lunes, 3 de diciembre de 2012

BARRUNTOS VIII

Carretera de Monreal a Urroz Villa
Entrada a Najurieta
5 de octubre de 1940, once de la mañana


-Ustedes verán, pero luego no se asusten si escuchan explosiones cada media hora aproximadamente, que las voladuras para hacer la carretera del valle están siendo verdaderamente tremendas...

-¿Y han destacado a muchos de sus compañeros para hacer estas labores de aviso?

-Que va: uno en Indurain, y servidor de ustedes a la entrada de Artaiz. Él ha ido avisando por todos los pueblos para que no salgan esta mañana de sus casas, no vaya a ser que alguna piedra perdida desgracie a algún chiquillo.

-Ya. Oiga, ¿y ha visto usted a algún alemán por estos contornos?

-¿No iba a verlo? Si el ingeniero jefe es precisamente Alemán. José Antonio Alemán se llama. Joven, pero a lo que se ve muy dispuesto e inteligente. Si le dejan, en un año más acaba la obra.

-No me refería a su apellido, sino a si ha visto a esos soldados alemanes que están pasando su convalecencia en Pamplona haciendo ejercicio por aquí. Nos dijeron que la semana pasada llegaron hasta Irulegi, y no quisiéramos molestar sus maniobras...

-Si, algo me comentó un vecino de Idoate, pero que yo sepa no pasaron del portillo de Lakidain. Ahora, que si ustedes quieren, yo les aviso si los veo aparecer...

-No se  preocupe, queremos enseñar a estos estudiantes irlandeses como es uno de nuestros pequeños pueblos, y hemos elegido Najurieta por parecernos uno de los más tranquilos en las cercanías de la capital.


-Desde luego que si lo que buscan es tranquilidad, quitando las citadas explosiones de estos días, estos pueblos son el lugar perfecto. En Najurieta lo más que podrían encontrarse es a algún devoto de la virgen de Basabe, que se custodia en la parroquia. Si alguno de estos señores tiene problemas de verrugas o erisipela, con tres avemarías bien rezadas quedarán completamente curados, se lo garantizo. Yo mismo padecía de unos terribles sabañones y lo que le he dicho: en un decir "Jesús" ante la imagen, completamente curado.

-Bueno es saberlo, aunque me temo que ellos creen más en esas modernas grageas que toman en su país en cuanto les duele cualquier cosa. Con Dios, señor guardia...

-Él les guíe también a ustedes...

-Vaya, don Gabriel, casi me da un patatús cuando le he oído decir que el ingeniero jefe era alemán...

-Y no mentía, que Alemán sí que era, Angel María, pero desde luego ha sido un buen susto, sí señor.

-Es una pena no tener tiempo para enseñarles a todos esta iglesia. Los abuelos de nuestro querido amigo Miguel Zuza tuvieron el buen gusto de casarse en ella. Él fue quien me recomendó que la visitara. Quién me iba a decir a mí entonces que volvería para menesteres tan asombrosos como éste en el que andamos metidos ahora mismo, don Gabriel.


-No te preocupes, que ya encontraremos tú y yo mejor momento para visitarla tranquilamente. Me temo además que nuestros acompañantes están demasiado nerviosos como para aplazar más el final de esta aventura de siglos. Si no me equivoco, ahí, justo encima de esa loma, está nuestra meta...

-Lo que se ve desde aquí no es muy esperanzador, don Gabriel. Apenas dos paredones se mantienen en pie, y cuatro hileras de piedra de lo que debió ser el ábside de la ermita...

-Bueno, todos saben que vienen con el objetivo de excavar. Incluso esas barras de hierro que traen se enroscan una con otra para sondear la tierra y poder comprobar si hay alguna cripta bajo el nivel del suelo que pisamos.

-Siempre he sabido que el Gobierno Británico está formado por un montón de cabezas de chorlito, y esto confirma completamente mis sospechas. ¿Qué piensan en Londres que vamos a poder encontrar en este lugar dejado de la mano de Dios?

-En cuanto coja su pala y se ponga a cavar como el resto de nosotros podrá averiguarlo, mister Devlin.

-¿Cavar aquí, en esta tierra tan seca? You are crazy, mr. Pascual. Yo estoy acostumbrado a la tierra húmeda de mi país. Allí basta con removerla un poco con el pie para que surjan tesoros celtas escondidos. Pero intuyo que de este peñasco sólo sacaremos callos en las manos.

-¡Sacarás también un pedazo de plomo en el corazón si no cavas, bastardo irlandés!

-¿Ven lo que les decía? Este es el cariño que nos tienen los ingleses. En fin. Puesto que me lo pide tan gentilmente, capitán Moore, venga esa pala. Les enseñaré como cava el último descendiente de generaciones de mineros irlandeses...

-Llevamos ya más de una hora y media apartando tierra, y soportando esas furibundas y puntuales explosiones, y aquí no hay más que gusanos, aparte de los ingleses, quiero decir...

-Su sarcasmo no ayuda en nuestra tarea, Devlin, pero es cierto que, si existe, ya deberíamos haber encontrado una entrada o un túnel.

-¡Aquí, Angel María! La vara de estos muchachos parece haber dado con una losa de piedra, y suena hueco al golpearla!

-Pero esa vará medirá al menos tres o cuatro metros. Tardaremos horas en retirar toda esa tierra...

-Si mis queridos compañeros de comando me dejaran usar esa dinamita que he visto que guardan en su caja de "herramientas", yo podria poner gustosamente en práctica ciertas técnicas que me enseñó mi "tío" de Belfast. Les garantizo que en unos minutos esa losa y lo que haya debajo verán la luz del sol. Piensen además que el ruido no llamaría la atención, si lo hacemos coincidir con las detonaciones de la nueva carretera...

-No está mal pensado, mr. Devlin, pero extreme las precauciones para no dañarla, quizás contenga alguna pista decisiva que pueda servirnos para nuestro propósito.

-Ustedes sólo tienen que ponerse a cubierto tras aquella pared. Lo demás corre de mi cuenta.

-Y de la mía, irlandés del demonio. No te quitaré ojo de encima mientras actúas.

-Es inútil que insista, capitán Moore: ya estoy comprometido con la dulce Mary O'hara, allá en el condado de Derry...

Well: todo está listo. Y según mi reloj, falta apenas un minuto para la hora en punto, así que harán bien en taparse los oídos...

-¡¡¡¡¡¡¡¡¡BLAAAAAAAAMMMMMMMMMMMMM!!!!!!!!  ¡¡BOUMM!!

-¿Porque ha habido dos explosiones, Devlin? ¿No decía que sabía lo que hacía?

-Vaya que si lo sabía, don Gabriel: la primera ha sacado la losa al descubierto, y la segunda ha sido la que ha debido acabar con el capitán Moore. Ni rastro de Devlin, por supuesto. Nos la ha jugado bien: debió esconderse un cartucho extra mientras colocaba la carga en el agujero. Tendría pensado huir desde el principio...

-Madre mía: el capitán muerto y Devlin huído ¿cómo explicaremos esto a Londres?

-Me temo que la culpa es de ellos, don Gabriel. Si conocían a Devlin, es evidente que menospreciaron su valía. Eso, o que el "tío" de Belfast entrena mucho mejor a sus hombres que el Almirantazgo británico, que todo podría ser...

-Y encima la losa ha quedado destrozada.

-Sí, pero ahí abajo hay una galería, y de buen sillar, a lo que parece.

-Y podemos estar bien seguros de que tampoco habrá quedado, si las había, ni una sola serpiente, Angel María. Por algo quien nos ha abierto las puertas es un devoto hijo de San Patricio...

-Lo mejor será bajar cuanto antes: Banks, Wilson, Peters y Hurst con nosotros, los demás nos ayudarán a bajar sujetos con cuerdas, pero sin descuidar ni un momento la posible llegada de cualquier extraño.

-Estas linternas modernas son estupendas, don Gabriel: se ve que Inglaterra cuenta con muchos medios bélicos. Además, no me hubiera gustado nada tener que aventurarnos por aquí únicamente con la oscilante luz que dan las antorchas. Y eso que esta sala no parece tan grande. Apenas veinte metros cuadrados, aunque excavados aprovechando el montículo sobre el que se asentaba la ermita. Eso sí: parece completamente vacía. Pero, ¿Por qué se detiene? ¿Acaso ha visto algo? ¡Vaya! Pero si es...


-Efectivamente, Angel María. Es el signo del Águila: el sello de Sancho VII el Fuerte, y mira, se repite por doquier, prácticamente en todas las pequeñas baldosas que cubren tanto las paredes como el suelo y el techo. ¡Aguarda! No es el mismo símbolo: en otras aparece la Cruz de Occitania...


-¿Pero no me dijo usted que los cátaros detestaban el signo de la Cruz?

