Revolución, luego ya vendrá la unión igualitaria y libre con una compañera tan ácrata como yo, con la que poder proporcionar más militantes al Movimiento Anarquista Mundial. Lo dijo Bakunin, y yo estoy totalmente de acuerdo con él.

-Bueno, Bakunin tendrá razón cuando la tenga, y cuando no la tenga, pues no. ¿Y cuándo habéis pensado llevar a cabo esta locura? Porque sólo quedan los dos encierros de mañana y pasado...

-Mañana sería demasiado precipitado. Mejor el domingo, cuando hayamos podido confirmar con Martín Goñi la mejor manera de aplicar el producto a los tablones reservados al Gobierno Militar, que veo en las fotos que llevan pintado su escudo identificativo. No hay error posible. Todo irá bien...

-Pues no sé qué decirte, compañero, porque lo ideal hubiese sido dárselo durante la noche, pero creo recordar que justamente esa parte del vallado se custodia hasta la mañana siguiente en el patio del Hospital Militar. Imposible entrar allí sin levantar sospechas. No: habrá que aplicarlo a la vez que se instala, y los carpinteros empiezan a las cinco para que todo este listo para las siete...

-Perfecto: la mañana del domingo será pues el amanecer de una nueva y mucho mejor época para todos...




Pamplona, sede de la Federación Local de Sindicatos Únicos, afiliados a la CNT

Viernes, 17 de julio de 1936


Con hondo pesar libertario, y conmocionado todavía por el desarrollo de los acontecimientos, procedo a informar a la Dirección Confederal de lo sucedido hace cinco días en las calles de Pamplona, no sin antes reiterar las disculpas que ya envié por vía telegráfica, en lo relativo a no haber comprobado suficientemente la veracidad de lo afirmado por el camarada Matesanz, cuya trayectoria en nuestro sindicato no invitaba a dudar de su palabra. ¿Pero cómo iba a sospechar yo que él actuaba sin vuestro permiso?

Y claro que su plan me pareció descabellado desde el principio, pero se le veía tan entusiasmado y confiado en las probabilidades de éxito, que todas nuestras prevenciones se desvanecieron. El sábado, y aunque Mola no acudió a contemplar el encierro -según nos explicó nuestro contacto en Capitanía porque debía reunirse con algún capitoste carlista-, lo empleamos en prever los distintos inconvenientes que podrían presentarse al llevar a la práctica la acción. Uno de los principales era que todos los balcones de los alrededores estaban ocupados por soldados, unos por afición propia y otros por mandato de sus oficiales, con sus fusiles a la vista.

Nuestro compañero Martín Goñi, que trabaja en el montaje del vallado, no sólo no preguntó por qué debía ser sustituido por otro ese día, sino que aceptó disciplinadamente que le rompiéramos el brazo -de la forma más limpia que pudimos, naturalmente- para que no cupiese duda alguna a sus jefes de que no podía trabajar. Le explicó además someramente su cometido a Matesanz, que básicamente consiste en colocar vertical y horizontalmente los tablones de madera que impiden que los toros se escapen por las calles por donde no transcurre el encierro.


No me gustaba ni un pelo dejar solo a Matesanz en una empresa que se me antojaba tan complicada, pero ya nos costó muchísimo convencer al capataz de que aceptara a nuestro hombre -al que hicimos pasar por familiar de Martín- como montador. Sin embargo he de decir que él mostró en todo momento un temple y una confianza ciega en sí mismo, lo cual no hizo que a mí dejase de asaltarme la sensación de que lo estábamos abandonando en la boca del lobo, así que lo más discretamente que pude, me situé en la calle en cuestión, primero fingiendo ser un borracho con pocas ganas de volver a casa, y luego haciéndome pasar por un corredor de los muchos que esperan en esa zona a que lancen el cohete que anuncia que los toros salen a la carrera de su corral.

De esa forma pude ver que esa madrugada aún había más soldados que de costumbre, y también cómo los oficiales encargaban a los reclutas que montasen el vallado del puesto militar, expulsando de muy malas a los carpinteros habituales, entre los esta vez se hallaba Matesanz. Intenté entonces llegar hasta él para convencerlo de que saliésemos inmediatamente de allí, pero no me hizo el menor caso. Al contrario, sonriendo me dijo que no me preocupase, que tenía un "plan B", Y entonces lo perdí de vista en medio del tumulto de gente -lógicamente- cada vez más nerviosa.

Al poco llegó Mola, acompañado por el comandante Fernández-Cordón, el coronel Moscoso, y los capitanes Lastra, Vicario y Barrera. En suma: toda la plana mayor facciosa.

La hora señalada se acercaba, y cada vez había más gente congregada. A codazos me abrí paso hasta que tuve tan cerca al general y sus subordinados, que pude oírles bromear con frialdad sobre si aquella mañana "habría más sangre" que en las anteriores. Al propio Mola le escuché decir que para los que habían participado en la guerra de Marruecos como él, esto del encierro no era más que una broma sin apenas riesgo. Llevaba su condenada cámara colgada del cuello...

A pesar de que hacía nueve años que no corría, decidí permanecer en Santo Domingo, aunque lo cierto es que llegado determinado momento las barreras se cierran y ya no se puede salir del recorrido. La curiosidad y, porque no decirlo, también un mal presentimiento, clavaron mis pies a los adoquines más peligrosos del mundo -al menos durante esos segundos que se hacen eternos a todos los que allí luchamos por sobrevivir-. Entonces sonó el cohete y una muchedumbre aterrada se puso en marcha hacía donde nos encontrábamos. Mola (ahora lo tenía justo frente a mí) se llevó la cámara al ojo, apuntó, y disparó una y otra vez hacia la calle como quien está acostumbrado a hacerlo constantemente con un fusil, sin piedad ninguna por lo que se desarrollaba ante sus ojos, como si todos fuésemos insectos que él debiera primero cazar y luego pinchar con un alfiler en pequeños cuadros enmarcados en negro, igual que las esquelas funerarias. Su rostro mostraba una sonrisa siniestra...

En ese preciso momento, no sé desde dónde, apareció en mitad de la calle Matesanz, esquivando a quienes pasaban como balas junto a él mientras se arrojaba por encima todo el contenido de la garrafa que traía consigo.Avanzó entonces hacía el vallado militar con paso de gigante -contento y desnudo, dispuesto a matar canallas- y justo cuando estaba a punto de alcanzarlo, uno de los muchos trabajadores del vecino mercado que corren en ese preciso tramo se cruzó en su camino y lo hizo caer al suelo. Inmediatamente cuatro mozos tropezaron con ellos y cayeron frente a nosotros. Iba a ir a socorrerles cuando el primero de los toros llegó al montón, y, loco de furia, comenzó a bramar y a asestar terribles gañafonazos a quienes habían quedado por encima de Matesanz, como queriendo quitarlos de encima de su objetivo. Y entonces llegaron sus cinco y rezagados hermanos...


Aunque lo intente mil veces, no podría explicar con palabras la horrenda carnicería que se desarrolló a partir de ese momento ante nuestros ojos, cuando los seis toros -completamente fuera de sí, se dedicaron a cornear de todas las maneras posibles a nuestro hombre, hasta convertirlo en un surtidor de sangre y vísceras. A los pastores les costó un esfuerzo titánico separarlos a varazos de aquella pulpa sanguinolenta.

Sangre: todos los que estábamos allí quedamos impregnados de sangre de Matesanz, como si formásemos parte de un terrible bautismo. También el general Mola, que no dejó de disparar -clic, clic, clic, creo que jamás podré olvidar esos chasquidos- su moderna cámara alemana Contax III ni un sólo momento.

Tampoco perdió su siniestra sonrisa, ni siquiera cuando me abalancé hacia lo que quedaba de Matesanz y lo rodeé con mis brazos. Aún pudo decirme algo con un hilo de  voz: "el amanecer, el amanecer..."

Nadie de los que lo vimos podremos olvidarlo jamás, y para quien tuvo la fortuna de no estar presente, quedarán siempre las fotos del general para poder horrorizarse, pero como miembro de nuestro sindicato me creo en el deber de tomar el relevo de mi compañero y solicitar ayuda para detener la sublevación que todos dan ya por cierta y que quizás, quien sabe, comience mañana mismo.

Y esto no lo hago únicamente por mi acreditada militancia política, sino porque fue el propio Mola quien solicitó a uno de sus esbirros que apuntase mi nombre en una lista formada por muchos otros nombres. Dijeron que era sólo un formalismo para permitir mi localización cuando comenzara a investigarse lo ocurrido en el encierro, pero no creo que les importe gran cosa aclarar nunca las circunstancias de lo que os acabo de contar y que sí: pudo suponer "el amanecer de una nueva y mucho mejor época para todos..."

