jueves, 27 de agosto de 2015

HEREJES

Afirma el padre Vera Idoate en su obra fundamental sobre las Cruzadas, que llegada al Asia Menor la expedición navarra comandada por don Teobaldo I, dieron con la entrada de un extraño valle donde los emperadores de Constantinopla llevaban confinando desde tiempo inmemorial a los que se desviaban del dogma oficial.

Muchos carteles en griego, en latín y aún en árabe advertían del peligro de sobrepasar aquellos confines, pero como no era el rey hombre que se arredrara fácilmente, ordenó  a su ejército que rodease la misteriosa  cuenca mientras él, acompañado únicamente por su lugarteniente Jimeno de Orisoain, se introducía a buen paso por el angosto desfiladero.

Fueron los primeros en salirles al paso los Paulanitas, que seguían las enseñanzas de Paulo Samosateno, que entre muchos otros dislates teológicos, defendían con ardor que las mujeres pudiesen cantar en las iglesias. Poco más adelante se las vieron con los Recabitas, que tenían prohibido beber vino y edificar casa ninguna. Esto ya empezó a causar ciertas discrepancias entre ambos viajeros, que se acrecentaron al llegar a los predios dominados por los Origenistas, que acataban los mandamientos dictados por Orígenes de Egipto, sobre todo aquellos relativos a la consideración del matrimonio como una invención diabólica y a la posibilidad por tanto de dar rienda suelta a las pasiones más abominables fuera de tan horrenda institución.

La duda anidaba ya en el corazón y el entendimiento de los dos extranjeros, que aún tuvieron que enfrentar los argumentos de los Ofitas, que adoraban a Jesucristo bajo la forma de una monstruosa serpiente a la que alimentaban con la carne de sus enemigos, cosa que no preocupaba a los Gnósticos, que aborrecían el ayuno y se regalaban cuanto podían en comidas, baños y perfumes, además de compartir a las mujeres y acostumbrar a rezar desnudos, en señal de libertad. Los Hidroparastas comulgaban no obstante con los postulados de Taciano, y eran llamados así porque no ponían en el cáliz más que agua sola. ¿Y qué decir de los Hilobienos, cuya filosofía los obligaba a retirarse a los bosques para dedicarse a contemplar mejor la naturaleza? Pues que coincidían casi plenamente en ese deseo con los Gimnosofistas cuyo nombre proviene de dos palabras griegas que significan filósofo y desnudo, pues la mayor parte del tiempo iban sin ropa, salvo algunos de ellos que se cubrían con cortezas de árbol.

El valle llegaba a su fin cuando toparon con los Estoicos, corriente filosófica fundada por Zenón de Atenas en el pórtico más cercano a las sedes de la Academia y del Liceo. De esa puerta o galería –llamada en griego “stoa”- tomaron sus discípulos el nombre de Estoicos, que ponían la virtud por encima de todas las cosas con un rigorismo tal, que no admitían distinción alguna entre faltas leves o graves, pues ambas eran sinónimo de debilidad.

Y asiéndose desesperadamente los dos confusos transeúntes  a esa postrera enseñanza, abandonaron aquél paradójico recinto discutiendo entre ellos sobre la validez y pertinencia de las doctrinas en las que acababan de ser instruidos. Cada uno defendía una u otra según hubiera resultado más convencido, y no sería nada extraño que fuera en esos momentos cuando naciese el sofisma que defiende que siempre habrá tres opiniones donde se junten dos navarros. 


Y esto es así porque se olvida demasiado frecuentemente una de las enseñanzas fundamentales del buen Zenón de Atenas: “la naturaleza nos dio dos oídos y una sola boca para indicarnos así que debemos escuchar más  y hablar menos…"


Y esta, como quien no quiere la cosa, pero a la vez queriéndola mucho, es la crónica número 300 de este blog. Eso no la convierte ni en más especial ni en menos que las otras 299, pero es cierto que hay ya mucho donde elegir, y que el curioso o la curiosa tiene muchas historias reunidas para entretenerse, muchas más de las que uno pensó jamás que llegaría a escribir...



© Mikel Zuza Viniegra, 2015  

miércoles, 19 de agosto de 2015

HISTORIA DE UN RINCÓN SIN IMPORTANCIA


Hay lugares en la ciudad que, de tanto vivirlos, se nos aparecen inequívocamente cotidianos, rutinarios, anodinos. Pensamos que es imposible que allí haya ocurrido nunca nada, y que los pasos con que los medimos prácticamente a diario son los que dan verdadero color a ese monótono entramado urbano. Al fin y al cabo, una calle es sólo una calle...

Y en verdad, ¿puede haber algo más aburrido que esperar a que el semáforo se ponga en verde contemplando este grisáceo panorama?


¿O girando sólo un poco la cabeza, este otro aún más escatológico, con su enladrillado evacuatorio?


¿Cómo creer hoy día que precisamente ahí pudo pasar algo verdaderamente importante alguna vez, si hoy día es la aúténtica "Zona Cero" del aburrimiento pamplonés? Pues ya se imaginará cualquiera que me vaya leyendo desde hace unos cuantos años que acudiendo a la Historia, cuyo estudio no suele llevar aparejado muchas alegrías, más allá de poder ahorrarse el magro pago que un guía de turismo exige a quienes quieran compartir sus conocimientos.

Pero es que tratándose de Pamplona, mirar lo que queda, sabiendo también lo que hubo, da muchas más ganas de cruzar el paso de cebra de la fotografía en rojo a ver si un trolebús te lleva por delante, que de aguardar prudentemente al disco verde mientras disfrutas del panorama...

Porque por empezar por algún lado, ese emplasto de principios del siglo XX que hoy sirve de fachada a la que sin duda es la iglesia más fea de la cristiandad occidental (y estaría por apostar que también de la oriental) no estuvo siempre ahí, sino que antes hubo una airosa torre del siglo XIII, la más alta de Pamplona durante centenares de años. Hasta que los castellanos primero -en 1512- y el general O'Donnell después -en 1841- se encargaron de rebajarla en una cuarta parte de su altura original. De esa manera llegó a 1901, cuando cayó no en manos, sino a manos del arquitecto-estrella de la época: Florencio Ansoleaga. Tenía pensado para sustituirla una fachada muy original, como todas las suyas, más que nada porque todas sus obras son exactamente iguales, como puede comprobarse comparando este engendro con otros suyos como las Salesas o San Agustín. Nada, que al gachó le gustaba el estilo neorrománico, y no paró de verterlo por todos las calles de la ciudad donde le permitieron hacerlo. Tampoco lo tenía muy difícil: era el arquitecto municipal...

El caso es que, como digo, decidió sustituir una torre gótica -una de las pocas supervivientes además de la muralla medieval- por el estilo neorrománico que a él tanto le gustaba. Tanto, que hasta su panteón en el cementerio de Pamplona es -¡caramba, qué sorpresa!- "igualico, igualico al defunto de su agüelico". Pues si un desalmado dijo de Vivaldi que no es que hubiera compuesto seiscientos conciertos, sino que había compuesto seiscientas veces el mismo concierto, ¿qué podríamos decir de don Florencio, que sí que levantó seiscientas veces el mismo adefesio, perdón, quise decir "edificio"?