-Sí, pero ésta es distinta. Para empezar no es una cruz latina, como la elegida por la Iglesia Católica, y esos doce puntos en relieve en los que rematan sus cuatro brazos simbolizan a los Doce Perfectos, que al igual que los Doce Apóstoles de la Iglesia Primigenia, guiaban al resto de Creyentes de su fe. Por extensión es también el signo de la dinastía de los condes de Toulouse, que combatió para defenderlos de la Cruzada ordenada por Roma. Y hasta hoy en día es el símbolo, la bandera de la Occitania, el pacífico país que fue aplastado por los caballeros franceses de Simón de Montfort...


-Este lugar impresiona, sí, pero si alguna vez algo de valor se ocultó aquí dentro, don Gabriel, de eso debe hacer ya muchos siglos. No hay ni rastro de objetos ni de tesoros. Tan sólo el sello real de Navarra y el signo de la cruz occitana, repetidos una y otra vez¿cuántas? Miles quizás...

-¡Precisamente ahí puede estar la clave, Angel María! ¿Y si no todas son tan iguales como parecen? ¿Y si sólo hay una diferente a todas las demás? Dile a los que se han quedado arriba que bajen también aquí, que dejen sólo dos hombres de guardia. Y explícales qué es exactamente lo que buscamos: cualquier rasgo que individualice una de estas baldosas aparentemente idénticas...

-Nada, llevamos horas dejándonos los ojos aquí abajo, y todos estos símbolos, a pesar de estar hechos en pleno siglo XIII, parecen haber sido fabricados en serie. Creo que tendremos que darnos por vencidos, don Gabriel.

-Hemos llegado demasiado lejos como para renunciar ahora, Angel María. Lo que debemos hacer es aplicar mejor lo que sabemos sobre los cátaros para orientar nuestras pesquisas. Veamos, si rechazaban a la  Iglesia Católica y sus ritos, no los aplicarían bajo ningún concepto en sus propios lugares de oración, como éste en el que nos encontramos. Así este subterráneo sería como un "espejo" de la capilla que, para aparentar, tenía encima. Y todos los espejos reflejan invertida la imagen que se refleja en ellos. Sabes perfectamente que todos los templos medievales tienen su ábside -el lugar que acoge las ceremonias más importantes-, orientado hacia el Este, en honor al lugar donde nació Jesucristo. Por tanto el lugar más venerado para los albigenses debió ser el Oeste. ¿Y qué debe hacer el peregrino que llega a un lugar sagrado? Arrodillarse y mostrar su humildad no levantando sus ojos del suelo...

-¡Increible! Tenía usted razón: esta baldosa es distinta a las demás. ¡Mire: el águila de Sancho el Fuerte lleva la cruz occitana en su pecho!


-Y con bastante relieve. Quien sabe si apretando ese medallón...

-¡Aguarde, don Gabriel! ¿No teme algún tipo de trampa?

-No, Angel María. Si quien construyó este lugar hubiera previsto alguna estratagema, probablemente ya estaríamos todos muertos. Además: los que no se arriesgan no cruzan la mar. Si lo sabré yo, que soy cónsul de un país al otro lado del oceano...

-¡Mire, al pulsar la cruz se ha puesto en marcha un mecanismo en la pared oeste!¡El muro se está abriendo, y detrás hay una hornacina decorada con pinturas de ángeles tocando las trompetas del Día del Juicio!

-Sí, y en su interior hay una gran caja metálica con muchas inscripciones y la cruz de los condes de Toulouse grabadas en su tapa, y tiene como ventanucos de alabastro en el resto de sus caras, que no permiten ver su contenido. No parece de oro. Al contrario, quizás podría ser de plomo. Por su tamaño, diría que vamos a necesitar a todos los hombres para poder sacarla al exterior, parece muy pesada.

-Tampoco parece tener aparentemente una cerradura, o unas bisagras a la vista. Y la batería de las linternas comienza a agotarse. Tiene razón, don Gabriel: vamos a verla a la luz del día...

-Uffff. Efectivamente hemos necesitado usar todas nuestras fuerzas para alzarla. No sé que puede haber en su interior, pero pesa extraordinariamente.

-¿Quién sabe, Angel María? ¿Cómo atreverse siquiera a deducir el peso de la piedra preciosa que adornaba la frente de Lucifer y que cayó a la Tierra cuando fue derrotado por los ángeles leales a Dios?

-¿De verdad cree que este extraño objeto puede ser el Grial?

-Enpiezo a no saber en qué creo exactamente. Pero lo que sí sé es que todas las leyendas tienen un fondo de realidad, y que el que tengamos ahora mismo esta caja en nuestras manos lo demuestra fehacientemente. Dime, ¿puedes descifrar las inscripciones?

-Supongo que sí, porque parecen estar escritas en un tipo de latín medieval. Veamos:

‘Quod est inferius, est sicut quod est superius. Et quod est superius, est sicut quod est inferius’  "Lo que está más abajo es como lo que está arriba, y lo que está arriba es como lo que está abajo".

-Pero esa sentencia me suena... ¡Claro, como que pertenece a la Tábula Esmeraldina!

-¿La tábula qué?

-¡La Biblia de los alquimistas, Angel María! Dicen que fue escrita por el mismo Hermes Trismegisto, un sabio mitad mago, mitad científico, que al parecer vivió en el Egipto ptolemáico. Se le considera el iniciador de la filosofía hermética, aquella que defiende que sólo los iniciados pueden llegar a alcanzar la auténtica sabiduría. Y si te fijas bien, no es raro que los cátaros hubiesen acogido con agrado estas teorías, pues para su concepción maniquea del mundo -el Cielo y la Tierra, el Ámbito Superior y el Ámbito Inferior-, eran sin duda las más adecuadas a su pensamiento.

-Pero nunca le había escuchado hablar de nada de ésto, don Gabriel.

-En estos tiempos modernos nuestros, lo que se lleva es asombrarse ante los avances de la tecnología mientras se olvidan los antiguos conocimientos que, convenientemente liberados de su pátina de oscurantismo, aún podrían abrir muchos caminos a nuestra limitada comprensión. De esa antiquísima sabiduría arcana es de la que han ido bebiendo todos aquellos que la "Ortodoxia" se complació en tildar de herejes, nigromantes o brujas. Y no es Navarra precisamente tierra que haya quedado al margen de estos asuntos. Recuerda todos los procesos brujeriles del siglo XVII, con Zugarramurdi a la cabeza. Siempre me han interesado esos temas, aunque he de reconocer que jamás pensé en ellos como algo que pudiera hacerse mínimamente realidad. Pero sigue leyendo, por favor. Veamos si los demás textos pertenecen también a las Trece Fórmulas Sagradas del Gran   Trismegisto...    

"Ascendit a terra in caelum, interumque descendit in terra, et recipit vim superiorum et inferiorum. Sic habebis gloriam totius mundi. Ideo fugiet a te omnis obscuritas. Hic est totius fortitudinis fortitudo fortis, quia vincet omnem rem subtilem, omnemque solidam penetrabit. Sic mundus creatus est, et sic mundus destructus erit. Hinc erunt adaptationes mirabiles, quarum modus hic est".
"Sube de la Tierra al Cielo, y, luego, nuevamente desciende a la Tierra y combina los poderes de lo que está arriba y lo que está abajo. Así ganarás gloria en el mundo entero, y la oscuridad saldrá de ti de una vez. Esto tiene más poder que la Virtud misma, porque controla todas las cosas sutiles y penetra en todas las cosas sólidas. Éste es el modo en que el mundo fue creado, y también el modo en que será destruido. Éste es el origen de los prodigios que se hallan aquí". 

-Efectivamente, estos siguen siendo algunos de los famosos conceptos herméticos contenidos en la Tábula Esmeraldina. Aunque si la memoria no me falla, en ellos sólo se hablaba de la posibilidad de construir, y aquí se dice además que el mundo podrá ser también destruido con lo que esta caja encierra...

-Observe los botones en los que termina cada brazo de la cruz occitana que aparece grabada en la tapa, don Gabriel: los de los extremos están fijos, pero los centrales relucen como si alguna vez ya hubiesen sido pulsados. ¿Qué le parece: nos atrevemos a cruzar el mar?

-Por supuesto, Angel María. Tú pulsa los que marcan la dirección Norte y la Oeste, y yo haré lo mismo con los que indican la Este y la Sur. Y que sea lo que Dios quiera...

-¡La caja está vibrando como si fuese a estallar, y el alabastro resplandece como el corazón del sol! ¡Rápido, al suelo!
Everybody get down!!!!

-¡Por Dios! ¿Ha visto eso, don Gabriel? ¡Una especie de fogonazo de luz intensísima ha salido desde la caja hacia los cuatro puntos cardinales que le marcaban los ventanucos! Y... ¡No puede ser! ¡Déjeme sus prismáticos, teniente Charlton! ¡Oh, no! ¡Aquel lugar de enfrente ha desaparecido! ¡Es como si se hubiese desintegrado!