PAMPLONA, a 17 de JULIO de 1936







ADENDA: 

*Cuando el Gobierno del Frente Popular salido de las urnas democráticas en febrero de 1936 decidió trasladar al general Mola a Pamplona, además de mostrar una estupidez y ceguera políticas de lo más notable, selló su destino, pues andaba metido desde mucho tiempo atrás en la conspiración que acabaría dando lugar al levantamiento del 18 de julio primero, y a la terrible Guerra Civil que asoló el país desde entonces. 

Para comprender mejor la condición moral de Mola, no basta con leer su Bando declarando el estado de guerra de 19 de julio de 1936: 





sino que hay que leer también sus "Instrucciones Reservadas", alguna de las cuales lleva fecha de mayo de ese mismo año, y entre las que -por su inmundicia y bellaquería- quisiera destacar estas dos: 

"Se tendrá en cuenta que la acción ha de ser en extremo violenta para reducir lo antes posible al enemigo, que es fuerte y bien organizado. Desde luego, serán encarcelados todos los directivos de los partidos políticos, sociedades o sindicatos no afectos al Movimiento, aplicándoles castigos ejemplares a dichos individuos para estrangular los movimientos de rebeldía o huelgas".

"Es necesario crear una atmósfera de terror, hay que dejar sensación de dominio eliminando sin escrúpulos ni vacilación a todo el que no piense como nosotros. Tenemos que causar una gran impresión: todo aquel que sea abierta o secretamente defensor del Frente Popular deberá ser fusilado".

Por tanto fue él, con muchos otros colaboradores necesarios, el responsable máximo de la cacería humana que se desató hace exactamente ochenta años el próximo 18 de julio, y que en Navarra (zona sin frente de guerra) supuso el asesinato de más de tres mil quinientas personas cuyo único delito fue no estar incluidos en los desquiciados parámetros ideados por el gobernador militar de Pamplona, que en su delirio firmó muchas de sus "instrucciones" con el apodo de "El Director".

Apenas un año después, el 3 de junio de 1937, el general Mola falleció en un accidente de aviación en Alcocero (Burgos). Su cuerpo quedó tan calcinado que la única forma de reconocerlo fue por la Contax III que siempre llevaba colgada al cuello...




*El vallado del encierro de Pamplona fue simple hasta el 8 de julio de 1939, cuando en los primeros Sanfermines tras la guerra, el toro "Liebrero" (de la ganadería Sanchez Covaleda) rompió los tablones y corneó de gravedad a una espectadora que estaba situada detrás, teniendo que ser abatido a tiros junto a la puerta de la plaza de Toros. Para que no volviese a ocurrir algo parecido, desde el año siguiente (1940) el vallado es doble, con una separación de dos metros entre ambas hileras de tablones...



© MIKEL ZUZA VINIEGRA, 2016



viernes, 17 de junio de 2016

EL ÚLTIMO REY DE NAVARRA FUE FUSILADO EN 1936

El 7 de noviembre de 2003, estando yo probablemente perdiendo el tiempo -que me parece siempre la mejor manera de aprovecharlo-, acerté a leer una sección del Diario de Navarra en la que no suelo reparar nunca, más que nada porque aquello que transcurre más allá de 1512 no me interesa gran cosa, que es algo que también le pasaba mucho a Alvaro Mutis.

El apartado en cuestión se titula "En el recuerdo", y trata sobre los sucesos que dicho medio publicó hace 25, 50 y 75 años. El caso es que en esta última parte dí con una noticia tan extraña que no pudo dejar de llamar mi atención.

Como podéis ver, el barón de Beorlegui presumía en ella de su españolidad y de su fidelidad al rey Alfonso XIII, apelando a un "señor Cuadra Salcedo", y hablando del infante Luis de Navarra, que tantas veces ha salido ya en estos desvaríos míos -junto con sus compañeros de fatigas Pierres de Laxaga, Mahiot de Cocherel, Pedro de Urtubia y Pedro de San Superano- por ser un personaje histórico que me ha interesado siempre, por su extraña gesta al conquistar la remota Albania, y también por haber tenido el buen gusto de  dejarnos como recuerdo sus armas nobiliarias pintadas en Ardanaz, la capital de mi querido valle de Izagaondoa.

¿A qué podía estar refiriéndose por tanto el citado barón? Porque no terminaba de entenderse del todo bien. El caso es que me sonaba haber leído algo similar, ¿pero dónde?

Veamos: ¿cuál era el único "señor Cuadra Salcedo" que los de mi generación tenemos grabado en la cabeza? Evidentemente mi siempre admirado y recién fallecido Miguel de la Quadra Salcedo, pero por la fecha de la noticia, ésta no podía referirse a él, aunque todo hacía suponer que sí que se trataba de una aventura de igual calibre a las que nuestro paisano vivía en sus reportajes televisivos. Así que fui a revisar la biografía del explorador publicada por A. Pérez Henares en 2001, y en la página 69 vi subrayada  con fluorescente amarillo la siguiente frase referida a Miguel: "...Incluso un tío suyo, Fernando, linajudo marqués, llegó a reclamar, y con papeles, derechos a la Corona de Navarra y Albania". Por tanto, y aunque lo hubiera yo olvidado, dos años antes de que la noticia de hace 75 reclamase mi atención en el periódico, la historia de un pretendiente desconocido a la corona de Albania ya había -naturalmente, conociéndome un poco- despertado mi interés.


No digo que urgentemente, aunque seguro que con prisa, acudí al Archivo Municipal de Pamplona, cuya magnífica hemeroteca microfilmada he utilizado tantas veces, y me hice con la noticia original completa, aquella que se había publicado el 8 de noviembre de 1928, que es esta que os adjunto:


"...Todos los Beaumont de Navarra nos honramos de ser súbditos españoles y tener por soberano a Alfonso XIII"
Leyéndola integramente, se podía entender algo más, aunque no mucho, para qué nos vamos a engañar. Hombre, por decir algo, me dio un poco de pena que al venerable y evocador título de Barón de Beorlegui (el más antiguo de la nobleza navarra, creado por Carlos III el Noble en 1391) el aburrido y gris siglo XX uniese el mucho más prosaico de "ingeniero agrónomo de Santander". Pero hay épocas malísimas para la lírica, qué se la va a hacer...

No sabiendo muy bien por dónde tirar del hilo, y ya que todo había surgido de una noticia publicada en dos épocas diferentes en el Diario de Navarra, decidí preguntar directamente a su redactor jefe, el prodigio de erudición Fernando Pérez Ollo, que sabía que paraba muchas mañanas en la siempre añorada librería el Parnasillo, donde mantenía una especie de tertulias literarias con su dueño, Javier López de Muniain, que tengo para mí que van a ser lo más cerca que nunca voy a estar de algo parecido a la Academia de Atenas en tiempos de Platón o Aristóteles, porque era una gozada oírles hablar de cualquier cosa, sobre todo de libros cuyos títulos muchas veces apuntaba yo subrepticiamente para poder hacerme luego con ellos. 


Pero no se crea nadie que yo participaba de aquellas auténticas lecciones, sino que si al llegar veía yo que estaban ya ellos dos dialogando, subía haciendo el menor ruido posible a la pasarela que servía de entreplanta, y fingiendo que revisaba la sección de Cine, a lo que realmente me dedicaba era simplemente a escucharles. Y hubo ocasiones en que me ocurrió exactamente lo mismo que a San Virila con el ruiseñor: que las horas pasaron como si hubiesen sido segundos. Y siempre les estaré yo agradecido.


El caso es que ni siquiera FPO -su mítica firma al pie de sus implacables críticas de conciertos- sabía nada sobre la historia de un hipotético pretendiente al trono de Albania a principios del siglo XX. Recordé entonces algo que se me había escapado hasta ese momento: en 1995 el Ateneo Navarro había organizado un ciclo sobre la Nobleza en Navarra, y el Diario de Noticias había publicado una doble página sobre ello el 9 de abril. Un reportaje que yo estaba casi seguro de haber guardado -sí, padezco síndrome de Diógenes histórico, qué le voy a hacer- como muchos otros que tratan sobre Historia de Navarra. Dí finalmente con él y allí me encontré con este artículo:  


Armas del palacio de Beorlegui en el Libro de Armería (año 1571)
Ahora ya conocía al menos los nombres de los dos implicados: Fernando de la Quadra Salcedo, marqués de Castillejos, y su primo: Manuel González de Castejón, barón de Beorlegui. Pero no hubo forma de averiguar nada más sobre este asunto hasta que, con el advenimiento de Internet, y sobre todo gracias a la publicación del libro "Fernando de la Quadra Salcedo: la poesía de la Historia", de José Ramón Blanco,  pude yo al fin saber qué se escondía realmente tras todos estos delirios que os voy contando.