Pues desde luego que la torre  que había antes de que él le diese el finiquito era mucho más hermosa que la que él perpetró -el anónimo maestro de obras del siglo XIII no lo tenía muy complicado, admitámoslo-. Quienes hayan tenido la fortuna de viajar por la Toscana, podrán hacerse una idea cabal de lo que debió ser la Pamplona Medieval, con al menos una docena de torres-aguja surcando el aire. Y las más elevadas fueron las dos de San Cernin y la de San Lorenzo, oséase: las que defendían al burgo de San Cernin de sus belicosos vecinos de San Nicolás y la Navarrería, que naturalmente tampoco se quedaron atrás a la hora de levantar torres... Pero la que destacaba desde cualquier punto de la ciudad, el rascacielos medieval pamplonés por excelencia, siempre fue la de San Lorenzo. Por eso mismo la lamentable entente Cisneros-O'Donnell-Ansoleaga se aplicó con denuedo y en distintas épocas a demolerla hasta los cimientos.

San Gimignano


Aunque también tuvo sus defensores, y de mucha categoría, pues nada menos que Victor Hugo, todo un mindundi en esto del gusto estético, escribió esto sobre ella en 1843:

"Una torre magnífica, cuadrada, de ladrillos sin revoque (de sillarejo debió decir), de lineas sencillas y altaneras, domina el paseo plantado de árboles (la Taconera). Es el siglo XIII modificado por el gusto árabe (¿?) , como en Alemania o Lombardía ha sido modificado por el gusto bizantino. Una portada estilo Felipe IV (era borrominesca) completa ricamente la parte inferior, que sin ella quedaría un poco desnuda. Esta portada, que no tiene nada de chillón ni excesivo, ha sido una adición feliz. Es casi de estilo rococó. 

Esta torre majestuosa es un campanario. La vieja iglesia a la que estaba adherida desapareció. ¿Quien la ha destruido? ¿Habrá sido incendiada en alguno de los numerosos sitio que ha sufrido Pamplona?  

Me estaba diciendo esto, y un ángulo del campanario, donde hay una brecha profunda que parece haber sido causada por las bombas confirmaba en mi espíritu esta sospecha. Sin embargo, he empujado una puerta al pie de la torre y me he encontrado en una iglesia con aspecto de horrible buen gusto, del estilo más sencillo y más pobre, de un género semejante al de la Madeleine de París. Esto me ha dejado perplejo. ¿Será posible que para construir esta vulgaridad, decorada de triglifos y archivoltas, se haya demolido la vieja iglesia del siglo XIII?

La "buena escuela" desgraciadamente ha penetrado hasta en España, y esta "proeza" sería digna de ella, que ha desfigurado las viejas ciudades más que todos los asedios y todos los incendios. Preferiría una granizada de bombas sobre un monumento a un arquitecto de la buena escuela. ¡POR COMPASIÓN, BOMBARDEAD LOS EDIFICIOS ANTIGUOS, PERO NO LOS RESTAURÉIS! LA BOMBA SÓLO ES BRUTAL, PERO LOS ARQUITECTOS DE RENOMBRE SON INVARIABLEMENTE ESTÚPIDOS! La catedral de Saint Dennis acaba de ser restaurada y ya no es Saint Dennis; pero el Partenón ha sido bombardeado y sigue siendo el Partenón..."

Evidentemente este juicio de don Victor, junto el que a los pocos días escribió también de forma absolutamente demoledora sobre la fachada de la catedral de Pamplona son para mí como el Credo. Ese Credo que jamás enseñarán en las facultades de arquitectura, y en la que está a la vera del río Sadar, menos todavía que en ninguna otra, para nuestra desgracia, pues si estuviera situada en la orilla del lago Baikal yo no diría nada. Bueno, sí: que aún me parecería que estaba demasiado cerca...

Bien, como podemos ver, un arquitecto de la "buena escuela" tan de libro como lo fue Ansoleaga no podía tomarse las palabras de Victor Hugo más que como un reto: si él dice que esto es hermoso, yo lo echaré abajo. Y no le faltaron aplausos unánimes en la ciudad, eso seguro.

¿Pero a qué se refería el escritor francés con eso de "la brecha causada por las bombas"? Pues al bombardeo que la ciudad de Pamplona sufrió desde la Ciudadela que supuestamente debía defenderla -aunque desde su construcción, naturalmente, para lo único que sirvió fue para tenerla bien sujeta- dos años antes de su visita, en 1841.

En esa fecha el general O'Donnell se encerró en la fortaleza y se sublevó contra el gobierno del general Espartero. Como nadie en Pamplona estaba demasiado preocupado por semejante querella, el rebelde decidió cañonear desde su abrigada posición al resto de barrios. Mostró en ese empeño una puntería verdaderamente estupenda para contra el arte medieval, pues además de que muchos obuses fueron a caer en pleno claustro gótico de la catedral -su fachada, como si Ventura Rodriguez tuviese un pacto con el demonio se salvó una vez más-, una de cuyas alas resultó bastante afectada, donde sí hizo tiro al blanco fue contra la elevada torre de San Lorenzo de la que venimos hablando, pues desde allí se defendían los soldados que se mantenían leales al gobierno de Espartero. La torre quedó tan afectada, que apenas diez años después el Ayuntamiento tuvo que derribar su tercio superior ante el peligro de derrumbe que corría. Y de esa forma llegó al siglo XX Cambalache...


Ataque desde la Ciudadela. Pintura de M. Sanz y Benito. Año 1841
Archivo Municipal
Bueno, no exactamente de esa misma forma, porque como ya nos ha explicado Victor Hugo, en 1752 se le añadió una portada "borrominesca", que ciertamente casaba bastante bien con la adusta construcción medieval. Su autor fue el maestro Juan Miguel de Goyeneta, que hizo bastante obra en la Pamplona de aquellos años pero que no ha tenido suerte a la hora de su conservación, porque fue por ejemplo el autor de la Casa Consistorial, derribada por completo en 1952. Autor de toda ella,sí, excepto de la fachada que hoy sirve de telón de fondo al txupinazo -hay quien si no se tirara el cohete desde allí, ni se fijaría en su existencia-, porque el diseño goyenetesco gustó tan poco a los munícipes que prefirieron encargársela a José Zay Lorda, que hemos de reconocer  que hizo un buen trabajo.

Fachada "borrominesca" de Juan Miguel  de Goyeneta
Año 1752. Foto anterior a 1895
El caso es que el amigo Goyeneta añadió la puerta a la torre del siglo XIII, y que Ansoleaga se llevó las dos por delante el año 1901. Por supuesto no desmontó la portada, que tan fácil hubiera sido luego colocar en otro lugar, porque como de costumbre en estos engreídos arquitectos de la "buena escuela", le debió parecer que todo lo anterior a él no merecía la pena. Pero amigos, a esas alturas de evolución tecnológica ya existía -¡maldita sea su estampa- la fotografía, y por eso podemos saber cómo eran exactamente la torre y la portada. Y las comparaciones son, como siempre en estos casos, verdaderamente odiosas...