-¡Es terrible, sí! Y aún ha habido suerte de que estemos en un alto, porque si no el rayo hubiera afectado al pueblo de Unciti, que es el que tenemos justo enfrente. Creo que la zona afectada ha sido el despoblado de Errondo. Una vez estuve allí: quedaban los restos de una torre señorial y de  una preciosa portada románica en cuyo tímpano estaban representadas las tentaciones de Cristo. Es una verdadera tragedia para el arte navarro. Y además tendremos que inventar alguna excusa para explicar su desaparición. Que la ha comprado un museo norteamericano o algo así...



-Pues vaya preparando más pretextos, porque al parecer el resto de direcciones también se han visto afectadas. Al Norte ha desaparecido la práctica totalidad de la torre de Mendinueta, que ha debido recibir el rayo de lleno, y aún podemos dar gracias a Dios que ha pasado por encima de Artaiz sin causar daños. Al Sur parece haber caído sobre unos corrales de la aldea de Zoroquiain, y al Este... Qué curioso: al Este no parece haber causado desastre alguno, y eso que lo vi superar la peña y llegar hasta la ermita de San Miguel de Izaga. Pero parece completamente intacta...



-Quien sabe: quizás la piedra de Lucifer sigue sin tener el poder suficiente como para vencer al arcángel que lo derrotó al principio de los tiempos. Pero por el momento me preocupa más saber si ha habido algún herido en los cuatro lugares. En cuanto volvamos a Pamplona tendrás que emplear tu condición de periodista para averiguarlo.

-No se preocupe, confiemos en lo que nos dijo el guardia: que todos estaban avisados de que permanecieran en sus casas para evitar el peligro de las explosiones. Pero, ¿qué está haciendo, teniente Charlton? ¿Y por qué arroja a la sala el cadáver del capitán Moore?


-Mr. Pascual: ustedes dos han cumplido con su cometido, déjennos ahora que nosotros hagamos el nuestro. Todos nosotros sabemos lo que nos jugamos en cada misión, y llevarnos con nosotros el cuerpo de nuestro compañero nos pondría en peligro a todos. Vamos a cargar esa portentosa caja en el autobús y después, coincidiendo con la explosión de la carretera, arrojaremos media docena de granadas a la cripta. Lo siento, pero no podemos permitirnos dejar pruebas de lo que aquí ha ocurrido hoy....  

-¡Pero esto es un ataque intolerable contra el patrimonio histórico, no sólo de Navarra, sino mundial! ¿Acaso no se da cuenta de que ningún otro templo cátaro sobrevivió a la Cruzada Albigense?

-Dígale a mr. Biurrun que tiene toda la razón, pero que también ustedes acaban de destruir una portada románica y una torre medieval, así que en ese sentido estaremos en paz. Estos últimos días ustedes dos han estado lamentándose continuamente del poco valor que sus conciudadanos otorgan a los restos artísticos o arqueológicos de otras épocas. Pues ya ven que no eso no es cosa que sólo pueda objetarsele a los navarros. Y ahora apártense y vayan bajando hacia el autocar, que es casi la hora en punto...

-Se le nota cansado, don Gabriel. No se preocupe, dentro de muy poco estaremos en Pamplona de nuevo. Sabía que ocurriera lo que ocurriera hoy, no podríamos hablar públicamente de ello jamás, pero me disgusta pensar que somos los artífices de un descubrimiento que puede alterar la faz del mundo y del que nadie sabrá nunca nada. De todas maneras, tras ver el poder de esa caja que ahora descansa en el maletero de este humilde autobús, ¿no le asalta la duda de por qué los cátaros no quisieron emplear un arma tan formidable para defenderse? Si la hubiesen utilizado la historia del mundo hubiera sido probablemente muy distinta...

-Claro que lo he pensado, Angel María. Y por más vueltas que le doy no consigo entenderlo. Quizás no detestaban tanto el mundo sensible como se dice. Quizás su pacifismo les impidió aplastar a sus encarnizados enemigos. Quizás temieron que éstos se hiciesen con la caja, el Grial, o como queramos llamarlo, porque sabían que ellos sí que no dudarían en usarlo para destruir el mundo.

-Y ahora nosotros se lo hemos proporcionado a uno de los países que lucha en la guerra más terrible que ha conocido la humanidad. ¿No le da miedo lo que los ingleses puedan hacer con algo así?

-Me da más miedo lo que los nazis harían con ello. No olvides que han sido las pistas patrocinadas por la Ahnenerbe las que nos han traído hasta aquí. Y que el Reichsführer Himmler llegará en apenas quince días. Me choca que Basabe estuviera tan desprotegido, y aunque me congratulo de que no se haya producido ningún enfrentamiento armado, quizás si se hubiese dado, las piezas de este rompecabezas encajarían mejor. Me sigue pareciendo que hay algo que aún desconocemos...

-Desde luego una de las cosas que no sabemos es cuál será el destino del "Grial". ¡Teniente Charlton! ¿Puede decirnos cuáles serán sus siguientes pasos, please?

-Sólo estoy autorizado para revelarles que tras dejarles en Pamplona, seguiremos ruta hacia una bahía oculta  del golfo de Vizcaya. Allí nos esperará un submarino de la Real Armada Británica para recibir nuestra carga.  Sólo sabemos que nosotros no iremos en él, pues una vez entregado nuestro "regalo", tenemos orden de cruzar la frontera francesa por nuestros propios medios. En nombre del Gobierno de Su Graciosa Majestad, les doy las gracias más efusivas por su colaboración...

-Bueno, Angel María. Esta próxima temporada, para evitar sospechas, será mejor que no nos vean juntos. Te  pido otra vez que aproveches tu condición de periodista para indagar todo lo que puedas sobre posibles heridos en Errondo, Zoroquiain, Mendinueta o San Miguel de Izaga. No descansaré tranquilo hasta que puedas conrfirmármelo. Puedes también publicar algún pequeño artículo sobre la ruina y la incuria que afecta a nuestros monumentos medievales, poniendo de ejemplo la venta del tímpano de Errondo o el reciente hundimiento de la torre de Mendinueta. Y no dejes tampoco de enterarte, si puedes, de detalles de la visita de Heinrich Himmler a Navarra. Quizás le desagrade sobremanera que nos hayamos adelantado a sus extraños designios y quiera tomar represalias...

-Así lo haré, don Gabriel, y si descubro algo, le haré llegar un discreto aviso para que nos veamos. Aprovecharé también el tiempo para leer algo más sobre esos cátaros que tanto trabajo nos han dado, y que  mostraron tanta cordura y templanza como para mantener escondido durante siglos lo que ahora nosotros acabamos de sacar a la luz. Quiera Dios que no tengamos que arrepentirnos...

[Continuará...]



© Mikel Zuza Viniegra, 2012

lunes, 26 de noviembre de 2012

BARRUNTOS VII

Torre de Olcoz (Valdizarbe)
5 de octubre de 1940, nueve de la mañana.


-Don Gabriel, ¿no cree que con esta excursión podamos llamar demasiado la atención en Pamplona?

-Al contrario, Angel María, una vez conseguido este pequeño autocar por medio de los buenos oficios de mi amigo Matías Anoz -ya sabes, el dueño de Casa Marceliano-, y tras anunciar públicamente que vamos a enseñar a nuestros "estudiantes" algunas de las torres cabo de armería que quedan en las cercanías de la capital, incluida la de Mendinueta -que perteneció al conde de Ayanz, uno de los protagonistas de nuestro libro-, creo que evitamos cualquier tipo de sospecha.
Eso mismo hemos buscado al repartir a cada uno de ellos un ejemplar del Coqueto don Sancho, junto con la sinopsis en lengua inglesa que tú mismo les preparaste. Y me parece que casi todos han sabido fingir bastante bien su supuesto interés en él. Quizás Devlin haya mostrado su fuerte carácter más de lo conveniente, pero dadas las circunstancias de su alistamiento, no me sorprende demasiado.
En cuanto a comenzar nuestra misión precisamente en esta torre de Olcoz, de la que soy afortunado propietario, he creído que no podríamos actuar de otro modo, y que igual que el gigantesco caballero que campea en los muros de San Cernin emprende su viaje dejando atrás las puertas de una imponente ciudad, nosotros debíamos hacerlo dejando atrás los recios muros de una torre medieval, y no la insustancial y fría contemporaneidad de la estación de autobuses...

-En esto último desde luego tiene usted toda la razón, don Gabriel, pero no sé yo hasta qué punto estos doce hombres que ahora fuman y estiran sus piernas a nuestro alrededor serán partidarios de semejantes sutilezas históricas...

-No te preocupes, que te aseguro que conocen perfectamente su cometido y saben que todos estos adornos "intelectuales", son absolutamente necesarios. Piensa que desde aquí, apenas nos separan treinta kilómetros de la ya citada torre de Mendinueta, y que ésta dista tres kilómetros escasos de Basabe. Pronto nos pondremos en camino, y quiera Dios que no nos encontremos allí alguna sorpresa desagradable, pues ambos sabemos que los soldados alemanes, con el pretexto de recuperar fuerzas, llevan unos días realizando caminatas por toda la cuenca, y justo la semana pasada subieron precisamente hasta las ruinas del castillo de Irulegui, que domina desde su altura el valle de Izagaondoa. Desde luego pudo ser una mera casualidad, pero por si acaso Banks, Cohen, Wilson, J. Charlton, Moore, Stiles, Ball, Peters, B. Charlton, Hurst, Hunt y Devlin -que así se llaman nuestros doce hombres-, vienen preparados para cualquier eventualidad...