Fernando de la Quadra Salcedo
Descendiente de los condes de Urgell
Varón agnado de la Casa Real de Navarra
Señor de Camón en el Bearne
Fernando de la Quadra Salcedo y Arrieta Mascarúa nació en la torre de los Salcedo en la villa de Güeñes (Bizkaia) en 1890, en el seno de una familia de rancio abolengo emparentada cierta -aunque muy lejanamente- con varias casas reales europeas. Fue un abogado, poeta e historiador especialista en heráldica, que a decir de muchos de los que lo conocieron y han dejado testimonio escrito, tenía además un punto de excentricidad muy británico, que le hizo elaborar una serie de genealogías que podríamos considerar sin lugar a dudas como verdaderamente fantásticas -en las dos acepciones de la palabra-, llegando a presumir de descender directamente del rey Iñigo Arista.

Veamos por ejemplo lo que dijo de él el famoso periodista (y más que turbio personaje) César González Ruano, que lo trató muchísimo en las tertulias literarias de Bilbao y Madrid: 

"Como pintoresco se llevaba la palma Fernando de la Quadra Salcedo, que se decía pretendiente al trono de Navarra y luego al de Andorra, proponiendo a su pariente el barón de Beorlegui, hijo del marqués de Vadillo, para el trono de Albania.

Fernando llegó a formar un gobierno con amigos suyos y acuñó unas cuantas monedas de peseta con su efigie y el nombre de Ordoño no sé cuantos. Se decía descendiente de Iñigo Arista. En realidad se llamaba Fernando Salcedo Arrieta-Mascarúa y Reinoso. Su padre, don Tomás Salcedo, viejo muy simpático, montó en Madrid el Café Saboya, en la calle de Alcalá, entre el teatro Apolo y el café de la Elipa. Fue un café elegante, que, sin embargo, no dio resultado. De Quadra Salcedo se podrían contar centenares de anécdotas divertidísimas, pero que quizá no vengan aquí muy a pelo. Quadra Salcedo rehabilitó luego para sí el marquesado de Castillejos.


Soñaba con imposibles golpes de Estado esteticistas y bellos para imponer la autoridad divina y aldeana de las coronas absolutistas y patriarcales. Su árbol genealógico, que sólo se podía echar a reñir con el que exhibía Rafael Lasso de la Vega, llegaba hasta Iñigo Arista. Con Gustavo de Maeztu organizó una pintoresca Academia de Genealogía donde, previo pago, sus clientes podían entroncar con lo más rancio de la aristocracia".


Ramón Gómez de la Serna apuntó que: "Fernando de la Quadra vive colgado de la higuera genealógica".

Según José Fernández de la Sota:

"Como pretendiente al trono de Navarra y al del Principado de Andorra, solía comentar que “tenía dos tronos en el bolsillo, pero ni un sólo cuarto”.  A su primo, el barón de Beorlegui, le convenció de sus derechos al trono de Albania por su ascendencia en la casa de Beaumont. Organizaron una campaña que llegó a tener eco en el Times londinense. Compusieron un himno y celebraron reuniones regias en el palacio de los Salcedo en Güeñes. Sus amigos bilbaínos le gastaron la broma de hacer pasar al pintor italiano Guido Caprotti por un espía de Mussolini enviado a Vizcaya para asesinar al barón, dado que el dictador, según decían, pretendía instalar a un príncipe italiano en el trono de Albania. Quadra Salcedo se lo creyó, y a su primo el barón le faltó tiempo para afeitarse la barba y plantarse en Pamplona".

Pío Baroja escribe en el tomo cuarto de sus memorias:

“Quadra Salcedo era un iluso, un hombre que vivía en sus entelequias fantásticas, y no necesitaba por tanto mucha base para idear un sistema o una genealogía. El más pequeño dato le bastaba para lograr su propósito, y así al Díaz corriente le emparentaba en un dos por cuatro con el Cid. A mí mismo me preguntó, en una librería de viejo de la calle Jacometrezo, si tenía yo el segundo apellido italiano. Sí -le contesté-, Nessi. Pocos días después nos encontramos de nuevo y entonces  me comentó: "Eso de tener parentesco con príncipe italiano está muy bien". Lo cierto es que hablaba de sus supuestos parientes de cuando el Imperio Romano como cualquiera puede hablar de su tío de Alcalá o de su primo de Chínchón. Era un hombre fantástico, que creía en sus elucubraciones”.

Sin embargo Cansinos Assens aduce: 

"En Bilbao, en la calle Ercilla 19, 1º derecha, tenía su sede el Instituto Heráldico del que era director, en el que se anunciaban referencias sobre el origen de más de 475.000 apellidos.

Fernando persistía en su labor de ennoblecer a la gente capaz de remunerar sus investigaciones laboriosas en los archivos. Dentro de poco -decía- no quedará en Bilbao ningún naviero enriquecido durante la Gran Guerra sin su blasón y su árbol genealógico. Sin embargo él era el primero en reírse de sus ingenuos clientes y de su pretendida ciencia heráldica. Le encontraba en el Rastro con algún cuadro borroso, retrato de un cardenal o un arzobispo de la época isabelina y le preguntaba:

-¿Qué hace usted aquí, amigo Quadra?

-Ya ve usted... buscando antepasados".

Pero volvamos a la trama albanesa, que es la que dio origen a este embrollo. Al parecer todo surgió de una reunión de amigos y parientes en el casino de Santander -en la que no se sabe, aunque es fácil de suponer, que el vino y los licores correrían generosamente-, terminada la cual el barón de Beorlegui, que era también marqués de Vadillo, salió convencido de sus legítimos derechos al trono del país balcánico, que su primo Fernando de la Quadra basaba en su descendencia de la casa de Beaumont, pues no en vano su fundador, el infante Luis, lo había conquistado allá por el año 1376.

Si todo hubiera quedado así, probablemente el asunto se hubiera  disuelto con la resaca, pero Fernando lo hizo público escribiendo un artículo en el periódico La tarde, en el que defendía tan vehementemente esos supuestos derechos albaneses del barón de Beorlegui, que muchos otros periódicos, locales y hasta nacionales se acabaron haciendo eco -la mayor parte de las veces tomandoselo a broma, claro- de tan desusada reivindicación.

Como estas cosas se sabe donde empiezan, pero no donde terminan, el revuelo periodístico fue subiendo de intensidad, provocando que el barón de Beorlegui dejase de estar interesado en continuar con la charada. "Es un miserable -le dijo Fernando de la Quadra a Cansinos Assens-: le quise hacer rey, pero no es digno de ceñir una corona".

De todas formas, se ve que el trono de Albania era por aquel entonces de lo más codiciado, porque ya a finales del siglo XIX, otro representante de la imaginación político-estratégica más desbocada lo había reclamado para sí. De Juan Pedro Aladro y Kastriota estoy hablando ahora, hijo ilegítimo del bodeguero jerezano ("In vino veritas" sentenció el autor clásico) Juan Pedro Domecq, que se decía descendiente por linea materna del héroe medieval albanés Jorge Skanderberg, y que puso su fortuna al servicio del sueño de liberar a Albania del yugo otomano, y este sí -y no nuestro barón- anduvo relativamente cerca de lograr su empeño. 

Aquí os pongo una postal publicada en aquella época con ánimo de hacer propaganda a su candidatura:

Juan Pedro Aladro Kastriota, pretendiente al trono albanés
El periodista y erudito Juan P. Esteban Chavarria escribió precisamente en Diario de Navarra el 30 de marzo de 1927 un curioso artículo titulado "Albania y Navarra", en el que decía esto sobre él: 

"Don Juan Pedro Aladro Kastriota, rico propietario andaluz, ilustre diplomático de España y admirador y protegido del rey Alfonso XII (que en paz descanse), descendía del príncipe Jorge Kastriota Skanderberg, héroe y defensor  de Albania contra Turquía, e ídolo de los patriotas albaneses, cuyos actuales sucesores, reconociendo en Aladro Kastriota al descendiente de aquel príncipe, lo proclamaron heredero de la corona albanesa hace relativamente pocos años, reunidos en la Asamblea Nacional de Pissen, y organizando para defender mejor su legitimidad, importantes comités en Italia, Grecia, Egipto y Estados Balkánicos. Advirtiéndose que, si el español no subió finalmente al trono, fue por no comprometer el delicado equilibrio europeo que tantos peligros encierra siempre en los Balkanes y países cercanos, pues no se atrevieron las potencias europeas a instalar a un rey de religión católica en un trono cuyos súbditos eran mayoritariamente musulmanes. Pero haciendo constar también que, de haber persistido en su empeño,probablemente hubiera ceñido la corona en las actuales circunstancias, como caudillo aclamado por el pueblo, desde la última aldea hasta la capital, Durazzo, pues su nombre despertaba bastante más entusiasmo en el país que el de Ahmed Zogú, que fue quien finalmente acabó proclamándose rey en 1928".