Al menos el San Lorenzo que la coronaba consiguió huir, si no de la parrilla donde lo asaron los romanos, sí del lamentable  destino del resto de la fachada, y se refugió en el pasillo que desde la calle San Francisco da entrada a la capilla de San Fermín, donde hoy día todavía podréis verlo (si a algún párroco no le ha dado ya por encargar una "mejora" a algún arquitecto "modellllno", claro está)



Pero lo mismo que O'Donnell tiraba bombas desde la Ciudadela (y no digo que sea mal oficio ese, porque me imagino yo pudiendo cañonear desde allí el Baluarte de Mangado, y vamos, que pagaría lo que fuese, aunque de sobra sé que en una hipotética y espero que lejana guerra nuclear, lo único que sobreviviría serían las cucarachas, Jordi Hurtado y ese catafalco mitad neo-tumba de Lenin, mitad bunker de hormigón indestructible que el perfecto sucesor de Ansoleaga levantó a la mayor gloria de la fealdad más horrísona y negra, aderezada con granito de Zimbawue), yo os bombardeo ahora mismo con fotografías de aquella torre, cortesía casi todas ellas del gran don José Joaquín Arazuri...


Año 1879-80
Año 1888
Sic transit Gloria Mundi... (sobre todo en Pamplona)
Año 1901

Torre y puerta de San Lorenzo en la muralla medieval,
según J. J. Martinena 

Pero ¿y si giramos un poco la cabeza hacia la derecha? Pues hoy en día nos encontraremos con un urinario construido en el año 1938 por Victor Eusa -otro que tal-, a la sazón arquitecto municipal y por aquellos mismos y malhadados años, miembro de la Junta Carlista en plena Guerra Civil. Vamos, otro que no tenía quién le soplase el ego (supongo que hacerlo conllevaba además el riesgo más que probable de fusilamiento al amanecer), aunque su rompedor diseño mingitorial -para la Pamplona de aquellos años- trajo consigo que también se conociese su obra como la "mezquita de Ben-A-Mear". A otros, de gustos más orientalistas, les pareció más bien una pagoda...


Y para mear y no echar gota, efectivamente, es saber que para levantar semejante joya de aquel arte que el emperador Vespasiano dijo que "non olet", no les supuso ningún problema de conciencia talar un árbol de quinientos años de edad, como nos cuenta el escritor y periodista Angel María Pascual:

Artículo de A. M. Pacual en Arriba España
3 de julio de 1938
  
Aunque por mucho que admire su forma de escribir (y no sé si sería capaz yo de expresar cuánto lo hago), no ocultaré lo que me choca y sobre todo lo que me duele que Pascual mostrase tan honrosa preocupación por un árbol, y no hiciese lo mismo -al menos públicamente- por los cientos de navarros que justo por esas mismas fechas sus correligionarios asesinaban en los cementerios y las cunetas. A veces, desgraciadamente, reivindicar la Belleza no es bastante.

Pero volvamos a los árboles, que son al fin y al cabo símbolo de vida (salvo quizás en Pamplona, donde ahora que lo pienso han sido casi siempre sinónimo de enfermedad: la excusa perfecta para echarlos abajo, tuviesen la edad que tuviesen), y contemplemos las fotografías que atestiguan que efectivamente, aparte de que muy raras veces se ha edificado nada bueno bañando sus cimientos en orina, era en esa zona del Bosquecillo donde justamente se hallaban los árboles más antiguos de Pamplona (y más que hubieran llegado a ser, si los hubiesen dejado en paz). Aunque quién sabe, quizás los promotores de la "pagoda" estaban ya en esa edad crítica en que la próstata no te deja ver el bosque... 

A uno de ellos trepaba frecuentemente un Pío Baroja de doce años, que vivía precisamente en la misma calle donde justo un siglo después lo haría servidor de todos ustedes:

"En esta época de la vida de Pamplona, había entre los chicos, los más cultos, entusiasmo por dos novelas: el "Robinson Crusoe", y "La isla miseriosa". Uno de los amigos con quien solía yo divagar sobre estas novelas era un chico enfermizo, llamado Eugenio Setoain, nacido en Burguete. Soñábamos con islas desiertas, con hacer pilas eléctricas... Iba yo muchas veces, al anochecer, al paseo de la Taconera, me subía al árbol del Cuco y fumaba en pipa, lo que me mareaba, y soñaba en una isla desierta, sueño que igualmente me mareaba..."

Probablemente este fuese el árbol del Cuco, al que trepaba Pío Baroja.
La foto es de  hacia 1860. Fue derribado hacia 1885

Foto del año 1932 del árbol que sería derribado para
construir en su lugar el urinario de Eusa en 1938

En Pamplona nunca se aprende.
Ültimo de los grandes olmos del Bosquecillo.
 Derribado en 1951 para instalar una marquesina

Momento de la tala.
Parece que, como de costumbre, estaba muy enfermo.

El hundimiento...

Fue probablemente junto a esos árboles, prácticamente recién nacidos por aquel año de 1512, donde el duque de Alba amenazó a los regidores de la ciudad con el saqueo más brutal si no le entregaban Pamplona. No digo que ese fuera más motivo para haberlos salvado del hacha que su simple y benéfica supervivencia, que los había convertido en los seres vivos más longevos de la ciudad, pero sí que me gustaría volver a sacar a colación a Angel María Pascual, porque sobre este particular sí que dejó escritas cosas bien sensatas -sin que naturalmente nadie le hiciera ni caso, incluso en tiempos bien recientes, como cualquiera que siguiese el desdichado asunto del parking de la Plaza del Castillo podrá corroborar-. Así, esta glosa suya del 3/12/1946:

"...Aquí la piedad por las cosas antiguas que rodearon el vivir de nuestros antepasados es un capricho inexistente. A los caciques no les sirven de nada. Tampoco influyen en las cotizaciones de bolsa... ¿Que aquí vivió un santo?, ¿que aquí cayó otro?, ¿que es un trozo bello de arquitectura, de historia, simplemente de paisaje, de tipismo? ¡Al suelo!"

O esta otra del 20/12/1946:

"...mal gusto en una ciudad donde reinó como dueño absoluto y donde era señal de buena cabeza el burlarse de todo el que pensaba que un rincón de ladrillo ungido de encanto por el sol de los siglos, o un árbol viejo y frondoso, o un trozo de la muralla, valían más que el debe y el haber de los libros de cuentas".

Conste, de todas maneras, que yo veo un claro ejemplo de Justicia Poética en que el campamento donde se asentó don Fadrique Alvarez de Toledo el 25 de julio de 1512, sea hoy bacina (o badina, quédese cada cual con la acepción que prefiera) por donde corren las aguas menores y mayores. Hay heráldicas parlantes que definen estupendamente a su poseedor...

Y paro aquí estas disquisiciones, que quizás continúe en otra ocasión si me da por echar la vista hacia atrás, y no sólo temporalmente, quiero decir. Porque estuvo allí mismo también el convento de Santa Olalla, que albergaba una obra de arte singularísima entre sus muros. Y está ahora el crucero más antiguo que se conserva en la ciudad. Y donde nunca debió haber un monstruoso hotel, hubo también árboles tan grandes como aquellos de los que he hablado. Tan grandes como para que sus ramas soportasen el peso de los ahorcados, sobre todo el de aquellos dos desdichados que robaron el ángel de Aralar en 1687. Y no digo que no sea el fin que merecen los ladrones de arte, como cierto belga, de haber vivido en aquellos tiempos, hubiera experimentado en propio cuello...