-¿Está usted hablando de que nos arriesgamos a un posible enfrentamiento armado entre ingleses y alemanes en pleno corazón de Navarra? Supongo que se dará cuenta de que si tal cosa llega a producirse, las consecuencias diplomáticas para España pueden ser gravísimas...

-Por supuesto que me preocupa esa perspectiva, aunque creo sinceramente que, llegados a este punto, el temor a las consecuencias de nuestros actos ha de dejar paso a la expectativa de conseguir el resultado que de nosotros se espera.

-Precisamente sobre eso quería hablarle, don Gabriel, pues no sé si finalmente encontraremos en Basabe lo que el MI6 anhela. He aprovechado estos quince días para recabar información sobre el catarismo y también para visitar a la familia del recientemente fallecido archivero don Carlos Marichalar. Ya sabe, el autor de la Colección Diplomática del Rey D. Sancho VIII el Fuerte. Pues bien, tras estudiar concienzudamente su libro, determinadas lagunas me hicieron sospechar que no había publicado en él todos los documentos que había tenido a su disposición. Unas amables consultas con su hijo, que consintió que revisase los papeles inéditos dejados por su padre, me permitieron confirmar mis recelos: efectivamente aún le quedaban muchos diplomas del rey Sancho por catalogar, y uno de ellos era lo que parecía la copia exacta de una carta dirigida a su hermana Berenguela, la reina viuda de Inglaterra. Está fechada el 25 de agosto de 1229. Escuche con atención lo que dice, pues me he permitido traducirlo desde su macarrónico latín original:

"Tras la muerte hace unos meses de nuestra hermana Blanca, la condesa de Champaña, tú y yo somos los últimos miembros de nuestra gloriosa familia, y puesto que no tengo hijos legítimos, un extraño acabará heredando el reino de nuestros antepasados. Eso no me preocupa demasiado, al fin y al cabo quizás el nuevo rey lo haga mejor que yo, que vivo atormentado por no haber sabido seguir el ejemplo de buen gobierno que nos legó nuestro padre. Es justamente eso lo que me anima a escribirte ahora que una nueva tribulación amenaza mi corona.

Aunque hayan pasado ya tantos años desde que tus obligaciones conyugales te alejaron de Navarra, nuestro constante contacto por carta te habrá mantenido bien informada de nuestros numerosos problemas para mantenernos firmes ante las asechanzas de Castilla y Aragón, secundados siempre en sus malditas ambiciones por todos y cada uno de los papas que han pasado en estos años por la silla de San Pedro. Pero hay algo que no me atreví a contarte en su momento, y que ahora es urgente que conozcas: hace cerca de quince años, y acuciado por la necesidad de dinero, llegué a un pacto de protección con el núcleo de mandatarios de lo que Roma consideraba herejes del Languedoc. Ellos me proporcionaron entonces los fondos que requería para pagar a mis tropas, y yo a cambio les ofrecí un lugar seguro donde pudieran residir tranquilos. El fanático obispo Guillem de Saintonge procedió a excomulgarme por ello, y sólo accediendo a su deseo de que jamás pudieran abandonar ese paraje, y que viviesen allí fuertemente vigilados, pude eludir la enésima invasión castellano-aragonesa.

He mantenido contra viento y marea la palabra que entonces dí a los occitanos, atendiendo sobre todo a las enseñanzas de hospitalidad que nos dio nuestro padre el rey Sancho, que confío que tú tampoco habrás olvidado. Ahora soy ya viejo, y siento cada vez más cercana la muerte. Temo que si, como anhelan los nobles, mi sucesor es nuestro sobrino Teobaldo, su condición de vasallo del rey de Francia le haga perseguir a estos hombres que, equivocados o no en sus creencias, me ayudaron cuando lo necesitaba. Por eso quiero rogarte que, valiéndote de tu influencia en la corte de tu sobrino el rey de Inglaterra, intentes conseguir que sean acogidos en aquellas tierras. No mancharé mis manos de sangre inocente, y te digo que no he conocido nunca a gente más franca ni humilde que ellos.

Si aceptas, viajarán ellos solos con una escolta armada que yo les proporcionaré, dejando aquí los contados objetos de culto que con ellos trajeron, pues hacerlo con cualquier pertenencia personal podría atraer sobre ellos la codicia de los numerosos salteadores que pululan por Aquitania y por la propia isla de Inglaterra. Naturalmente tus desvelos serán recompensados con una generosa donación económica para esa impresionante abadía que mi canciller me cuenta que estás levantando cerca de Le Mans..."

-Maravilloso, Angel María. Además esto no sólo despejaría nuestras dudas sobre una hipotética permanencia de los cátaros en Izagaondoa, sino que además les situaría en Inglaterra, que es curiosamente el  país que ahora nos envía a recuperar su hipotético legado. No deja de ser curioso, aunque siempre he creído que la Historia es una dama caprichosa. Pero dime, ¿has podido averiguar si Berenguela respondió?

-Desgraciadamente no parece haberse conservado el documento original, pero en el reverso del documento que le acabo de transcribir, un clérigo que debió consultarlo, y que por el estilo de su letra debió hacerlo en el siglo XV, dejó anotado:

"la reina viuda de Inglaterra, en honor y reverencia a su poderoso hermano y a la memoria de su difunto padre, reyes ambos de Navarra, admitió acoger a los proscritos, y no debe extrañar esto a nadie,  pues solamente Dios conoce la bondad o maldad que se esconde en el corazón de cada criatura humana, y lo recordará  inapelablemente cuando nos juzgue a todos al final de los tiempos..."

-¡Verdaderamente sensacional! Porque si dejaron aquí todos sus "objetos de culto", puede que el Grial aún permanezca en Basabe...

-No lo sé, pero desde luego estoy ansioso por comprobarlo cuanto antes...

-Oigan amigos, por sus caras deben estar hablando de algo muy interesante, y es cierto que este lugar es bastante bonito, pero la verdad es que hace frío en este desvencijado torreón, y me gustaría saber si tienen pensado iniciar hoy el trabajo que me ha hecho abandonar los "muy acogedores" muros de la prisión de Wandsworth...

-Tenga un poco de paciencia, Devlin. Estábamos comentando nuevos datos muy esclarecedores sobre nuestro objetivo. En cuanto a la torre, probablemente le gustará saber que mister Gabriel tiene el proyecto de rehabilitarla.

-¿Esta ruina? Yo tengo un... digamos que un "tío" en Belfast que la reduciría a escombros de tan pequeño tamaño que resultaría luego muy fácil recogerlos. Creo que les saldría mucho más barato que restaurarla...

-Sí, y puedo imaginar perfectamente el método que su "tío" utilizaría para ello...

-No se inquieten ustedes, amigos: la Torre de Londres va siempre primero en las previsiones de actuación de mi "tío". Digamos que es una vieja deuda de juego...

-Bueno, por lo que tengo entendido los alemanes están haciendo en estos momentos todo lo posible por cumplir los deseos de su "tío", mister Devlin. Así que debe estar usted muy contento...

-Mire, mister Pascual, odio al Imperio Británico con todas mis fuerzas, y le juro que si para conseguir una República de Irlanda totalmente libre y unida tengo que aliarme con el Demonio, lo haré sin dudarlo. Pero eso no me hace compartir en absoluto las ideas del Diablo, que tengo entendido además que son también las suyas. Sí, no se sorprenda, mi "tío de Belfast" tiene un gran sistema de información, y además yo mismo luché con mis compañeros de la Columna Connolly contra sus repulsivos "camisas azules", en Madrid, no hace ni tres años todavía. Así que no intente darme lecciones de moral o de política, y no olvide jamás que vengo de la Isla de los Santos y los Sabios, y que cuando ustedes aún andaban recogiendo zanahorias en esta Navarra suya, San Patricio ya había expulsado a todas las serpientes de mi querida Irlanda...

-¿Qué discutes tan acaloradamente con Devlin, Angel María?

-No se preocupe, don Gabriel, digamos que tenemos diferentes criterios "artísticos". Pero en cualquier caso él tiene razón en algo: deberíamos ponernos ya en camino hacia Basabe. Aprovecharemos el viaje para dar a estos señores los últimos detalles, y rogaremos a Dios para que haya que utilizar únicamente las palas para excavar y no las metralletas para abrirse paso...

-Yo también rezaré para que Él nos escuche.
Come on, guys!

[Continuará...]