Ahmed Zogú, Rey de Albania (1928-1939)
Y añadía esta otra opinión con la que estoy yo muy de acuerdo: 

"Y no digo más de estas memorables campañas de Albania, a pesar de que el Genio de Navarra está en grave pecado de ingratitud mientras no descubra al mundo y loe como es justo a aquellos legendarios héroes que, acaudillados por el infante don Luis, duque de Durazzo, realizaron en Oriente proezas admirables, gloriosísimas, dignas de ser cantadas por la epopeya."

Mucho más recientemente, en 2001, Iñaki Egaña también nos habla del jerezano Aladro en su libro Mil Noticias Insólitas del País de los Vascos:

"Juan Pedro Aladro Kastriota, príncipe de Albania, se expresaba perfectamente en euskara. Hablaba además correctamente el francés, inglés, alemán, italiano, albanés, castellano y ruso. Escribió algunos trabajos en la revista Euskal-Erria, terminando siempre sus artículos con la misma consigna en euskara y albanés: Euskalerria aurrera.  Shkiperia perpara! (¡Adelante  Euskalerria. Adelante Albania!). Justificaba su interés por la lengua vasca alegando que sus antepasados provenían del pueblo guipuzcoano de Bidania." ¡¡¡Arrea!!!

Como veis por todo lo que os voy contando, cuesta aceptar que el concepto de Realismo Mágico lo inventase Gabriel García Márquez en Colombia, porque el número de maestros aventajados en esa materia que hemos disfrutado por nuestra tierra es también digno de ser tenido en cuenta...

¿Pero cuál era el fallo principal de la argumentación genealógica de Fernando de la Quadra Salcedo?

Pues el que ya había visto el propio barón de Beorlegui en su carta de noviembre de 1928: que se adjudicaba la corona albanesa en base a los derechos que el infante Luis, el hermano del rey Carlos II (el Malo para los franceses) hubiera podido legar a sus descendientes, pero teniendo en cuenta que a él mismo esos derechos le llegaron por vía matrimonial, y que con su legítima mujer, la princesa Juana de Nápoles, no tuvo hijos, malamente podía el primero de los Beaumont traspasar esos derechos albaneses a los tres hijos bastardos que sí tuvo con María de Lizarazu.

El mayor de todos ellos, Carlos, fue nombrado por su tío Carlos II alférez de Navarra, y desempeñó importantes cargos diplomáticos en la corte de su primo-hermano Carlos III el Noble. Tuvo a su vez dos hijos varones: Luis, primer conde de Lerín, y Juan, prior de San Juan de Jerusalén en Navarra. Éste, pese a su condición de clérigo, engendró un hijo, Martín, que fue el primero de los de su estirpe en ostentar el título de Barón de Beorlegui, que como dije al principio sigue siendo el más antiguo de la nobleza en Navarra.

Pero originariamente el rey no se lo otorgó a ellos, sino a su chambelán Juan de Bearne en 1391. Al casarse este en 1397 con Juana de Navarra, hermana bastarda de Carlos III, ambos compartieron el tratamiento de Barones de Beorlegui, y tuvieron una hija legítima: Blanca, que se casó con el vizconde valenciano Hugo de Cardona, heredando ambos el título de marras, que al no tener descendencia quedó vacante.

Entonces Juan de Beaumont, el Gran Prior de la Orden de San Juan de Jerusalén en Navarra, aprovechó para comprarlo y donarlo a su hijo, Martín de Beaumont, que fue legándolo a sus descendientes directos al menos hasta Juan de Arizcun y Beaumont, que falleció en 1673, siendo el VIII Barón de Beorlegui. Luego el título se perdió, y no volvió a ser rehabilitado hasta 1915 por Francisco Javier González de Castejón y Elío, marqués de Vadillo.


Si aún queda alguien ahí, después de este tostón genealógico que os estoy proporcionando, comprenderá que los derechos a la Corona de Albania no podían ser más hipotéticos para el Barón de Beorlegui del año 1928, a la sazón el ya citado Manuel González de Castejón y Entrala, que hacía el número XVII de su título. Claro que, afortunadamente, esas minucias jamás pusieron freno a la imaginación de nuestro protagonista...

Manuel González de Castejón y Entrala
XVII Barón de Beorlegui
Pretendiente al trono de Albania
Puestas así las cosas, tampoco se hará extraño a nadie que los amigos de Fernando de la Quadra y de Manuel González de Castejón les tomaran el pelo una y otra vez, incluso como ya se contó, fingiendo que Mussolini -la Italia Fascista también quería hacerse con Albania en aquella época, y esta vez completamente en serio, pues de hecho la invadió en 1939- había enviado un espía para matarlos.

Pero abandonadas las pretensiones a Albania por parte de su primo, de la Quadra optó por ser él mismo quien reclamara varios tronos. Primero el de Navarra, ya que como recordaréis, se consideraba a sí mismo descendiente directo nada menos que de Iñigo Arista, y por lo tanto varón primogénito de la Casa Real de Navarra. Pero en un repliegue de modestia, y como también se decía descendiente de los Condes de Urgell, soberanos de Andorra, le pareció más sencillo acceder al trono del principado pirenáico, donde se encontró con que  tenía competencia...

Sucedió que en 1934, un supuesto noble ruso llamado Boris Mikailovich Skossyref se asentó en Andorra, que tenía como copríncipes al presidente de la República Francesa y al obispo de la Seo de Urgell, estando el gobierno formado por un Consejo General de los Valles.

Decidido a convertirse en rey a cualquier precio, Boris consiguió convencer a 23 de los 24 consejeros para que votasen a favor de instaurar la monarquía, cosa que hicieron el 7 de julio (sí, ya veis que todos estos asuntos dinásticos tienen siempre bastante que ver con el vino y con las fiestas). Los periódicos de la España republicana, que se habían tomado a broma desde el principio toda esta locura, descubrieron un filón para burlarse todavía más de lo que acontece en Andorra: dar pábulo a las ocurrencias de otro pretendiente, que como ya habréis imaginado no era otro que Fernando de la Quadra Salcedo. 

Éste, en varias cartas dirigidas al periódico "El heraldo de Madrid", de las que también se hicieron eco otros medios como ABC,  rizó el rizo retando a un duelo a espada a Boris I para decidir en un combate de campeones a quién correspondía realmente el trono de Andorra. Y no creais que el ruso se achantó, porque contestó por la misma vía al bilbaino de la siguiente forma: "habré de demostrar a usted, cuando y como le acomode, que un caballero no puede manchar la dignidad de otro caballero sin dejar de serlo".

Harto ya de tanta locura, el obispo de la Seo de Urgell denunció lo que estaba ocurriendo en Andorra ante la Guardia Civil (tomad dosis de surrealismo hispano), que acabó deteniendo al "rey" Boris, el cual acabó preso en Madrid, en aplicación de la Ley de Vagos y Maleantes. Tras unas pocas semanas fue puesto no obstante en libertad, y marchó al exilio.

Tristemente, la farsa trocaría en tragedia muy pronto...

El 18 de julio de 1936, el general Franco se sublevó en África contra el Gobierno legítimo, y la villa de Bilbao quedó dentro de las zonas leales a la República. No habiendo autoridad reconocible, pues el Gobierno Vasco no quedaría constituido hasta el 7 de octubre de ese mismo año, milicianos y grupos armados de los distintos partidos camparon durante dos meses a sus anchas, ejecutando y deteniendo a quienes consideraban enemigos de la Revolución o del Proletariado. 

Alguien que, como el inofensivo Fernando de la Quadra, presumía de nobleza de sangre e incluso de sus derechos a varios tronos, se convirtió por tanto en objetivo prioritario de varios de esos grupúsculos, siendo detenido finalmente al parecer por anarquistas -a los que, como de costumbre, la imaginación se la traería al pairo-, que lo llevaron al Altuna-Mendi, un barco prisión fondeado en la ría.