Así que recapitulemos: teníamos una torre medieval del siglo XIII con su portada barroca, que encantó a Victor Hugo, y unos árboles enormes que subyugaron a Baroja o a Pascual. ¿Y qué tenemos ahora? Una fachada de iglesia horrenda y exactamente igual a muchas otras en su estricta y mediocre fealdad, y un orinal gigante con ínfulas de templo oriental. Es evidente que hemos salido ganando... ¡Progreso! gritarán algunos. Pero yo casi prefiero proporcionarles un slogan más socorrido para que lo graben en el dintel de entrada: "¡Cistíticos del mundo, uníos!". De todas maneras, y por añadir una última cita, aquí va una de mi recién descubierto Luis Andrés Bredlow:

"Lo que más a las claras distingue nuestro mundo moderno y desarrollado de lo que pudo haber en cualquier tiempo pasado es su abrumadora y ubicua fealdad. Y lo más clamoroso, la infinita monotonía y desolación de lo que no pueden llamarse ya sin escarnio "casas" o "ciudades": por todos lados la misma tristeza rectangular, la misma estolidez prefabricada, el mismo caos planificado, el mismo vacío de vida repleto de automóviles y demás mercancía." 

Y es que estoy tan de acuerdo con las opiniones artísticas de Victor Hugo, y hubiera trepado yo tan a gusto a fumar en pipa al árbol de Baroja, que hasta estoy por pensar que me aqueja un caso agudo de reencarnación literaria, porque al fin y al cabo, yo estoy también allí desde hace casi los mismos años ya que ellos. Y no, desde luego jamás me pareció que fuera un lugar donde nunca hubiese pasado nada. Por eso debe ser que salgo tan serio...

Completamente perdido sin árboles gigantes ni torres del siglo XIII...


  

© Mikel Zuza Viniegra, 2015
  


martes, 11 de agosto de 2015

BADA EZ PADA


-¿Y qué se me hace a mí que hayáis empeñado vuestra palabra, padre? Vos mejor que yo debierais saber que quienes nos sitian no la habrán de respetar.

-Luis, hijo mío, bien se ve que por vuestra corta edad no habéis tenido sobre vos la pesadísima carga que supone conservar la vida de cada hombre que el rey os haya confiado. Afuera hay diez mil castellanos, entre estos muros sólo doscientos navarros. ¿Qué hubiérais hecho en mi lugar?

-Mil veces hubiese preferido que muriésemos todos aquí antes de veros entregar la espada de nuestra familia al virrey Miranda y al maldito conde de Lerín. ¿Habéis olvidado acaso que no hace ni doscientos años que uno de los nuestros pudo ser rey de Navarra? Deshonráis su memoria y la de todos los Medrano que hemos llegado al mundo después de él.

-¿A mí queréis darme lecciones de historia familiar, Luis? Recordad vos más bien que él, junto al leal caballero Corbarán de Lete fue quien guardó el trono para el legítimo rey, igual que estamos haciendo nosotros aquí, aunque seamos ya los últimos en mantener la fidelidad proscrita . ¿De qué creéis que le valdría al rey don Enrique que todos muriésemos aquí hoy? Al contrario: capitulando muchos de nuestros compañeros podrán seguir luchando por la libertad del reino, eso podéis tenerlo por seguro. Además, todo es igual, se nos acabó el tiempo: he dado orden de abrir el portón y ahí entran ya los emisarios del virrey, y el primero de ellos el maldito conde, siempre presto a lamer la bota de su amo...

-¿Podrán, decís? ¿Qué va a ocurrir entonces con nosotros dos?

-El perdón del emperador no alcanza al comandante de la fortaleza, ni tampoco a su familia...

-¡Pues entonces rendid vos vuestra espada si os place, padre, que os juro que yo he de romper la mía en la cornamenta de ese traidor de Lerín! ¡Aquí, hideputa: al fin has entrado en Maya pero de aquí has de bajar al infierno!

-¿Y con esa espada ropera pretendes mandarme allá, estúpido? ¿Quién te la dio, el de Labrit, que duerme caliente en Pau mientras vosotros morís aquí por él sin que se digne venir a ayudaros? ¡Esta sí que es una verdadera espada: me la entregó el emperador Carlos en persona! Y como no merece la pena dañarla chocándola con la vuestra, mis hombres se bastarán para reduciros, pero esa espada no volveréis a empuñarla, lo  juro. Ni vos ni nadie, que yo mismo la voy a romper ahora mismo contra las piedras de este maldito castillo, antes de que todas ellas rueden colina abajo, porque no ha de quedar ni el más mísero recuerdo de este lugar, eso os lo garantizo. ¿Veis que fácilmente la he partido por la mitad, igual que hizo el virrey con vuestra loca resistencia? Y ahora arrojaré sus pedazos a ese torreón hundido. Vedla volar: os aseguro que lo hará mucho más lejos que vuestro padre y vos. ¡No habrá nunca gloria ninguna para los rebeldes!

-Pero sí que habrá siempre fama honrosa y perdurable  para los leales...



La espada que guardaba Amaiur. Artículo en el Gara del 11 de agosto de 2015


"Viendo esto don Jaime Velaz de Medrano, comandante de la plaza, y considerando bien la grande falta de víveres y de toda esperanza de socorro, y, sobre todo, compadecido de tantos nobles caballeros, cuyas vidas, que merecían ser inmortales, quedaban expuestas al vengativo acero beaumontés, trató de capitular. Y conviniendo todos en ello, menos su hijo don Luis Velaz, que hizo sus protestas, se rindieron al virrey, salvas las vidas, por prisioneros de guerra. Mas don Luis no quiso entregar la espada, sino que se defendió con ella contra todos los que le querían prender, hasta que, rodeado de ellos, quedó también prisionero. Esto fue el 19 de julio de 1522, y luego, sin dilación, fue arrasada aquella fortaleza..." ANALES DE NAVARRA, escritos por el Padre Alesón. TOMO VII, capítulo 38... 



© Mikel Zuza Viniegra, 2015
  

miércoles, 29 de julio de 2015

PROMESA


Los historiadores creían hasta ahora que la breve visita a Navarra del príncipe francés Luis el Hutín en el año 1307 había tenido como único motivo ser coronado en Pamplona, cuyo trono le correspondía tras la muerte de su madre, la reina Juana.

Se sabía también que había aprovechado su breve gira para hacer detener a todos los templarios del reino, se suponía que siguiendo en eso las órdenes de su padre, el hierático Felipe el Hermoso. Pero un reciente descubrimiento en los Archivos de la Universidad de Paris, viene a esclarecer definitivamente el periplo de Luis, convirtiendo de paso a Navarra en campo de pruebas de una teoría que, de haberse extendido por el resto del continente, hubiese cambiado sin duda la historia de Occidente.