© Mikel Zuza Viniegra, 2012

lunes, 19 de noviembre de 2012

ENO-ELEGÍA



Nájera, 11 de octubre de 1500

Se han agarrado los nubarrones a las peñas de tierra roja con las que limita el monasterio, y cae la lluvia con fuerza tremenda sobre el maltrecho tejado de la biblioteca. No deben tener los frailes caudales suficientes para restaurarlo, pues el techo muestra muchas grietas y descascarillamientos, y de seguir muchas horas más la tormenta, no habrá calderos suficientes para intentar paliar las goteras.

Pero es justamente allí, mientras esperan que el abad ordene llamarlos, y bajo el feroz repiqueteo del agua sobre los resquebrajados lucernarios de vidrio, cuando ella -que ojea distraída un deteriorado volumen de sabiduría antigua a la oscilante luz de unos fluorescentes candeleros-, le parece tan hermosa como la primera vez que la vio, allá en la agreste balconada de Adansa.

Y es que son los embajadores de sus majestades don Juan y doña Catalina de Navarra ante la corte de la reina Isabel de Castilla, que pasa estos días asentada en la ciudad de Santo Domingo de la Calzada. Así que aprovechan la jornada que les falta para alcanzar su destino para visitar todas las maravillas que esta parte de La Rioja alberga. Y no es la menor de ellas,ahora que por fin el abad mitrado les da su permiso para contemplarla, la espectacular sillería de coro que labraron los hermanos Andrés y Nicolás de Amutio. Es esta obra de tal categoría artística, que no hay palabras que hagan justicia al describirla, pues es como si todo el mundo conocido, y aún también el imaginado en muchos portulanos y cartas navales, estuviese allí primorosamente representado en resplandeciente madera de nogal. Y es la figura principal de todas aquellas, la del rey don García de Navarra, fundador de este cenobio, a la que con muchas reverencias e inclinaciones de cabeza cumplimentan sus paisanos. Y es de envidiar ser monje profeso en lugar tan a propósito como éste, y poder así pasar las largas y tediosas horas de rezo dejando que la cabeza persiga con toda su capacidad fabuladora cualquiera de estas portentosas imágenes, pues no hay lugar donde pueda descansar un instante la mirada, sin que se encuentre con santos, ángeles y demonios a porfía. Y algunos de tal arte, que sólo les faltaría hablar para parecer más reales de lo que ya son.


Y entre todos ellos llaman la atención varios nativos de las lejanas Indias que no ha muchos años fueron descubiertas por aquel señor llamado Cristóbal Colón, que aunque hoy en día pasa por ser genovés, hay historiadores de mucha prosapia que defienden que nació en Cabanillas, lo que de ser cierto abriría la posibilidad de que los reyes de Navarra reclamaran para su corona una parte importante de aquellos dominios, cuyo gobierno estaría sin duda muy bien servido, si la enormidad que cuentan poseen aquellas provincias fuese dividida en merindades. Pero esto sería motivo de larga discusión entre juristas de reconocido prestigio, y no hace caso a lo que vamos contando, así que será conveniente dejarlo para mejor ocasión.

Pero el hermano lego que les va guiando por el monasterio, vuelve a reclamar su atención sobre aquellos señores indios, y si antes les dijo que el grueso de la sillería se talló en 1492, mucho llama la atención a los viajeros que puedan todos aquellos caciques estar en estos sitiales tan bien representados, porque entienden que los indios sólo acostumbran a ser rapidísimos cuando asaltan diligencias en las famosas novelas de Vaquería, que son otra rama muy gustosa de las de Caballería, pues así como éstas están protagonizadas por caballeros muy lustrosos, en aquéllas casi puede sentirse en la garganta el polvo del desierto, y más que la destreza con lanza y espadas, se valora la habilidad con el Colt y el Winchester, que son artillerías muy sofisticadas...

Y lo dicho: ¿cómo hicieron estos indios entonces para pasar tan velozmente de su hábitat natural a este otro tan alejado allende los mares? Mas demandado su guía por tan peliagudo asunto, no acierta más que a decirles que es que la sillería no está aún terminada, así que en estos ocho años que van desde la llegada de las carabelas de Cabanillas a aquel remoto continente, muy bien han tenido tiempo, por calmos que sean los señores indios de aquellos lares, para haber podido llegar hasta Nájera sin ningún contratiempo reseñable...

Y aunque los embajadores quedan un tanto perplejos con tan peregrina explicación, prefieren dejarla pasar
con tal de no causar ninguna crisis diplomática, que son muy mirados los de aquellas tierras para lo suyo, y aún defienden que no fueron reyes de Navarra aquellos que en la santa cueva que dio origen al monasterio yacen enterrados, sino que únicamente lo fueron de Nájera, y que todos aquellos escudos con las cadenas y las lises, además de ser un anacronismo, no quieren decir nada del otro jueves. Y piensa el viajero, observando ahora el precioso sarcófago de la reina Blanca de Navarra, con el conmovedor retrato de su marido Sancho de Castilla llorando la muerte de su esposa durante el alumbramiento de su hijo Alfonso, que si esto fuera como dicen, saldría el Reino de Nájera representado en algún Atlas de los muchos que por el mundo pululan.

En algún Atlas que no se haya realizado en la propia Nájera, claro está. Pero como es buena cosa respetar mucho las creencias de cada cuál, aunque no se tenga que estar necesariamente de acuerdo con ellas, no toman a mal esta forma de contar la historia, pues al fin y al cabo los escudos de Navarra bien a la vista de todos están, para quien quiera mirarlos sin prejuicios. Y como se va haciendo tarde, y al día siguiente les espera dura jornada, deciden retirarse no sin mucho lamentar no haber tenido tiempo de probar el bacalao que en las tabernas de la rúa Mayor se sirve, que lleva justa fama de ser bocado digno de cardenales...

Y el día siguiente, que nace gris y desnieblado, les lleva hasta otro famoso monasterio, como es el de San Millán de Yuso. El más antiguo es el de Suso,que nace de las mismas cuevas donde el eremita vivió allá por el siglo VI, pero ni moviendo todas sus influencias pueden conseguir un salvoconducto para visitarlo, pues al parecer están tan solicitados por los innumerables devotos del santo, que hay que pedirlos con muchos meses de adelanto. Así que han de conformarse con saludar en el monasterio nuevo a sus queridos amigos Sofronio, Aselo, Potamia, Oria y Citonato, que además de ser los discípulos predilectos de San Millán, son de agradable trato y muy agradecidos con todos aquellos que a pesar de los siglos transcurridos, invocan sus desconocidos nombres ante cualquier trance peligroso. Mucho les cuesta que les dejen marchar, sobre todo el buen Citonato, que al contrario que sus otros cuatro compañeros, es muchas veces olvidado por quienes enseñan el lugar a los viajeros, y por eso agradece el doble al embajador navarro que nunca le olvide en sus plegarias.

Y de ahí marchan a Cañas, donde se halla el templo de monjas cistercienses más luminoso y transparente de toda la Cristiandad. Si se tiene la fortuna de llegar allí en día soleado, parece que haya más luz en su interior que en el corazón del sol, y resplandece tanto el blanco alabastro que cubre la enorme ventanería de su ábside, como los rubios cabellos de las modelos teutonas que copan las portadas de las revistas que se ofrecen en los kioskos, aunque el embajador asegure que sólo sabe de ésto por lo que le han contado, pues acostumbra únicamente a fijarse en tales semanarios en los artículos tremendamente serios y rigurosos que acompañan tan tentadoras imágenes. Y se atreve a jurarlo por el bendito San Citonato.

Y fue levantado aquel sensacional edificio con el patrocinio de Urraca Díaz de Haro, que profesó jovencica entre sus muros tras enviudar de su marido el conde Nuño. Y monja y todo, debía ser muy hermosa aquella buena señora, de tal suerte que el Diablo, tomando la forma de un labriego del contorno, quedó absolutamente prendado de ella y daba fuertes gritos al otro lado de las rejas animándola a abandonar la clausura. Pero ella resistía, y a cada improperio del bergante respondía levantando una vara más de alto la muralla que la protegía a ella y a sus hermanas de fe. Pero como el Demonio nunca deja de maquinar sus asechanzas, y utiliza para ello lo que tiene más a mano en cada momento, optó por tentar a Urraca empleando las abundantes cepas que allí mismo dan origen al mejor vino del mundo. Y empezó enviándole cajas y cajas de botellas de las mejores añadas que en aquella época se dieron, pues es don Belcebú sumiller mayor de Satán en los Infiernos, y sabe de todo tipo de licores más que ninguna otra criatura de la Tierra.