Allí dentro, igual que muchos otros desgraciados, fue fusilado Fernando de la Quadra Salcedo y Arrieta Mascarúa sin juicio alguno el 25 de septiembre de 1936, apenas diez días antes de que José Antonio Aguirre fuese nombrado primer Lehendakari y acabase con los paseos y los asesinatos arbitrarios. Tenía cuarenta y seis años, los mismos que ahora tengo yo, y os aseguro que no puedo dejar de sentir un cierto escalofrío al imaginarme la escena.

Fusilamiento de Maximiliano I, de Edouard Manet
Así que ya veis: quizás no vivió como un rey, pero si que al menos murió como Luis XVI de Francia o Maximiliano I de México, cosa que supongo que no le haría nada feliz en ese brutal momento, pero que me parece un giro del destino de lo más curioso, y un caso clarísimo de justicia poética. 

Don Julio Caro Baroja, que también lo conoció, escribió con pesar: “su fin trágico no fue el que correspondía a alguien de carácter tan apacible”.

Todavía en 1965, su amigo César González Ruano le recordaba en su Diario Íntimo, con motivo de la muerte ese mismo año de otro viejo conocido: el barón de Beorlegui, aquél a quien Fernando quiso hacer rey de Albania: 

"Ha muerto ayer en Madrid el barón de Beorlegui, don Manuel González de Castejón, tan unido a raros recuerdos míos de aquellos años en que yo andaba mucho con el poeta Fernando de la Quadra Salcedo, marqués de los Castillejos, que proyectaba para su primo el acceso al trono de Albania. Beorlegui era ingeniero agrónomo, cantaba zortzicos y tenía una noble barba. A mí me recordaba físicamente a aquel zar Fernando de Bulgaria..."

Y por mi parte, acabo aquí con la estrambótica historia del último y soñador rey de Navarra, que me temo que he alargado demasiado. No me cabe la menor duda de que hubiese hecho buenas migas con él, de haber coincidido ambos en el tiempo. 

Y, quién sabe, quizás hasta hubiese aceptado yo los derechos al trono de Albania que el sobrepasado barón de Beorlegui (al parecer su candidatura al trono trajo consigo que un grupo de albaneses, que el periódico republicano "La Libertad" describe muy gráficamente como "imponentes, llenos de cartucheras, embigotados y pavorosos" se empeñaran en servirle durante un tiempo como Guardia Personal, para solaz y diversión de toda la ciudad de Santander)  no se atrevió a defender, porque además puedo confirmaros que el dolmán me sienta igual de bien que al rey Muskar XII de Syldavia... 



De todas formas, ya sabéis: Euskalerria aurrera.  Shkiperia perpara!



©MIKEL ZUZA VINIEGRA, 2016




lunes, 30 de mayo de 2016

SCHERZOS





COMO SIEMPRE, APURANDO EL ANUNCIO EN MI PROPIA CASA, PERO EL CASO ES QUE AQUÍ OS PRESENTO MI NUEVO LIBRO, QUE PARA VARIAR TRATA SOBRE LAS PERIPECIAS DE  MÚSICOS ANTIGUOS, Y NO SOBRE LAS CUITAS DE LOS REYES DE 
NAVARRA (AUNQUE TAMBIÉN HACEN -O QUISIERON HACER- ALGÚN CAMEO). 

SI NO ME EQUIVOCO, Y CONTANDO LAS ANTOLOGÍAS, HACE EL NÚMERO OCHO DE MI PRODUCCIÓN LITERARIA, LO CUAL ME HARÁ INEVITABLEMENTE CORRER EN BUSCA DEL NUEVE, QUE PARA ESO ES MI NÚMERO FAVORITO. 

ESPERANDO QUE OS GUSTE MUCHO, OS DEJO CON UNA DE LAS MÚSICAS QUE SUENAN -Y TAMBIÉN SUEÑAN- EN ÉL:



© MIKEL ZUZA VINIEGRA, 2016


viernes, 27 de mayo de 2016

FELIZ CUMPLEAÑOS PRÍNCIPE

Olite, 29 de mayo de 1431

Cumple hoy el príncipe de Viana diez años, y aunque su madre doña Blanca dio aviso -él nunca se acuerda- a su marido don Juan para que estuviera presente en la celebración, un mensajero llegó anoche anunciando que el rey siente no poder acudir al festejo debido a los "importantes negocios" que le retienen en sus dominios castellanos.

No es que a ella le sorprenda mucho esa ausencia, cada vez más frecuente, así que, como de costumbre, ha preferido adelantarse a la decepción de Carlos y encargarle un magnífico regalo que haga olvidar al niño que, a pesar de no verlo más que de Pascuas a Ramos, efectivamente tiene un padre.

Y ese especialísimo presente es nada más y nada menos que un impresionante dragón, como aquél que dicen que encontró su antepasado el rey Teobaldo cuando pasó por la Capadocia, de camino a Jerusalén. Ha comisionado para ello al mejor artista de la corte, don Gabriel del Bosch, para que investigue en los vetustos archivos de la corona navarra todo lo referente a esas maravillosas criaturas aladas, cuyo aliento de fuego espanta a los malvados y vivifica a los corazones dormidos.


Y sí, sí que en los polvorientos legajos halla el pintor datos desconocidos sobre aquella trovadoresca expedición, y mucho se sorprende de hallar un documento escrito de puño y letra por el propio Teobaldo I en el que afirma estar muy interesado en ofrecer matrimonio a una reina llamada Daenerys de la Tormenta, que al parecer vivía por aquellos pagos, y cuya intitulación dejaba en prácticamente nada la suya propia de Rey de Navarra y conde de Champaña, pues ella era conocida como "la que no arde, reina de Meereen, reina de los Ándalos y de los Primeros Hombres, Khaleesi del gran mar de hierba, rompedora de cadenas y -sobre todo- Madre de Dragones".

Y además de todo eso, era rubia y hermosa, que no son malas añadiduras, como cualquier pintor de corte medianamente informado sabe. Sin embargo nada decía el documento de cómo acabó aquel asunto, y por tanto sobre si don Teobaldo y doña Daenerys se llegaron a conocer. Lo que es peor: tampoco aparecían representados por ninguna parte aquellos dragones de los que la tal reina decía ser madre.

Esto contrarió especialmente a Gabriel del Bosc, porque no sabía muy bien donde inspirarse, así que fue  a contarle sus cuitas a doña Blanca, que además de ser rubia y hermosa, era también inteligente. mucho más desde luego que doña Daenerys, que a decir de muchos cronistas no hizo en su tiempo más que dar vueltas y más vueltas por la Bardena. Hay que ser lela: con el peligro que tiene el sol inclemente para las rubias...

El caso es que bien que sabía la reina de Navarra dónde podía hallar inspiración su pintor favorito, pues aunque mucha gente lo desconociese, había dragones en el corazón del reino a los que podría visitar sin problema alguno tan eximio artista.

A los que habitaban en el pavimento del salón regio del palacio de Tiebas se estaba refiriendo. Y doña Blanca los conocía perfectamente, pues muchas veces danzó descalza sobre su pulida superficie, apoyando su brazo en el de su primer novio, don Martín de Ayanz. ¡Ay! Cuantas veces se dice  a sí misma que hubiera sido mucho más feliz con él que con el sieso de su marido. Pero entonces ve corretear a su hijo Carlos por las galerías doradas de Olite y piensa que al menos ha salido algo bueno de tan resquebrajado matrimonio. Aunque eso no hace que -en su memoria- deje nunca de danzar abrazada a don Martín.


El salvoconducto de la reina abre por tanto las puertas de Tiebas a don Gabriel, y queda allí maravillado, como cualquier persona con un mínimo de sensibilidad y conocimiento artístico, de los dragones allí representados. Toma de ellos muchos bocetos y apuntes al natural que, más tarde, al abrigo de su taller en la rúa Mayor de Olite, va desarrollando para convertir aquel diseño en figura enorme y tridimensional, que entre  doce hombres han de llevar -bien cubierto por un telón, para mantener la sorpresa- hasta el jardín del palacio.

Allá, en presencia de toda la corte, y por supuesto de la reina, el príncipe de Viana, retira la sabana que cubre  aquel prodigio alado, y queda tan maravillado como el resto de la concurrencia, pues mueve  los ojos aquel endriago como si estuviera vivo, e incluso arroja fuego por su terriblemente dentada boca.