Y es que haciendo acopio de documentos para su tesis sobre los últimos Capetos, encontró la profesora Madeleine Giraud, directora del Centre de Recherches Scientifiques de Paris, un memorandum sobre esa estancia de un mes del príncipe Luis en Navarra, y no pudo dejar de sorprenderse al ir leyendo que tanto como para ser nombrado rey, esos treinta días fueron empleados para poner en práctica el dictamen que el maestro más famoso de La Sorbona en aquella época había elaborado para encauzar un insospechado asunto.

Al parecer todo había comenzado con una espinosa cuestión enviada por el cabildo de la catedral de Pamplona al claustro de profesores de dicha universidad: ¿era pecado besarse a la puerta de las iglesias? Porque si considerábamos que el espacio sagrado empieza en el atrio exterior y no exclusivamente al franquear las puertas de los templos, resultaba evidente que sí lo era. Mas si se establecía que bajo los decorados pórticos podía cada quien besarse con cada cual hasta hacer enrojecer a las talladas cabezas de piedra, ¿no acarrearía tan disolvente práctica perjuicios innumerables al reino?

Por si acaso, el cabildo pamplonés ya advertía que ellos habían optado por la prohibición total, que al parecer siempre ha sido una actitud de lo más navarra. Y para lograr que se respetase su mandato, habían encomendado a los templarios que detuviesen a todas las parejas que estuvieren besándose fuerapuertas de una iglesia, resultando de esta forma que ahora todas las prisiones del reino estaban completamente atestadas, e incluso se recibían quejas sobre el violento proceder de los templarios, que no resulta extraño si tenemos en cuenta que quien tiene prohibido por la regla de San Bernardo besar a nadie, envidia y hasta detesta a quien sí puede hacerlo. El caso es que de seguir así las cosas, y si la Universidad de París no lo remediaba, una revolución amenazaba con desatarse en Navarra...

Vista la gravedad del asunto, no tardó en reunirse el claustro de profesores para tomar una decisión. Y con los primeros debates, se vio claramente que quien más dominaba el tema era el ilustre maestro don Roberto de Smith, que era quien de todos ellos dominaba con más esmero las siete artes liberales y que aportó muchas pruebas sobre cómo en su Inglaterra natal era costumbre aceptada por todas las clases sociales el besarse a la puerta de la casa de Dios, y sobre como no se conocía ningún caso de que el Todopoderoso hubiera enviado un rayo a fulminar a quienes en esos dulces menesteres se hallasen, pero si que las crónicas recogían unos cuantos ejemplos de caballeros que habían recibido la descarga brutal del relámpago por empuñar una espada en la puerta de una iglesia.


Pero si el metal atrae al rayo no era la causa de esta reunión de sabios, sino si los besos disgustan o no a Nuestro Señor, y con las pulidas argumentaciones de don Roberto, todos estuvieron de acuerdo en que sólo el que le dio Judas  no fue de su agrado, y puesto que en las Sagradas Escrituras no se cita ninguno más, no tenía motivo el cabildo de la catedral de Pamplona para mostrarse tan rígido, así que la próxima visita del príncipe Luis a Navarra debería ser aprovechada para acabar con ese absurdo orden de cosas, permitiéndose a partir de entonces sin multa ni prisión ninguna, los besos románicos y góticos, y en general todos los que no fuesen dados bajo el nefasto influjo del estilo neoclásico, que afortunadamente no era conocido aun en el siglo XIV...


Y vino Luis muy contento a su reino, y como el maestro Roberto había estipulado muy claramente que debía ser él, como nuevo monarca, quien debía dar ejemplo, no dejó de besar a toda navarra que se acercó a cumplimentarle a la puerta de una iglesia, de suerte que dicen las crónicas que no quería abandonar el atrio de ninguna, allá en cualquiera de las localidades que visitaba. Y por supuesto ordenó liberar a todos los prisioneros que penaban sus cuitas por la desdichada decisión del Car-cabildo catedralicio. Y asimismo se encargo de detener a todos los templarios, a quienes enseñó a las puertas de San Pedro de Olite cómo debían besar, pues eso no se lo había enseñado San Bernardo a los pobres hermanos. Y si luego resultó que prefirieron esos frailes guerreros hacerlo entre ellos -y no a alguna moza que por ellos suspiraba- , y esta noble actitud fue después aprovechada por el bárbaro Nogaret -temible fiscal de Francia- para perseguir a la Orden hasta el exterminio, es cosa que se escapa ya de este estudio...

El caso es que el mes que el ya coronado rey de Navarra Luis se había dado para conocer  su reino estaba a punto de expirar, así que sabiendo que su misión estaba ya cumplida, fue aproximándose a la frontera con Francia para volver a París. Y dice el hasta ahora desconocido memorandum que lo hizo por el valle de Urraul. Y al detenerse en el hermoso templo de Santa Fe de Eparoz, dio el último beso a una dama que por aquel maravilloso claustro pasaba, y desatáronse justo en ese momento los vientos que el Aizkurgi -que es montaña muy alta que domina el santuario- guarda en su cumbre. Y bañados por ellos no pudieron los dos protagonistas dejar de recordar las palabras del siempre sabio maestro don Roberto...








© Mikel Zuza Viniegra, 2015

domingo, 19 de julio de 2015

PERCEPCIÓN

Iglesia de San Pedro de Olite, 19 de julio de 1333


Mira don Pero orgulloso el resultado de sus desvelos, porque tras cinco años de obras está por fin terminado el claustro que guardará para siempre su memoria en el recuerdo de quienes lo contemplen. Pero por si acaso, y conociendo el olvidadizo carácter de los humanos, ha hecho grabar en el dintel de la puerta la siguiente inscripción:

"Esta  obra fizo fazer Pero Periz de Echauri, racionero de la Yglesia de Sant Pedro e vezino de la Villa de Olit. Anno mil CCC XXX. III."

Sí, así no habrá duda de quien ha costeado este sagrado recinto que ha de maravillar incluso al rey don Felipe y a la reina doña Juana en cuanto se dignen aparecer por la ciudad, y entonces quizás no esté tan lejos la obtención de la soñada canonjía en la catedral de Pamplona...

Mas antes de que eso suceda, le queda a don Pero un asunto por resolver. Y es que bajo su máscara de sumiso y obediente clérigo, es también en realidad un oscuro nigromante que práctica todos los satánicos maleficios que sus conocimientos de ocultos y paganos saberes le permiten. Y no ha pasado un día en los últimos cinco años en que no haya envidiado la suerte del odiado Eneco de Nardués, que además de ser el capitán de la guardia, es hermoso y buen conversador, y atrae por ello las miradas -y lo que no son las miradas- de todas las muchachas de la villa. Incluso las de su amada Catalina de Mendigorría, que nunca pondría sus ojos en alguien como don Pero. Y hasta aquí llegó la riada, porque no está dispuesto ya a soportar más humillaciones...