Pero Urraca no sólo rechazaba una y otra vez aquellos maravillosos presentes -que hubieran hecho las delicias de cualquier mesa regia, desde la muy bulliciosa de la la corte de Portugal a la aburridísima y gélida de la de Noruega-, sino que se complació en regar con aquellos preciados caldos los rosales que apenas habían nacido en el claustro del recién inaugurado convento, de tal suerte que empleó los tintos de la cosecha de 1200 -que salieron todos ellos con un delicado punto de sal, pues fueron recogidas aquellas uvas entre llantos, por haberse conocido la muerte del rey Ricardo de Inglaterra durante aquella vendimia-, en abonar un plantón que desde entonces da las rosas más bermejas que contemplarse puedan. Y los blancos de la cosecha de 1212 -purísimos y cristalinos en deferencia divina a la gran victoria cristiana en las Navas-, los derramó sobre otro esqueje, del que desde entonces brotan las rosas tan blancas como las camisas que han de llevar las mujeres que por muy hermosas se tengan. Y por último los rosados jóvenes de la cosecha del año 1218 -que fue la fecha triste en la que tras apenas un año de casados murió su marido el conde Nuño-, fueron a parar a los tallos de los rosales de los que surgen las flores de color más ojo de perdiz que cazador alguno haya visto nunca. Y están esos tres rosales hoy en día tan lozanos como si acabaran de plantarse, y quienes huelen sus flores, salen del claustro mitad embriagados, mitad enamorados, que es manera muy dulce y provechosa de salir de cualquier parte, como fácilmente podrá colegir cualquier lector de esta crónica viajera...

Claro que el que piense que el Diablo se conformó con ese líquido envío,es que no conoce bien lo que de él y sus intrigas dejaron escrito los santos padres, que no se rinde tan fácil el subterráneo enemigo. Así que si no podía ganarse a Urraca por el sentido del gusto, lo intentaría por el del olfato, para lo que se puso manos a la obra y confeccionó el fuelle más grande que nadie hubiera conocido, no ya en esas tierras, sino el más enorme desde tiempos de la reina de Saba, que es fama que le gustaba volver loco a su enamorado rey Salomón, no lavándose las axilas durante un mes, y enviándole tan corporales efluvios suyos por medio de un fuelle que era capaz de llevarlos en un periquete desde el desierto de la Arabia Felix  hasta la ciudad santa de Jerusalén, inflamando de amor las narices y lo que no eran las narices del gran sabio. Y esto no debe llamar la atención, pues hay que pensar que hay gente para todo, hasta para apreciar mucho las sutilezas odoríferas del sobaco de una reina.

Aunque Urraca tuvo la fortuna de no tener que enfrentarse a los adornos feromónicos y axilares de Belcebú, pues ya dijo el monje bizantino san Juan Mosco, que éstos sólo desmerecen en asquerosidad frente a los sudores que emanan de otras junturas corporales del diablo. Y cómo pudo saber de estas cosas tan íntimas aquel teólogo griego es asunto en el que es preferible no profundizar demasiado, al menos mientras se puedan elegir las rosas tricolores de Cañas.

Decía que no, que no escogió esos mefíticos vapores suyos para seducir a la virtuosa Urraca, sino que ésta debió resistir que con aquel gigantesco fuelle, que movía un aire más furioso que el corre por las calles de Tudela en las noches de diciembre, el demonio le enviara el perfume de las cepas recién descargadas de su fruto, de las uvas recién pisadas, y del primer mosto que fermentaba en las numerosísimas bodegas de aquellos pueblos que rodeaban el monasterio.

Y empezaba aquél tráfago diabólico del fuelle con un sonido como de aleteo leve, apenas de murciélago, pero enseguida se formaba tal vendaval, que a la monja que no se sujetaba prestamente a las fuertes columnas del claustro, aquel aire vinificado se la llevaba lejos, muy lejos. Y hay casos registrados de alguna que apareció completamente ebria en las laderas del altísimo monte San Lorenzo, que no está precisamente muy cerca de  Cañas. Y sus explicaciones de cómo había llegado hasta allí, y oliendo a vino de aquella forma, tampoco debieron ser bien recibidas por los adustos clérigos de la comarca...

Como no era cuestión de que estos acontecimientos se repitiesen con demasiada frecuencia, y harta ya Urraca de soportar los requiebros de este infernal canso, se quitó un día el cordón que sirve de cinturón a las hermanas de su Orden, y saliendo al fin del convento como le pedía Belcebú, se le enfrentó cordón en mano hasta que le dejó con él la piel tan marcada, que hay quien dice que todavía no ha parado de correr para huir de la temperamental señora. El testimonio más reciente lo sitúa cerca de Pernambuco, que es villa lejanísima donde siempre acaban huyendo ciertos agentes de la T.I.A , según asegura el gran micer Ibáñez en sus muchos volúmenes cuajados de maravillosas miniaturas...

Pero todos aquellos efluvios espirituosos tuvieron también su efecto benéfico, pues cuando murió Urraca elaboraron para ella el sepulcro de piedra más hermoso que pueda verse, y estuvo muchos años reposando en paz en él, sin que nadie molestara su descanso eterno, sin duda por miedo a llevarse unos fuertes cordonazos si así lo hacía. Al fin, más de cuatro siglos después, y tras rezar muchas jaculatorias y letanías de disculpa, un atrevido obispo abrió el sarcófago delante de toda la comunidad de monjas, y salió la fundadora tan hermosa y entera como recién fallecida, y se expandió a su alrededor un maravilloso aroma a vino tan bueno -que todos reconocieron al instante como proveniente de aquellas asechanzas aeróbicas del diablo-, que a decir de Su Ilustrísima no debió tener parangón más que con el que Nuestro Señor creó de la jarra de agua en las bodas de Canán, del que según cuentan las escrituras se podía beber sin temor a emborracharse, pues a ver quién se atrevía a  sacar faltas a semejante bodeguero.

Y una pequeña redoma con el milagroso vino de estas bodas se conservó en la capilla de San Jorge en el castillo de Olite, hasta que el príncipe de Viana, siendo muy joven, se la bebió entera en un rapto de soberbia adolescente, y desde entonces nunca, por más que bebiera, se embriagó ni un tanto así, lo cual dicen que le daba muchas facilidades para hacer caer a las damas en sus brazos, pues acababan bebiendo ellas más del doble y aún del triple de lo que les convenía para tener serena la cabeza...

En cuanto al famoso fuelle, mucho tiempo debió guardarse en la cillería del monasterio, para servir de ejemplo a monjas más propensas a caer en la tentación que la beata Urraca. Y advertidos los embajadores navarros de que tal vez pudiera encontrarse ahora en cierto museo sito en la villa de Briones, y tras despedirse muy cordialmente de tan singular abadesa, hacía allá que se dirigieron con intención de poder admirarlo, pero una vez llegados a tan insigne población, prefirieron quedarse en su muy espaciosa plaza mayor, disfrutando de la paz del lugar, y de los dulces jarabes que fabrica el signore Martini, súbdito de la muy ilustre República de Florencia, y también de unas banderillas de anchoa que quitaban el sentido. Y no lo hicieron sentados a metálicas mesas, como su categoría podía haber demandado, sino sentados en el suelo del soportal, en honor y reverencia de la muy humilde monja Urraca Díaz de Haro, cuyo ejemplo de vida es más sencillo de seguir si se intenta alcanzarlo con Martini en el gaznate y pan con anchoas en las manos.


Y daba fuerte el sol aquel día, y lo de menos era ya llegar a la corte de Castilla para parlamentar con los siempre adustos y fementidos reyes Isabel y Fernando, que nunca tuvieron ni una palabra mala, ni una acción buena. ¡Que los aguante el escuálido cardenal Cisneros, que es igual de rancio que ellos!, pensaron.

Y tras mucho cavilar, llegaron a la conclusión de que lo mejor que podían hacer era pedir asilo al esplendido maestro don Rafael López de Heredia, residente en la bella localidad de Haro, y príncipe de los cuatro evocadores países de Tondonia, Zaconia, Bosconia y Gravonia, lugares donde mora sin duda alguna la eterna felicidad.


Y me parece a mí que acertaron de lleno...

© Mikel Zuza Viniegra, 2012

viernes, 16 de noviembre de 2012

BARRUNTOS VI

Salón del arquero, redacción del diario "Arriba España"
Calle Zapatería nº 50 de Pamplona.
20 de septiembre de 1940, 6'25 h. de la mañana

-La verdad es que me sigue costando aceptar que este supuesto tesoro de los cátaros haya podido permanecer setecientos años oculto en el corazón del reino de Navarra, don Gabriel. Además, ¿quién o qué habría podido protegerlo todo ese tiempo? ¿O acaso cree usted que todavía, en pleno siglo XX, puede haber un núcleo de albigenses en Izagaondoa?


-No llegaría a afirmar tal cosa, Angel María, pues si bien es cierto que la gente de esos valles tiene en su buen carácter algo especial que los diferencia de la de otros lugares, yo no lo achacaría más que al maravilloso entorno en el que tienen la suerte de vivir. Pero también es cierto que éste permanece prácticamente inalterado desde el medievo, así que tampoco apostaría a que no hubiese podido sobrevivir allí -una vez que sus correligionarios fueron exterminados en el Languedoc-, algún tipo de círculo secreto mantenedor de tales creencias. En cualquier caso muy pronto, si estás de acuerdo, podremos salir de dudas, pues tenemos que poner esta extraña misión en marcha cuanto antes, en quince días a más tardar.