A media tarde se empeña el niño en que suban al dragón a la torre del Homenaje, para que todos en la villa puedan asombrarse con las llamaradas que el dinosaurio suelta. Y los chantres de Santa María y los de San Pedro no dejan de santiguarse ante portento tan grande.

Luego, cuando ya rendido descansa don Carlos al fin en sus habitaciones, feliz por haber recibido el mejor regalo que un príncipe cristiano hubiera podido soñar, doña Blanca da orden a su chambelán de que averigüe dónde para don Martín de Ayanz.

Y es que con mucha razón dicen que las llamaradas de un dragón vivifican a los corazones dormidos...



EFECTIVAMENTE, EL PRÓXIMO DOMINGO DÍA 29 DE MAYO, SE CUMPLIRÁN 595 AÑOS DEL NACIMIENTO DE CARLOS, PRÍNCIPE DE VIANA, AL QUE POR MUCHOS MOTIVOS Y DESPUÉS DE TANTOS AÑOS DE ESTUDIO, CONSIDERO YA COMO UN AMIGO. 

Y UNOS CUANTOS ANDAMOS METIDOS EN LOGRAR -NO SÓLO PARA ÉL, SINO PARA DISFRUTE DE TODO EL PUEBLO DE NAVARRA-, LA RESTAURACIÓN DE ESOS PRECIOSOS DRAGONES DE TIEBAS.


SEGUIREMOS INFORMANDO...






© MIKEL ZUZA VINIEGRA, 2016

jueves, 19 de mayo de 2016

HOJAS DE CASTAÑO


Para los olitenses de adopción histórico-artístistico-sentimental como un servidor de todos ustedes, las noticias que Luismi Escudero periódicamente escribe en su estupendo blog El Olitense nos mantienen informados y nos llevan -estemos donde estemos en ese momento- de nuevo a la villa más hermosa del reino de Navarra, lo cual le agradezco yo sobremanera.

Estos últimos días nos ha mostrado los preciosos escudos de la portada del convento de San Francisco y, al volverlos a contemplar con atención, he recordado inmediatamente una de esas noticias tan bien expuestas que el citado blog contiene. Una de hace apenas dos años que nos hablaba del descubrimiento en las recientes obras de restauración de la capilla de San Jorge del palacio real, de una hoja de castaño perteneciente, casi con total seguridad, a la orla de un escudo que en aquel arruinado lugar hubo en su tiempo.

http://txokomaiteabi.blogspot.com.es/2014/08/donde-esta-el-escudo-del-rey-carlos-iii.html

En 1869, Juan Iturralde y Suit -que como veis vuelve a salir en estos desvaríos míos- y Aniceto Lagarde, todavía pudieron dibujar esas armerías, que estaban aún en pie. Pero entre ese año y la restauración del palacio a comienzos de los años 30 del siglo XX, la pared se vino abajo y lamentablemente ese testimonio heráldico de nuestro rey más importante, Carlos III, debió perderse también.



¿Pero y si no fue así?

Si contemplamos el dibujo de Lagarde de esos escudos de los que os estoy hablando, veremos que se trataba de los de la pareja real: el de Carlos III a la izquierda, con las armas de Navarra y Evreux en cuartelado, y las de la reina Leonor de Trastámara (su "muyt amada companneyra", como él mismo afectuosamente la denomina en muchos documentos) a la derecha, con un partido de Navarra, Evreux, Castilla y León.

Si nos fijamos bien, el del rey está rodeado por un collar de hojas de castaño (como la que apareció en la reciente campaña arqueológica), lo cual no es nada extraño porque ese collar es el de la Orden de Bonefoy, fundada por Carlos III para dar realce a su corte y cuya representación rodeaba por doquier a la familia real. Sin embargo hoy en día apenas quedan un puñado de imágenes de ese collar en Olite, y curiosamente ninguna rodeando por completo a las armas del rey.

Aunque no, eso no es cierto: sí que queda uno: precisamente el que corona la portada del convento de San Francisco, que a simple vista puede apreciarse que no formaba parte originariamente de la misma, sino que fue colocado allí en algún momento posterior, pues hasta interrumpe la perfecta alineación del resto de los sillares de la fachada.



En algún momento posterior, que muy bien pudo ser a partir de 1869, cuando todavía campeaba en el muro de San Jorge, y que alguien de buen gusto debió salvar de la ruina de esa parte del palacio. Efectivamente: mi hipótesis es que antes del derrumbe total de esa pared, o quizás justo después, se recogió ese escudo, último superviviente de la capilla palatina, y afortunadamente se recolocó en San Francisco, donde todavía se conserva.


Porque, como podéis, ver son exactamente iguales, excepto porque sólo tiene una hoja pendiendo del collar, y no dos, como al parecer pudo tener en San Jorge, porque como supondréis, creo que estos dos escudos son -quizás- el mismo.

De todas formas, como esa hoja volvió del olvido del tiempo hace dos años, quizás vaya siendo ya hora de reunirlas de nuevo...


Quisiera subrayar, no obstante, que hay bastante de imaginación en mis suposiciones: justo como a mí me gusta.

Reitero mi agradecimiento en cualquier caso a Luismi Escudero, por propiciar con su trabajo que mi fantasía se ponga en marcha. Aunque, sin que naturalmente sirva de precedente, creo que esta vez hay poco de fantástico y mucho de real -de regio al menos desde luego que sí- en mi averiguación... 

ADDENDA: 

Tenía una vaga idea sobre que esto de los traslados "inter-edificios" en Olite no era algo fuera de lo común. Y la consulta del Catálogo Monumental de Navarra me lo confirma, porque aunque a mí me cueste muchísimo creerlo, y opine que se equivocan, dan por bastante probable que la arquería que ahora está situada delante de la iglesia de Santa María, estuviera originalmente colocada delante de la de San Francisco, lo cual explicaría lo similares que son los escudos de las ménsulas que sostienen las figuras de la reina Blanca y de la Virgen María en la portada de ese claustro, y los de la portada de San Francisco de la que os estoy hablando. Cuándo pudo llevarse a cabo ese hipotético traslado, ya es más difícil de determinar, aunque se puede situar posteriormente a 1755, que es cuando se levantó el nuevo convento franciscano, que sólo aprovechó la portada exterior y varios sepulcros de la primitiva construcción.






     © MIKEL ZUZA VINIEGRA, 2016

lunes, 25 de abril de 2016

SANTA ÁGATA DE CATANIA PRECURSORA DEL NACIONALISMO VASCO


Participar en una de las estupendas propuestas culturales que organiza la Asociación Grupo Valle de Izagaondoa puede traer inesperadas consecuencias intelectuales...

Llevaba mucho tiempo detrás de poder ver in situ las pinturas murales que hace pocos años se encontraron en la iglesia de San Adrián de Olloki. Que hayamos tenido la fortuna de que vayan apareciendo más obras de Jehan Oliver (junto con Jehan Lome de Tournay, sin duda el artista más importante de nuestra Edad Media), además de la que sin duda alguna realizó para el refectorio de la Catedral de Pamplona, bien merecen una visita, ya que desgraciadamente las que también aparecieron en Ororbia no pueden verse por estar cubiertas por el retablo renacentista.


El caso es que estaba oyendo con atención las explicaciones de mi amigo Simeón Hidalgo, cuando al escucharle la transcripción de la cartela que lleva un ángel en el espectacular cortejo de guerreros (representados minuciosamente por Oliver a la manera de los que podía ver en la Pamplona del siglo XIV), algo se puso en marcha en mi cabeza. ¿Dónde había oído yo antes ese texto?



Dice así: "Santam Spontaneum Honorem Deo et Patriae". Y por fin lo he recordado: en los Cuentos y Leyendas de Juan Iturralde y Suit, autor  y magnífico dibujante de finales del siglo XIX que fue el principal promotor de la Asociación Euskara de Navarra en 1877, y también de la Comisión de Monumentos durante muchos años. Según su amigo y discípulo Arturo Campión: "Su vastísima erudición y sus conocimientos en el campo de la historia navarra eran superiores a cuantos habían tratado de ella desde el Padre Moret".

Efectivamente, aunque las leí cuando yo era un crío, y recuerdo que por su temática me gustaron, ahora su estilo tardorromántico me las hace ver un tanto aburridas y pasadas de moda. Literariamente hablando, probablemente hasta en su propia época -caracterizada por la representación del realismo cotidiano- lo estuvieran ya.