Prácticamente en todos los capiteles que sostienen las pareadas columnas aparecen cabezas de gesto adusto y vigilante. A los tontos -que serán mayoría- les explicará don Pero que representan los vicios y pecados a los que el alma de los hombres anda siempre expuesta. Sólo él sabe que en realidad son guardianes. Una escolta pétrea, y por lo tanto eterna, para otra cabeza que está también tallada en el claustro. Y es que ha transformado don Pero a Eneco de Nardués en piedra mediante uno de sus horrendos sortilegios, y lo ha escondido después entre tanta figura para que nadie más vuelva a verlo. Traza pues gestos cabalísticos con su brazo desde el centro del patio mientras declama su hechizo:


"Eneco de Nardués maldito, todas a ti te miraban y ninguna se fijaba en mí.
No saldrás jamás de aquí, a menos que una mujer hermosa vuelva a reparar en ti,
y recitando el conjuro, que ahora en voz muy baja digo, te saque de entre estos muros"


Y van pasando los años por lustros y por decenios, y como auguró don Pero nadie descubre al desdichado Eneco en su claustral escondite. Hasta que un día, cuando los sacos que se guardan en el molino del tiempo suman ya siete siglos nada menos, una mujer perceptiva, a pesar del atronador bandeo de campanas que sin duda el malvado espíritu de don Pero ha puesto en funcionamiento para impedírselo, repara de nuevo en Eneco, y abstrayéndose del ruido como sólo ella sabe hacerlo, recita la triple y secreta invocación que se ha quedado prendida en aquel recinto durante setecientos años:

"IBIS (que es Dios muy poderoso que adoraban los egipcios mientras andaban de lado). OSLO (que es capital de vikingos. Y que, con ser muy brutos, eran también todos rubios y de ojos azules, por lo que insisten algunas en perdonarles con mucha razón sus correrías). VICTORIA (que es ciudad muy hermosa fundada por el rey Sancho VI de Navarra, y también estatua impresionante, allá por la Samotracia)".


Y resulta que sigue don Eneco tan guapo y conversador como hace siete centurias, así que dejan otra vez con un palmo de narices al envidioso don Pero, y se marchan los dos muy contentos a ver mundo, que éste no se acaba en Olite, aunque sí merece mucho la pena empezar por allí a recorrerlo...


© Mikel Zuza Viniegra, 2015

martes, 14 de julio de 2015

IÑAKI IRIARTE, JOSEBA ASIRÓN, Y LOS LIBROS QUE DEBE HABER EN LAS BIBLIOTECAS PÚBLICAS DE NAVARRA

El pasado domingo 12 de julio, el profesor de la UPV y parlamentario foral por UPN, Iñaki Iriarte López, publicó un artículo de opinión en Diario de Navarra titulado "Asirón historiador", en el que básicamente se dedicaba a desacreditar el comic "1512. Navarra: El sueño roto", obra del propio Joseba Asirón y de Martin Altzueta.

 
Resulta hasta cómico que empiece su diatriba afirmando que "no hay una sola forma de contar la historia. Inevitablemente la ideología del historiador condiciona su relato del pasado", porque a partir de ahí se dedica a repartir cera de una manera bastante poco elegante, ya que a mi modo de ver resulta evidente que lo hace sobre todo por ser Asirón el autor. Osease: que respira todavía por la herida de que el partido que representa haya sido desalojado de las instituciones que llevaba gobernando casi veinticinco años.

A Joseba Asirón lo tilda por ejemplo de "nacionalista sin escrúpulos que busca adoctrinar a jóvenes y niños". Y es que según él, otros nacionalistas vascos sí que los tienen y así lo demuestran con su "respeto por el rigor y su propia forma de pensar" ¿¿¿¿¿?????

Luego compara el libro con Roberto Alcazar y Pedrín o con la Enciclopedia Alvarez, y en un detalle de pésimo gusto añade: "no le va a la zaga y continúa en la senda inaugurada por la terrible "Historia de Navarra" en cómic publicada en 1980, y lamentablemente reeditada hace un año".



Y es que el autor de esa historia de Navarra que al señor Iriarte tan "terrible" le parece, fue Rafa Ramos, un excelente dibujante fallecido hace ya unos cuantos años, y que por lo tanto no puede defenderse de un ataque tan gratuito como el del señor parlamentario, al que se le podría recordar que precisamente esa obra de la que tanto abomina -y también "Amaya"- están prácticamente en todos los hogares de Navarra porque fueron editadas por la Caja de Ahorros Municipal de Pamplona, que andando el tiempo sería absorbida por la CAN, cuando las Cajas hacían algo más por Navarra que servir de abrevadero de fondos públicos a desahogados que habrían estado bastante mejor leyendo cómics (aunque fuesen "terribles") que cobrando dietas por reunirse tres veces en una mañana. Al menos nos hubiese salido mucho más barato a los ciudadanos. Y si no sabe de qué le hablo, puede preguntar a alguno -y alguna- de sus compañeros de bancada, que podrán ponerle al corriente. Lo que no podrá pedir es que la CAN publique otra vez un cómic de Historia de Navarra con una visión más próxima a la suya, señor Iriarte, más que nada porque la CAN ya no existe. Si no se había enterado, puede preguntarles también a esos compañeros de partido. Aunque ya le advierto que suelen responder que no saben nada, que ellos sólo pasaban por allí...



Continúa el texto extrayendo unas conclusiones un tanto delirantes del cómic de Asirón y Altzueta, como por ejemplo: "con todo, los peores entre los malos son los navarros que les apoyan. Su jefe y arquetipo es el Conde de Lerín. Un afiliado a UPN avant la lettre, para entendernos".

Sólo el señor Iriarte  sabrá por qué se da -como afiliado que digo yo que será de UPN- por aludido hasta el punto de transmutarse en la figura histórica del Conde de Lerín, pero creo que vuelve a equivocarse, cometiendo paradójicamente el mismo error en el que siempre he creído que incurrían quienes acusaban a UPN de "neobeaumontés". Y es que a mi parecer tanto los agramonteses como los beaumonteses amaban a Navarra, sólo que la querían cada uno a través de sí mismos. No, de lo que se puede acusar sin duda ninguna a su partido, señor Iriarte, sobre todo en la última etapa, es de "neocisnerianismo". Esto es: acatar siempre doblando la cerviz las órdenes del poder central sin emitir la menor queja. Y eso se ha visto en la patética linea de ciego seguidismo a la infausta política de recortes impuesta por el PP de Mariano Rajoy. Plegarse sin la más mínima protesta a semejante orden de cosas es lo que les ha llevado a la situación actual: fuera del gobierno y de  los principales ayuntamientos de Navarra.

Naturalmente cada generación tiene su cardenal Cisneros particular, e incluso éste se disfraza cada vez de una forma distinta, probablemente porque sabe que no le han de faltar nunca aquí palmeros que a cambio de unas migajas de poder aplicarán todo lo que desde la lejanía -y sin tener ni idea de nuestra realidad política o social- interpretan que es "lo mejor" para Navarra. Ahora el cardenal ha trocado su capa de seda roja por los trajes de marca de quienes amenazan con acabar con el "intolerable privilegio" que el Fuero supone. Y al parecer con ellos estaba dispuesto a pactar UPN para mantenerse en la poltrona. Ahí tiene su partido tema en abundancia para reflexionar: los supuestos guardianes del Fuero, mirando para otro lado cada vez que el Gobierno Central recurría una ley del Parlamento Foral, ese mismo en el que ahora usted se sienta, señor Iriarte. Puede preguntar también sobre el particular a sus compañeros de escaño. La autocrítica siempre es un ejercicio muy sano, y van a poder llevarla a cabo si así les place durante los próximos cuatro años...