-¿En quince días? ¿Y por qué esas prisas? Digo yo que si este asunto lleva latente siete siglos, bien podría esperar unos meses o incluso unos años más...

-Bien hubiese podido ser, efectivamente, que todo esta cuestión permaneciese tan quieta como hasta ahora, si la Ahnenerbe no se hubiera mostrado, como vamos viendo, tan interesada en esta pista cátaro-navarra. Pero el MI 6 británico ya sospechaba de ciertos movimientos que se estaban dando en esta zona, recelo confirmado por una reciente noticia sobre los planes de protocolo de la Reichssicherheitshauptamt Oficina Central de Seguridad del Reich para los próximos dos meses: resulta que el 19 de octubre próximo el Reichsführer Himmler se detendrá en Alsasua de camino a Madrid, y aunque no sabemos si esta sorprendente visita puede estar o no relacionada con el Grial, pensamos que, por lo que pudiese ocurrir, es mejor adelantarse a una posible acción de los nazis para averiguar qué puede haber de cierto en las suposiciones histórico-legendarias del  obersturmführer Rahn.

-¿Y no pueden los ingleses confirmar si Rahn acompañará a Himmler en ese viaje?

-Ahí quería yo llegar, Angel María. Me temo que él ya ha emprendido otro viaje. Y uno del que no se vuelve jamás, pues aunque las autoridades alemanas han pretendido tapar el escándalo y no hubo reacción oficial alguna, el espionaje británico asegura que tras abandonar las SS, Otto Rahn murió en marzo del año pasado en insólitas circunstancias: congelado en la cima del monte austriaco Wilden Kaiser...

-¿Y a pesar de ello cree usted que las SS siguen interesadas en ratificar las ensoñaciones de Rahn?

-Lo que yo crea no es importante. El hecho cierto es que en Londres no están dispuestos a que los nazis se hagan con un posible elemento disuasorio que desequilibre todavía más en su favor la balanza armamentística  en esta guerra.

-Se me hace difícil pensar en el Grial como un arma destructiva, don Gabriel.

-No sé qué decirte. Quizás lo sea o quizás no. Puede que tan sólo sea la fuente de un poder de convicción en la Victoria como el de aquellos caballeros del siglo XIII que marcharon a Ultramar para recuperar la tierra donde había vivido Jesucristo. Ellos creían ciegamente en que si el Grial o la Vera Cruz eran mostrados en el campo de batalla, los enemigos huirían aterrados.

-Sí, y Saladino se encargó de demostrarles lo equivocados que estaban...

-Quizás porque aquél no era el verdadero Grial. Quizás porque éste estaba ya en Navarra, bajo la protección de otro rey cruzado distinto al de Jerusalén: su majestad Sancho VII el Fuerte.

-Está bien, aceptemos todas estas conjeturas y confiemos sobre todo en la información que le ha proporcionado el Foreign Office sobre la intención de viajar a España de Heinrich Himmler. ¿Cree usted que una visita de carácter diplomático como será ésta podría ir acompañada de un despliegue de soldados alemanes en Navarra? Podemos dudar de la cordura del Reichsführer, pero no de su inteligencia, y vuelvo a recordarle que España sigue siendo un país neutral, don Gabriel.

-Tu ingenuidad es verdaderamente digna del caballero Perceval, Angel María: no le hará falta ordenar despliegue alguno, porque los soldados alemanes ya están en Navarra. ¿Cómo has podido olvidarlo? Revisa el archivo de tu propio periódico y mira la portada del día 9 de julio de este mismo año. ¿Recuerdas? Lo escribiste tú mismo:

"...La ciudad les había llamado en el día más grande y alegre de su calendario familiar. Quería honrar a los héroes de la tierra amiga con la sencillez entrañable y cordial de los que hace tres años empezaron la salvación de Europa para los que ahora la están felizmente coronando. Mientras el Ayuntamiento obsequiaba a los jefes con un vino de honor, a los soldados les rodeaba en la calle la más viva y exaltada simpatía. Sobre los autos grises, avezados a la guerra, racimos de mozos ofrecían a los alemanes, sonrientes y llenos de estupor, el vino caliente y bravo de nuestra tierra. Más allá, al son de las gaitas, mozos con el gorro militar alemán y soldados alemanes con las boinas, los sombreros de paja y los rojos pañuelos al cuello, bailaban la jota más frenética y bulliciosa. Durante un día, sajones, prusianos, bávaros y turingios fueron pamploneses de corazón. El cariño es capaz de estos imposibles.
Donde culminó el homenaje fue en la plaza de toros, mientras el diestro Curro Caro les brindaba su mejor toro. Todos los espectadores en pie, les ovacionaron largo rato. Sonaban el Himno Nacional y el "Deutschland Deutschland Über Alles" y todo se puso a tono: el sol y la lidia, los corazones y el entusiasmo."

 -Pero son convalecientes, incluso están alojados en la misma ala del Seminario que sirvió como Hospital Alfonso Carlos durante nuestra propia guerra. No puede ignorar el convenio al que ambos países llegaron para que los heridos fuesen atendidos, salvaguardando las garantías de que no introducirían armas en territorio nacional.



-Antes que heridos son soldados, Angel María, entrenados para obedecer órdenes en cualquier momento, y ya llevan tres meses entre nosotros... Es cierto que no hemos podido ratificar nuestras sospechas sobre ellos, pues apenas salen del término municipal, pero creemos que el peligro principal viene de su comandante, el mayor Heinrich Strasser, un hombre muy cercano a Himmler, y que antes de alistarse fue profesor de literatura medieval en la Universidad de Leipzig. Sabemos que con la excusa de entretener su estancia, y aprovechando su cercanía actual al obispado, solicitó hace unas semanas que se le permitiera consultar y traducir a su lengua ciertos tomos del Archivo Catedralicio. ¿Adivinas cuáles son?

-No me lo diga. Los mismos que estudió Otto Rahn, ¿a que sí?

-Efectivamente. Por lo tanto el MI 6 cree que no podemos esperar más. La semana que viene, en diez días a lo sumo, doce hombres llegarán para ayudarnos a desentrañar definitivamente todo este enredo. Parece que se trata de un comando experimentado en todo tipo de acciones bélicas, pues se trata de minimizar todos los riesgos posibles, pero si no quieres seguir adelante, lo entenderé perfectamente...

-¿Abandonar ahora? Ni lo sueñe, don Gabriel, yo no me quedo sin saber qué hay de cierto en todo este embrollo medieval. Pero sigo sin comprender cómo pretende usted introducir soldados ingleses en territorio neutral...

-Se harán pasar por profesores y estudiantes irlandeses de la universidad de Dublín. De hecho, para no levantar suspicacias, volarán a Bilbao desde su muy neutral Irlanda. Contamos a nuestro favor con el absoluto desconocimiento de la lengua inglesa que padecemos por estos lares para que nadie repare en el acento de nuestros hombres, que de todas maneras supongo que serán de pocas palabras. El que tú domines a la perfección su idioma también nos facilitará mucho las cosas. Pero por si acaso uno de ellos será un verdadero irlandés. Sólo me han informado por encima, pero se trata de un tal Devlin. Un militante del IRA condenado a muerte por la Justicia Británica al que se le ha concedido la oportunidad de rehabilitarse participando en esta operación. Ya ves que tienen todo muy bien planificado...

-Sí, todo menos entender qué pintan en Pamplona doce profesores y estudiantes irlandeses, don Gabriel...

-Pues asistir a un ciclo de conferencias sobre erudición, bibliofilia y literatura en relación a un libro de reciente aparición que reúne precisamente esas tres condiciones: "El coqueto don Sancho Sanchez". ¿Te suena?



[Continuará...]

© Mikel Zuza Viniegra, 2012

lunes, 5 de noviembre de 2012

BARRUNTOS V

Salón del arquero, redacción del diario "Arriba España"
Calle Zapatería nº 50 de Pamplona.
20 de septiembre de 1940, 5'35 h. de la mañana

-¿Y cuál pudo ser ese lugar? ¿Tudela? Lo juzgo demasiado expuesto para ocultar algo tan llamativo. Al fin y al cabo era la capital efectiva del reino, pues Sancho VII había tenido que vender su palacio de Pamplona al obispo...

-Opino como tú, Angel María. Y tampoco la otra ciudad merecedora de ese nombre en la Navarra de aquella época -Estella-, supondría un buen escondite para el supuesto tesoro cátaro. El rey hubiera tenido que dar demasiadas explicaciones. No. El lugar que  según Otto Rahn les entregó  era tan pequeño y tranquilo que no levantaría la más mínima sospecha. Y además estaba bien comunicado, muy cerca del camino de Santiago, apenas a cinco leguas de Pamplona  y en la ruta de salida al Pirineo por si se presentaban problemas. Se trata de Basabe.

-¿Basabe? Jamás oí ese nombre...