En la titulada "La campana de Nájera", que cuenta el hallazgo de la talla de la virgen por el rey don García en el año 1044 se cuenta:




Así que -inesperadamente- del fondo de mis recuerdos infantiles venía la misma inscripción que según la Leyenda Dorada un ángel dejó sobre la tumba de Santa Ágata, martirizada en el año 253 en su siciliana ciudad de Catania. ¿Cómo podía ser?

La Leyenda Dorada fue escrita por el dominico Jacobo de la Varágine en 1264, y a partir de entonces se extendió vertiginosamente por toda la Cristiandad, pues lo que contaba en sus numerosas páginas era la vida de los santos y de las santas, no ahorrando detalles escabrosos sobre los martirios a los que fueron sometidos. El morbo no es cosa de ahora...

Para lo que nos interesa, su importancia estriba en que todos los artistas utilizaron esa recopilación para plasmar en cualquier soporte esas mismas vidas sagradas. Y por supuesto también lo hizo Jehan Oliver en los muros de Olloki, donde dejó pintados los hechos principales de la vida de Santa Ágata (o Águeda), que según de la Varágine era una doncella de familia noble "sumamente bella y atractiva". Puede que por eso el cónsul Quintiliano "plebeyo, libidinoso, avaro e idólatra" -lo tenía todo, el andoba- quiso casarse con ella, pensando en conseguir cuatro cosas: "convertirse en noble, disfrutar de su hermosura saciando con ella su concupiscencia, disponer de las cuantiosas riquezas de su familia y agradar a los dioses paganos arrastrándola a la idolatría".

Habrá que convenir con de la Varágine en que estos romanos eran más malos que Griján y piores que Colatre. Yo desde luego convengo en ello, más que nada porque como ya sabéis los que acostumbréis a leerme, no puedo ni verlos y mis héroes principales son Haníbal, Espartaco y el Vesubio (por ese orden natural a la hora de acabar con cuantos más romanos, mejor). Bueno, Atila también me cae bastante bien, para qué voy a negarlo...

El caso es que, como todos habremos supuesto, Ágata lo rechazó sin contemplaciones, y el malvado Quintiliano no se lo tomó nada bien, y como además de mandarlo "ad paseum" ella se negó a hacer sacrificios a los dioses páganos, ordenó torturarla cruelmente, mandato que de la Varagine nos dice que ella recibió con "suma alegría y felicidad".

Se nos cuenta luego que primero le descoyuntaron los huesos en el potro, pero que como eso no la hizo renegar de Cristo, Quintiliano ideó que uno de sus esbirros le arrancase uno de sus pechos. Ella entonces pidió que le arrancasen los dos. Medio muerta fue llevada a su calabozo, donde recibió la visita de un viejo médico que resultó ser el apóstol San Pedro, que cual precursor del doctor Pitangüy, recompuso sus pechos milagrosamente en un periquete.

Martirio de Santa Ágata en la Biblia de Sancho VII el Fuerte, realizada por
Fernando Perez de Funes, lo que demuestra que su culto estaba implantado
en Navarra al menos para el año 1198
Por cierto, que José María Iribarren y José María de Cossío aún pudieron recoger en los años cuarenta del siglo XX esta copla navarro-aragonesa, de lo más alusiva:

«Águeda que no quisiste 
a los dioses adorar, 
en prueba de tu constancia 
las tetas te han de cortar .

Y le respondió la Santa 
con afecto singular: 
Que cuerten por donde quieran 
que cuerten si han de cuertar .

Y le cortaron las tetas 
como aquel que cuerta el pan.»


Como podremos comprender, a estas alturas el imaginativo Quintiliano estaba ya verdaderamente enfadado, así que ahora se le ocurrió quemarla en la hoguera. Y no puedo dejar de imaginármelo con el aspecto patricio y consular que siempre tuvo Javier Krahe mientras cantaba: "pero dejadme, que yo prefiera, ¡la hoguera, la hoguera, la hoguera. La hoguera tiene un qué sé yo, que sólo tiene la hoguera!". Pero en ese preciso momento se produjo un terremoto (cosa habitual en Sicilia), y el tormento tuvo que aplazarse una vez más, aunque el fuego no parecía haberle hecho tampoco demasiado daño. Sin embargo a estas alturas la resistente Ágata ya estaba un poco cansada, y tras pedir al Señor que se la llevase de una vez, murió en prisión el 5 de febrero del año 253.


Cuando los cristianos estaban embalsamando su cuerpo para enterrarla, llegó un cortejo formado por más de "cien mancebos hermosísimos (los que Oliver representó como guerreros en Olloki), presididos por un joven revestido con ornamentos de seda". Nadie los conocía, ni nadie los había visto nunca por aquella región. El más bello se acercó al cadáver de la mártir y tras adorarla, puso junto a su cabeza una lápida de mármol. Al instante, todos desaparecieron como por ensalmo.

Y ya habréis adivinado cuál era la inscripción de esa lápida. Pues natural (o más bien sobrenaturalmente) : "Mentem sanctam spontaneam, honorem Deo et patriae liberationem".

Al año siguiente de su martirio, el Etna entró en erupción, y los ciudadanos de Catania, aterrados, corrieron a su tumba para arrancar el velo que respetuosamente la cubría. Lo colocaron en la puerta de la localidad, y la lava se detuvo al momento, convirtiéndose así Ágata en abogada contra el fuego.

Ah, y tranquilas y tranquilos, que el desalmado Quintiliano tuvo el final que merecía: yendo en su cuadriga para requisar todos los bienes de Ágata, los caballos se desbocaron y fue a caer entre sus patas.Uno le mordió y otro le dio tal coz que cayó a un caudaloso río cuyas aguas lo engulleron, sin que a día de hoy haya aparecido todavía su cuerpo...

Esa primera -y angélica- aparición del lema, y su indudable relación con Santa Ágata, no explica sin embargo qué podía pintar en una campana de los siglos VIII al XI como aquella de la que habla en su historia Iturralde y Suit. Pero lo entenderemos mejor si os digo que esto no ocurrió exclusivamente con la najerina, sino también en docenas, cientos de campanas a lo largo de las señorías italianas, de Aquitania, de Francia, de Aragón, de Castilla y -como no- también del reino de Navarra. Por ejemplo la inscripción está grabada en campanas medievales o renacentistas que cuelgan en los campanarios de Etxarri-Larraun, Ansoain, Ilurdotz, Usetxi, Santa Magdalena de Tudela o Esnoz.

Según Favreau, que es quien más ha estudiado este asunto, desde finales del siglo X la santa tuvo un oficio litúrgico propio, y muy pronto comenzó a recitarse durante su celebración la antífona "Mentem sanctam spontaneam, honorem Deo et patriae liberationem", y también se hacía siempre alusión a su poder sobre el fuego. Pero fue sobre todo a raíz del éxito de la Leyenda Dorada, cuando el culto a Santa Ágata conoció su mayor extensión.

¿Pero y las campanas? ¿Por qué se grababa el lema aguedino en las campanas? Pues porque en aquella época las campanas se bendecían al ser colocadas en sus torres, para que cada vez que se produjese una tormenta, un accidente natural o un fuego, el sonido de las campanas conjurase la amenaza, o al menos advirtiese del peligro a los vecinos. Y recordad que ya os he dicho que Santa Ágata fue considerada abogada contra el fuego. Y pensad lo frecuentes que estos eran, en unas poblaciones donde excepto los más ricos, todos vivían en casas construidas fundamentalmente con madera...

El mismo autor nos informa de que la primera campana conservada en la que aparece la inscripción es la de San Juan Evangelista de Ravena, en 1208. Es, desde luego, una fecha bastante más lógica que la de la campana de Nájera, que Iturralde hizo remontar al siglo VIII. Aunque ya hemos visto en su texto que el padre Moret asegura en su Crónica que en el siglo XVII esa campana todavía se guardaba en el monasterio riojano, así que si le damos crédito, tendremos que admitir que realmente existió...

En fin, espero que os haya gustado esta historia de Santa Ágata tanto como a mí, y que si algún día os veis cercados por el Vesubio, os acordéis de ella, porque seguro que os saca de semejante apuro.

Que no, que no se me ha olvidado el título que he puesto a mi relato y por lo tanto no se acaba aquí, era sólo para desconcertaros un poco. Un poco menos de lo que supongo que os desconcertará mi explicación sobre la relación entre la santa siciliana y el nacionalismo vasco. Pero esperad, esperad un poco nada más.