Pero lo cierto es que yo no escribo esto para defender a Joseba Asirón y Martin Altzueta de lo que desde luego juzgo como un ataque totalmente desproporcionado, y evidentemente "ad hominem" contra el primero, sobre todo porque ellos dos -si así lo quieren- lo harán con mucha más gracia que yo. Aunque quizás el alcalde tenga ahora demasiadas responsabilidades para poder hacerlo, y el impresionante trabajo de Altzueta está a la vista de cualquiera que se asome a sus páginas sin llevar anteojeras, porque es sin duda uno de los mejores dibujantes navarros de la actualidad.

Y por si mi opinión sirve de algo a alguien: a mí sí me gustó "1512. Navarra: el sueño roto" cuando lo leí, y por supuesto me gustó también la Historia de Navarra editada en su momento por la CAN y reeditada el año pasado por Cenlit. Me recuerdo a mí siendo un chaval leyéndola con fruición, y no me parece que hacerlo me haya convertido en un sectario "sin escrúpulos que sólo piensa en adoctrinar jóvenes y niños". Por cierto: vaya retórica más lamentable, señor Iriarte, aunque también puede ser que sea usted partidario de aquel viejo dicho: "piensa el fraile que todos deben ser de su aire". Y si es así, yo desde luego no opino igual, ni que usted, ni que el fraile.

No, lo que me ha molestado especialmente es el párrafo con el que cierra su artículo de opinión: "A la historia abertzale le espanta el rigor. Lo importante es transmitir una visión maniquea del pasado y el presente. ¿Lo terrible de todo esto? Que esta joya de la historiografía se halla en todas las bibliotecas de Navarra."

En primer lugar, señor Iriarte, y como modesto profesional del gremio que soy, me congratulo de que presuma usted de hacer uso frecuente de las Bibliotecas Públicas de Navarra. Lo digo sobre todo porque de esa forma se convierte usted sin duda en una rara avis dentro de sus compañeros de bancada, alguno -y alguna- de los cuales tendría que emplear el GPS para poder llegar a la de su barrio o localidad, porque no se les ha visto dentro de una más que en la inaguración. Pero de manera habitual, con los dedos de una mano se podrían contar los parlamentarios que las utilizan, dándose el caso de que altísimos cargos -y cargas- ni siquiera han tenido tiempo todos estos años para sacarse el carné de bibliotecas. Habrá que entenderlos: si uno se reúne hasta tres veces en una mañana para no hacer nada y cobrar generosamente por ello, no debe tener tiempo para nada tan fútil como pisar una biblioteca.



Así que me alegro de que usted no sea uno de ellos, como admite sin pudor: "El nuevo alcalde de Pamplona, el Sr. Asirón, profesor hasta ahora en una ikastola, es autor de varios libros sobre historia vasca. Una curiosidad (malvada, lo confieso) me ha llevado a buscarlos en la biblioteca del barrio..."

Y ahí es a donde yo quería llegar. ¿De verdad puede molestar a un parlamentario electo, a un profesor universitario, que en las bibliotecas públicas de Navarra haya cualquier tipo de libro? Porque me cuesta creer que alguien en pleno siglo XXI mantenga semejante y cerril actitud...

Pues claro que en las Bibliotecas Públicas de Navarra hay libros del señor Asirón, y también del señor Del Burgo padre, y del señor Del Burgo hijo, y de José María Jimeno Jurío, y de Eloisa Rámirez, y de Arturo Campión, y de Raquel García Arancón, y de Alfredo Floristán, y de Juan Iturralde y Suit, y de Aitor Pescador, y de Mª Puy Huici, y de Alvaro Adot, y de J.J. Martinena, y de Luis Javier Fortún Pérez de Ciriza, y de Pello Monteano, y de José María Lacarra (cuya Historia Política del reino de Navarra, editada también por la CAN, qué casualidad, sigue pareciéndome la mejor de todas), y de tantos y tantas historiadores e historiadoras que -mejor o peor, eso queda a criterio exclusivo del lector- se  han esforzado en aportar su granito de arena para dar a conocer nuestra historia.

Y es que ese es el papel fundamental de una Biblioteca, señor Iriarte: poner todo el conocimiento al servicio de los usuarios. Y digo TODO, no sólo el que quiera el bibliotecario o lo que es peor aún: el que quiera el político de turno. Y ahí sí que puede volver a preguntar a alguno de sus compañeros de partido, que podrán hablarle de casos concretos de intentos de censura (a veces nada encubierta) en las Bibliotecas Públicas de Navarra. Unas bibliotecas  en las que repito que se asegura el acceso a obras de todas las ideologías, porque el lector no tiene exclusivamente una ideología concreta, por más que a algunos -y a alguna- les gustaría que así fuese.

Unas bibliotecas tan libres que por supuesto incluyen en sus catálogos libros suyos, señor Iriarte, como no podía ser de otro modo. Y puede estar bien tranquilo, que al menos si vienen a solicitármelos a mí, a nadie le diré que "me parece terrible que semejantes joyas de la historiografía se hallen en todas las Bibliotecas Públicas de Navarra". Al contrario, defenderé con uñas y dientes que estén a disposición de quien en ellos muestre interés.



Lo que sí le pediría es que, si acaso está resentido con los resultados electorales y quiere jugar a hacer de don Camilo foral contra su particular alcalde don Peppone, no la pague con las Bibliotecas Públicas de Navarra, que con bastantes problemas lidiamos ya por culpa más que nada de la política llevada a cabo por su partido todos estos años en los que molaba mucho más gastar decenas de millones de euros en circuitos y pabellones vacíos y sin sentido, que en evitar los recortes de personal y de presupuesto para la renovación de fondos a los que hemos sido sometidos sin que a usted o a otros como usted se les oyera decir entonces ni anjo. Así que ya que afortunadamente es usted asiduo, le ruego explique a sus compañeros y compañeras que ellos también pueden venir a conocernos, que no tengan miedo, que un libro sólo hace daño si tiene muchas páginas y te cae en el pie, puedo asegurárselo.

Y no se preocupe, que si como parece echa de menos tebeos de su infancia como Roberto Alcazar y Pedrín, también podrá encontrarlos en los catálogos de las Bibliotecas Públicas de Navarra (otra cosa será que alguno -y alguna- eche de menos todavía el "enfoque histórico" de la Enciclopedia Alvarez, claro está, pero ahí yo ya no me meto, que cada uno es muy libre de perjudicarse las meninges con lo que le plazca). Y es que trabajando de bibliotecario, siempre he tenido muy presente lo que hace ya tantos años dijo el Guerra: "Hay gente pa tó".

Si acepta el consejo de un bibliotecario, creo que ahora que es representante de todos los navarros, y no sólo de los que le han votado, le convendría incorporar ese sencillo pensamiento a su acervo político...