-Porque ya no existe, apenas quedan unas ruinas visibles.Y porque nunca fue un pueblo, sino un santuario situado cerca de la aldea de Najurieta, en el corazón de los valles de Unciti e Izagaondoa. Precisamente en aquel mismo momento debió colocarse la primera piedra de un templo dedicado aparentemente a Nuestra Señora, que acabó logrando en el contorno fama de milagroso, sobre todo para curar las afecciones de la piel. Pero Rahn opina que este peregrinaje de los pueblos de la zona debió ser una simple coartada para salvaguardar el verdadero culto que allí se practicó: el de un pequeño núcleo de cátaros  asentados bajo la protección del rey de Navarra, que habrían llegado huyendo de la persecución a la que se les sometía en el Languedoc.

-¿Pero qué pruebas tiene para pensar semejante cosa?

-Las que creyó hallar en su visita relámpago del año 1935 a Navarra, Angel María. Por la información que he podido recabar, buscaba documentos que corroboraran sus tesis, y parece que creyó hallarlos en el Archivo de la Catedral de Pamplona, donde consultó minuciosamente los referidos al obispo Guillem de Saintonge, un francés que rigió la diócesis entre 1216 y 1219, caracterizado fundamentalmente por su rigidez y fanatismo dogmático.

-No me diga que encontró allí pruebas de que los cátaros efectivamente se refugiaron en Basabe...

-Bueno, ya estás viendo que a  nuestro querido Otto nunca le hicieron falta testimonios demasiado contundentes para tratar de certificar sus teorías, pero la verdad es que en este caso concreto sí que descubrió algo ciertamente curioso: un breve del obispo Guillem ordenando la excomunión del rey Sancho si éste persistía en su empeño de ayudar a los herejes. Pero el monarca no cedió en este primer momento, y por eso tuvo su reino en entredicho durante diez meses, con el riesgo terrible que ello suponía, pues Castilla podía aprovechar la ocasión para hacerse definitivamente con él. Aunque también es cierto que el obispo, impuesto por Roma precisamente para controlar la infiltración de herejes en Navarra, sabía que el rey no se atrevería a mantener el pulso demasiado tiempo, pues no en vano no era ésta la primera vez que el papado amenazaba con medidas extremas a la dinastía Ximena, a la que no había reconocido su condición regia más que tras la participación de Sancho VII en la cruzada de Las Navas.
Sin embargo el rey de Navarra era mucho más testarudo que su padre Sancho VI el Sabio o que su abuelo García Ramirez, y no soportaba de buen grado la soberbia de los legados pontificios, así que finalmente -no se sabe si por no verse obligado a devolver el dinero cobrado ya a los perfectos cátaros, o porque verdaderamente se compadeció de ellos-, alcanzó un acuerdo con el obispo que garantizaba que los recién llegados permanecerían bajo la protección real, aunque también tuvo que transigir con el imperativo mandato de Roma y admitir que todos ellos residieran siempre en un mismo lugar, sin posibilidad de abandonarlo jamás. Las tropas del rey -aun a regañadientes-, serían las encargadas de hacer cumplir, incluso con sangre si fuese preciso, las cláusulas más duras del tratado que, más que con el obispo, fue firmado en realidad con el mismo Papa.

Al poco tiempo murió el obispo, que fue sustituido en la silla de San Fermín por Remiro de Navarra, a la sazón hijo bastardo de Sancho VII, quien lógicamente no se mostró nada interesado en sacar a la luz los pactos secretos de su padre con los herejes, pero que tampoco hizo nada,que sepamos, por revocar las duras condiciones recogidas en el documento.

El caso es que en esos tres breves años de su pontificado pamplonés, y bajo su única y estricta responsabilidad, el obispo Guillén ideó un sistema mediante el cual su clero más fiel podría vigilar los asentamientos cripto-cátaros de Izagaondoa. Para ello hizo colocar en las iglesias de los pueblos más cercanos una señal que todos los buenos católicos pudiesen comprender y los herejes identificar. Se supone que debió haber más, pero hoy en día sólo conservamos tres. Así lo demuestra este curioso documento recogido en su cartulario:

"Yo, Guillem, obispo de Pamplona. Investido del temor y reverencia a Dios misericordioso, Uno y Trino, Señor todopoderoso de todos los hombres y criaturas que pueblan la tierra. A todos los que esta carta leerán u oirán. Salud. Sépase como en los últimos tiempos ha sido introducido el lobo rabioso en el redil de los pacíficos fieles navarros, y dispuesto como estoy a arrancar esa mala hierba de la herejía del jardín florido de la fe católica, apostólica y romana, he ordenado que todos aquellos que sirven a Satanás, renunciando por su propia y nefasta voluntad a postrarse ante la Divina Majestad de Cristo, sean apartados de la comunión de los fieles, y sean obligados a morar todos juntos, y no puedan salir nunca de allí, hasta que olvidados por la Providencia y por los buenos cristianos, sea borrada hasta la más mínima huella de su podrida existencia terrena, para pasar a ocupar eternamente las moradas infernales que sin duda alguna merecen Sea anatema para quien se atreva a traspasar la sagrada señal de la Trinidad. Y caiga esta misma maldición sobre cualquiera que ose ayudarlos, bien sea noble o labrador. Dada en Pamplona, a 12 de septiembre de 1217".

-Vaya, parece que el obispo Guillem no se andaba con chiquitas, don Gabriel. Pero dígame: ¿qué señal fue esa que eligió?


-Pues desde luego escogió una que molestase especialmente a los recién llegados del Languedoc: el símbolo de la Santísima Trinidad. Alguien, probablemente el propio obispo Guillem, debió hacer una discreta visita, y allí, en la iglesia más antigua de la zona -la de Artaiz, construida hacia 1140-, debió reparar especialmente en uno de sus capiteles, que fue el que le dio la idea del signo que debía emplear para su propósito de advertencia. Mirando la portada de frente, a la izquierda, aparece tallado un hombre de tres caras. El rostro central se mantiene sereno, pero los dos laterales soplan sobre unas volutas que se transforman en cabezas humanas. ¿Qué te parece, Angel María?

-Me parece lo que me ha parecido siempre, porque por supuesto he estado muchas veces en Artaiz, y ese capitel siempre lo interpreté como la representación perfecta del capítulo 2, versículo 7 del Génesis. Recuerde, don Gabriel: "Entonces Jehová formó al hombre del polvo de la tierra, y sopló en su nariz aliento de vida, y fue el hombre un ser viviente".

-Bien, ese sería Adán, pero ¿y la otra figura? Recuerda que Eva nació de una costilla...

-No se puede pedir demasiado rigor teológico a un cantero medieval. Sólo pretendió plasmar la creación del primer hombre y de la primera mujer, y creó que lo logró con creces.

-Puede que tu explicación sea la más correcta, sí, pero a los efectos que nos interesan, lo que el obispo Guillem creyó ver en ese capitel fue un símbolo trinitario, y por eso lo escogió como emblema. En primer lugar ordenó esculpirlo a mucho mayor tamaño que el original, para que todos pudiesen verlo sin dificultad. De ahí ese enigmático canecillo del alero que llama tan poderosamente la atención. Pero por si aún así no era suficientemente comprendido el mensaje, no dudó en representarse a sí mismo en el relieve colindante, escenificando con su brazo en alto la prohibición para los cátaros de traspasar aquella barrera....



Y no se detuvo ahí, sino que como te he dicho, ordenó tallarlo también en otros templos cercanos. En cada lugar según el arte que tuviera cada cantero encargado de tal labor. Que sepamos lo hicieron en el de Garitoain -hoy en día un despoblado a las afueras de Monreal-, y en el de Iriso, una de las pequeñas localidades que componen el valle de Izagaondoa.






 Pues bien, en esa visita relámpago de Otto Rahn a Navarra, parece que tuvo tiempo de ir personalmente a esos lugares, y con sus impresiones elaboró un completo informe y un mapa para el alto mando de las SS. Y gracias a nuestros eficaces amigos del MI6 británico disponemos de una copia fotográfíca de ese mapa.
Observa, Angel María, resulta que Basabe está situado justo en el centro geográfico exacto del reducido triángulo que forman esos tres puntos señalizados con el sagrado símbolo de la Trinidad, que debieron marcar los límites que los cátaros no estaban autorizados a traspasar :


-Absolutamente sorprendente, don Gabriel. Pero ¿por qué Rahn escribe "Basabe" de ese modo tan extraño? Porque resulta evidente que, como todos los de Navarra, ese es un topónimo de origen vasco. Y, según creo, quiere decir "bosque frondoso" o quizás "en lo más profundo del bosque".

-Estoy completamente de acuerdo contigo, pero como ya hemos comentado, al obersturmführer Rahn, las explicaciones más sencillas siempre le parecieron las menos creíbles, así que buscando confirmar de nuevo su teoría de que los cátaros descendían en realidad de los antiguos germanos, creyó que Basabe era nada menos que una corrupción de dos términos alemanes: "Bass-Habe". Que significan "está debajo" o "Lo tiene debajo". 

-¿Pero el qué?

-El Grial, naturalmente...

[Continuará...]

© Mikel Zuza Viniegra, 2012