La interpretación que la Iglesia dio al lema que un ángel dejó sobre la tumba de Ágata de Catania fue siempre relacionada con el reino de los Cielos, y no con ninguna patria terrenal. Así, "Mentem sanctam spontaneam, honorem Deo et patriae liberationem" vendría a traducirse como: "Tuvo un alma santa. Se consagró al Señor espontáneamente. Dio honor a Dios y alcanzó la patria eterna". Una traslación demasiado literal y poco comprometida tal vez.

Pero recordemos que Iturralde  y Suit no dio su propia interpretación a finales del siglo XIX, sino que adoptó la que el cronista Moret había dado ya en 1684, en el Libro XIII, capítulo II, de sus famosos Annales, y que resulta evidentemente mucho más política:

"Honor a Dios y Libertad a la Patria", entendiéndolo como que el reino de Navarra basaría su acontecer histórico a partir de entonces en ser una nación eminentemente cristiana, pero sobre todo libre y soberana. ¿Y quiénes en ese mismo final del siglo XIX en el que Iturralde recordó lo que decía Moret dos siglos antes, elaboró una teoría política, heredera en cierto modo del recién derrotado Carlismo?

Pues los hermanos Luis y Sabino Arana, que fundaron en 1895 el Partido Nacionalista Vasco, cuyo lema era y sigue siendo "Jaungoikoa eta Lege Zaharrak" JEL. Dios y Leyes Viejas. Oséase: Dios y Fueros, las leyes que históricamente aseguraron la libertad de los territorios vascos.

Tenemos pues, para nuestra sorpresa, el lema que supuestamente un ángel dedicó en el siglo III a la siciliana Santa Ágata (aunque con seguridad sólo podamos confirmarlo documentalmente desde finales del siglo IX), grabado en campanas por toda Europa a partir de entonces, recogido en una leyenda por el primer cronista del reino de Navarra en el siglo XVII, y convertido en marca y emblema de un partido político en el siglo XIX. Y también en el XX, porque aún bajo la dictadura de Franco, miembros del proscrito PNV, refugiados en la Real Sociedad de Amigos del País, siguieron empleando el lema propuesto por Moret, elevándolo a la categoría de Lema Real de Navarra, como demuestra esta dedicatoria que os adjunto inserta en el libro "Historia del reino de Navarra", de Carlos Clavería, conspicuo miembro -en la clandestinidad- del PNV en Navarra, y cuya primera edición data del año 1971: 



Al año siguiente, se dio en las páginas del Diario de Navarra una polémica sobre este mismo asunto, entre el abogado Joaquín Olcoz -miembro de la citada Real Sociedad de Amigos del País, trasunto del PNV navarro- y el director del periódico, J. J. Uranga Santesteban "Ollarra". Al parecer los Amigos del País habían colocado en la tumba de los primeros reyes de Navarra en Leyre una placa justo con el mismo texto de la dedicatoria del libro de Clavería, y el 11 de junio ambos publicaron su opinión sobre el dichoso lema. 

El artículo de Ollarra llevaba por título: "Un falso lema real de Navarra", y en él se acusaba -admitamos que con bastante fundamento- de credulidad histórica a los Amigos del País por haber aceptado sin dudar la leyenda de la aparición de la virgen de Nájera al rey don García, leyenda que sólo comienza a extenderse a partir del siglo XVI. Es imposible que en 1052 el rey de Navarra -o el propio reino- tuvieran un lema, porque ese fenómeno no se da hasta varios siglos más tarde. Y eso por mucho que lo defendiese Moret, que como autor del siglo XVII que fue, recoge las leyendas como si estuvieran basadas en hechos históricos reales. En cuanto a Iturralde y Suit, es evidente que retomó el lema tratándolo claramente como leyenda, y en ningún caso como historia. 

Con la muerte de Franco, ya no hacía falta esconder el lema del PNV, aunque debió haber ciertas reticencias en la organización a mantenerlo, por lo que en el Primer Congreso tras la restauración democrática, que se celebró en Pamplona en 1977, el Partido determinó que:   
Euzko Alderdi Jeltzailea. Partido Nacionalista Vasco, fundado por Sabino Arana, recibe su nombre del lema "Jaungoikoa eta Lege Zarra", expresión que conjuga una concepción trascendente de la existencia con la afirmación de la Nación Vasca, cuyo ser político ha de expresarse a partir de la recuperación de la soberanía contenida en el Regimen Foral.
Sin embargo aún he encontrado una mención más reciente -año 2007- al lema proveniente de Santa Ágata. En respuesta al artículo publicado por el escritor Miguel Izu en el Diario de Noticias, titulado "La falsedad, al Boletín Oficial", la escritora Arantzazu Amezaga publicó otro del que entresaco este párrafo, que demuestra que todavía hoy existe gente que cree que ese fue el Lema Real de Navarra, pero que sobre todo nos da a conocer un dato bien ilustrativo: 

Al fundar su partido, poco después, Sabino Arana modeló la forma final de la ikurriña, cuyos datos se exhiben en Castejón, ondeando desde el Batzokija de Bilbao hasta Zuberoa, pasando por Gipuzkoa, Lapurdi, Benabarra y Zuberoa, y llegó a los numerosos centros vascos (Eusko Etxeak) de América, los fundados por exiliados de las guerras carlistas y de la centralización administrativa francesa. Fue un éxito de tal magnitud que, solamente eso, hace grande a Sabino. Arana estuvo asesorado por los navarros Aranzadi e Irujo, ambos abogados, porque traduce para el lema exhibido en Castejón, el concepto de Fueros asociado al de Naturaleza Antigua que las Cortes de Navarra habían aplicado y los reyes de España jurado a partir de la invasión de 1512, y el Gloria a Dios y Libertad a la Patria del lema de 1052, estampado en las campanas de Nájera, entonces Navarra.
    
¿Tengo que decir que Aranzadi e Irujo formaban parte fundamental del Movimiento Euskaro presidido por Iturralde y Suit, y que por lo tanto conocían las leyendas que aquél había escrito, y pudieron así transmitírselas a Sabino Arana cuando vino a las manifestaciones contra el ministro Gamazo que se celebraron en Castejón y Pamplona en 1893? Ahí está evidentemente la conexión entre el lema de Santa Ágata y el del PNV,que sería adoptado dos años más tarde, en 1895, y que increíble -pero sobre todo indudablemente- mantiene vivo y coleando un supuesto mensaje angélico del siglo III, en pleno siglo XXI. 

Pero no soy yo -que me invento tantas cosas- quién para reprochar a nadie que hiciera lo mismo que tanto me gusta hacer a mí. Y menos que a nadie a don Juan Iturralde y Suit, cuya obra admiro y al que hace bastantes años ayudé todo lo que pude a mantener su memoria, cuando el panteón donde está enterrado en el cementerio de Pamplona estaba a punto de hundirse y dí toda la brasa que pude en los periódicos para que fuese restaurado. Cosa que el Ayuntamiento hizo, y bien que se lo agradezco.

D. Juan Iturralde y Suit
(1840-1909)
Al contrario, casi diría que, fantasioso como soy, me encanta que un partido político de la actualidad base su lema centenario en algo tan etéreo -nunca mejor dicho- como es un ángel siciliano, cosa en la que juro que nunca hubiera caído yo de no comparecer el pasado sábado en la iglesia de Olloki, para quedarme embobado con el retrato de Santa Ágata que en sus muros dejó el maravilloso pintor Jehan Oliver. 

Así que espero que ambos perdonen mi atrevimiento por este montaje fotográfico que voy a perpetrar ahora mismo, que aunque resume muy gráficamente lo que he escrito, servirá además para sacar de quicio una vez más al malvado Quintiliano. Bueno, y seguro que a unos cuantos "cónsules romanos" alérgicos a la bicrucífera de los que tanto abundan por estos pagos, también. Como si lo viera. Pero no es más que una broma, porque si hay algo que yo deteste de veras es a quienes se toman las cosas demasiado en serio:



Conste, de todos modos, que la única bandera que realmente aparece en Olloki es esta otra. El emblema de cuando Navarra era un país independiente: 




Y para finalizar, una confesión. Estuve una vez en Catania. Y aunque, por ser ya tarde, no pude entrar a ver la tumba de la bienaventurada y sabia Ágata, y tampoco el busto que la representa, y cuya corona (atención, Sagastibelza) fue al parecer regalada por Ricardo Corazón de León, y por tanto probablemente también por su esposa Berenguela de Navarra, sí que puedo confirmaros que ni toda la lava del Etna hubiera podido derretir los fabulosos y helados granites que dan fama a aquella ciudad.  





© MIKEL ZUZA VINIEGRA, 2016