Enciclopedia Alvarez. Primer Grado. Año 1961
            
Enciclopedia Alvarez. Segundo Grado. Año 1965

© Mikel Zuza Viniegra, 2015

martes, 23 de junio de 2015

PRIMITIVOS FLAMENCOS


Palacio de Olite, 23 de junio de 1450
 



-Pero señor, no es justo: no podéis pedirme que os abandone precisamente ahora, cuando más necesitáis el apoyo de los pocos que no se han pasado a las filas de vuestro padre.

-Al contrario, Gabriel, ahora es cuando más urgente resulta que salgas de mi reino...

-Haced memoria, don Carlos, os lo ruego. Os he visto gatear por a la sombra de los arcos de la galería, fabriqué todos los juguetes de vuestra infancia tal y como me pidió vuestra madre la reina doña Blanca -y nadie que lo viese ha podido olvidar el dragón que os construí en Tudela-. Pinté vuestras armas en las gualdrapas del primer caballo que montasteis, decoré la iglesia de santa María para vuestra boda, ¿y todavía queréis que me aleje de vos? Pero si sois como un hijo para mí...





-No, Gabriel: soy príncipe de Viana, heredero legítimo de los estados de Navarra y de Nemours. Y pensando en el bienestar de tu verdadero hijo, ese que ya abulta el vientre de tu mujer, es por lo que te pido que vuelvas a la tierra de tu padre, allá en el lejano ducado de Brabante. Todavía guardo buena relación con mi antiguo cuñado, el duque de Cleves, y tengo preparada una carta de recomendación para que no te falte trabajo en su corte. Estoy seguro de que tu trabajo le complacerá tanto como le gustó siempre a mi esposa Agnes. Pero ahora ella está muerta, y quizás no tarde yo demasiado tiempo en ir a hacerle compañía...

-No digáis, eso, por favor. Además, soy tan navarro como vos. Mi padre llegó aquí hace cincuenta años conmigo en brazos, y aquí se casó de nuevo con María de Maquirriain, que me trató siempre como si fuera su verdadero hijo. Mi propia esposa es tudelana ¿Qué se me ha perdido a mí en los Países Bajos? Ni siquiera dominaría su idioma si no hubiese tenido que emplearlo frecuentemente para traducir las demandas de todos los artistas y maestros de aquellas tierras que vinieron para construir este fabuloso palacio. Os confieso que sólo por presumir mantuve mi apellido en esa enrevesada lengua flamenca ¡No me expulséis de Navarra, por favor!

Gabriel del bosch pintor

-No lo entiendes, Gabriel: la Navarra que tú y yo conocimos está a punto de dejar de existir. Si no venzo a mi padre en la guerra que está por comenzar, él se encargará de borrar -con la furia que emplea siempre con quien no se le somete- cualquier vestigio de paz o de belleza que quede en el reino que refundó mi abuelo Carlos III. Un artista tan excelso como tú no tiene ya sitio aquí, igual que no lo tendrá muy probablemente un príncipe preparado para gobernar con justicia como yo.

-¡Pero puedo construiros ingenios guerreros como no hayan visto jamás!

-Sé que podrías. Pero desafortunadamente el tiempo de los juegos terminó. Ojalá tuviera yo que enfrentarme a un dragón como aquél que me construistes y no a un monstruo de carne y hueso como mi padre. Y me temo que los hombres salvajes que lo acompañan no son tampoco como aquellos peludos que dibujabas para mí cuando era un niño... 



No puedo salvar a todos mis amigos de esta locura que se avecina, pero al menos a ti sí que te he de otorgar mi último salvoconducto. No tengo derecho a permitir que tu arte muera conmigo. Si no otro, este ha de ser mi ultimo mandato en el trono que planean usurparme. Lo juro.



-Permitidme insistir, querido príncipe, y dejadme recordaros de nuevo que mi padre, Thierry de Bolduque, fue llamado por vuestros abuelos don Carlos y doña Leonor para que instalase en el portal del Chapitel el primer reloj de torre que se había de conocer en este reino. Yo mismo le sustituí, cuando sus cansadas piernas ya no le permitían subir tanto escalón, en el trabajo de dar cuerda cada día a su mecanismo. 
 


Cuando crecí y alcancé destreza manifiesta en el arte de la pintura y la escultura -formado en el ejemplo de tanto artesano de primer nivel como se concentró en aquellos años en Olite- decoré esa misma torre con una figura de San Jorge idéntica a la que se veneraba en la capilla del castillo, y que vuestra bendita madre y vos mismo me encargasteis. 




Sé por tanto que os inspirasteis en la historia de vuestro tío-abuelo el valeroso infante Luis, que según antiguas crónicas mató a un feroz endriago que atemorizaba aquel remoto país de Albania, que por derecho de sangre le pertenecía. Pues yo también quiero seguir su estela: dejad que, si no con el pincel, os sirva ahora con la espada en la mano...

Torre del Chapitel de Olite o Portalico del reloj hacia 1445



-Mi buen Gabriel... Tu maravillosa fantasía ha alimentado también la mía todos estos años, y algunos de los momentos más felices de mi vida a ti te los debo. Por eso siento que te debo también la posibilidad de seguir desempeñando tu noble oficio allí donde lo valoren tanto como lo he disfrutado yo. Piensa que en realidad no abandonas Navarra, que sólo te llevas lejos lo mejor de ella para que pueda sobrevivir su recuerdo en la memoria de los hombres. Te ruego que prepares inmediatamente tus enseres y los de tu familia, que no sé cuanto tiempo más podré sujetar ya a mis partidarios para que no respondan a las provocaciones de los de mi padre...

-Es la única orden salida de vuestros labios que jamás hubiese querido acatar, don Carlos....

Firma autógrafa de Gabriel del Bosch


-Un último favor, Gabriel. Cuando nazca tu hijo -allá en la industriosa ciudad de Bolduque-,  recuérdale siempre que fue engendrado en Navarra. Háblale de que viviste en un reino que no tenía igual en toda la Cristiandad, pues vivía en paz cultivando todas las artes mientras el resto de las naciones sufrían bajo el látigo de la guerra. Si los hados le son propicios, incluso puede que él disponga en el futuro de tanta imaginación y creatividad como tú; porque si llega a tener aún más, será siempre ensalzado por todos los amantes del arte que vivan en los siglos venideros. No tengo ninguna duda de ello...

ADDENDA

Jheronimus Bosch, llamado Jeroen van Aeken o Van Aken, y conocido como El Bosco o Hieronymus Bosch (Bolduque h. 1450 - enterrado en Bolduque el 9 de de agosto de 1516), fue un pintor neerlandés.

Jeroen van Aken nació probablemente alrededor de 1450, quizá el 2 de octubre, y muy probablemente en la ciudad flamenca de 's-Hergogenbosch, más habitualmente llamada Den Bosch, y en español, Bolduque, capital septentrional del entonces ducado de Brabante, actualmente integrado en los Paises Bajos...




Relieve procedente de la capilla de San Jorge, en el
palacio real de Olite

Atribuido a Gabriel del Bosch (c. 1442)
Hallado en las excavaciones de 1870 por Juan Iturralde y Suit

y restaurado por Capitolina Bustince
Colección particular

© Mikel Zuza Viniegra, 2015