jueves, 12 de marzo de 2026

EL MILAGRO DE BAIONA

Visitando hace poco la catedral de Baiona, con sus hermosas bóvedas decoradas con claves armoriadas, reparé en una placa casi ilegible por la poca luz que alumbraba la capilla lateral en la que se encuentra. 

 

De lejos parece más antigua de lo que realmente es, pero sí que trata de un asunto que yo desconocía, y que naturalmente me interesó de inmediato: el Milagro de Baiona.

La placa –que traduzco al castellano- dice así:

El viernes 20 de agosto de 1451, alrededor de las siete de la mañana, mientras los victoriosos franceses entraban en el castillo de Baiona con un tiempo espléndido, una gran cruz blanca en forma de crucifijo apareció en el cielo, sobre la ciudad y a la derecha, del lado español. Y sobre la cruz una corona, que luego se transformó en una flor de lis. Tanto sitiadores como sitiados pudieron contemplar la cruz durante aproximadamente una hora. Los asombrados habitantes se persignaron y se quitaron las banderas y gallardetes con la cruz roja propia de los ingleses, diciendo: «Dios quiere que seamos franceses y llevemos la cruz blanca». Los condes Gastón de Foix-Béarn y Dunois anunciaron el acontecimiento al rey Carlos VII, quien informó a toda Francia, ordenando procesiones de acción de gracias por todas partes y haciendo acuñar la medalla conmemorativa del Milagro de Baiona. Dios confirmó así la sagrada misión de Juana de Arco.

Para honrar su ciudad episcopal conmemorando este milagro, Su Eminencia François-Marie Gieure, obispo de Bayona, erigió esta placa conmemorativa el 30 de mayo de 1928, fiesta de Santa Juana de Arco”.

Placa del Milagro en la catedral de Baiona - año 1928
 

Por supuesto que sabía que el 19 de agosto de 1451 la ciudad de Baiona, última localidad aquitana en manos de los ingleses tras trescientos años de dominación británica, acordó rendirse a las tropas francesas a cambio de un rescate de 40.000 escudos de oro, poniendo así fin a la Guerra de los Cien Años. Pero no tenía ni idea de que nada menos que un milagro hubiera subrayado tal acontecimiento histórico…

Y conocía bien ese asedio porque podemos considerarlo el prólogo de la batalla de Aibar entre los partidarios del príncipe de Viana y los de su padre, ocurrida tan sólo dos meses más tarde de la caída de Baiona, el 23 de octubre de 1451. No en vano los ingleses encargaron la defensa de tan estratégica ciudad a don Johan de Beaumont, ayo, mentor y el más firme partidario siempre de Carlos de Viana; mientras que los franceses encargaron el ataque al conde de Foix, cuñado del príncipe de Viana por estar casado con Leonor, su hermana pequeña. Ya veis que fue casi el primer capítulo de la lucha entre beaumonteses y agramonteses. 

Armas heráldicas de don Johan de Beaumont en la iglesia de San Miguel de Zizur Menor 
 

Pero los sitiadores franceses superaban en número a los sitiados ingleses y navarros, de manera que, tras 15 días de asedio, y habiendo dejado a salvo el honor, la rendición se acordó en los términos que ya he dicho: se respetaría la vida de soldados y habitantes a cambio de un cuantioso rescate. Justo al día siguiente es cuando –según el conde de Foix, que es quien se apresuró personalmente a informar al rey Carlos VII de Francia-, fue cuando se habría producido el milagro de la cruz blanca.

Claro, si de por sí ya es muy raro que se produzcan milagros (en el siglo XXI y en el XV), todavía hay que desconfiar más si se dan a favor del vencedor, que lo que buscaba únicamente es reflejar que Dios iba con los franceses y no con los ingleses y que por esa misma razón, y aunque habían transcurrido 116 años de matanzas sin que al parecer Dios se conmoviera demasiado, la causa francesa había acabado triunfando.

El caso es que esa cláusula del rescate de los caballeros navarros rendidos en Baiona, casualmente o no, iba a tener luego mucha importancia en el desarrollo posterior de los acontecimientos en Navarra…

Porque tensada la relación entre el príncipe y su padre hasta extremos que ya no tendrían vuelta atrás, la lucha entre ambos se dio finalmente en los campos de Aibar, y Johan de Beaumont, siempre más inteligente y calmado que su hermano el condestable Luis, no pudo estar presente por hallarse prisionero de los franceses. Quién sabe, quizás las cosas hubieran sido muy distintas para Carlos de no haber sido así.

Pero, además de por su fama de buen guerrero, ¿Por qué había escogido el rey de Inglaterra a don Johan de Beaumont como su última esperanza en el continente? Pues porque la madre de don Johan era Ana de Curton, del país de Guyena, señora y heredera de la baronía de Curton, cerca de Burdeos, y también de la villa, castillo y castellanía de Guiche, cerca de Baiona. Por eso el condestable Luis de Beaumont, conde de Lerín, y hermano mayor de Johan fue heredero y señor de Curton y de Guiche, y por eso poseía las dichas señorías como herencia, y la ciudad de Mauleón, en el país de Soule, como donación del rey de Inglaterra. Así que lo que hacía Johan de Beaumont era defender los dominios de su familia, además de sostener los derechos del rey Enrique VI de Inglaterra.

Y lo hacía frente a uno de los mortales enemigos de Carlos de Viana: Gastón de Foix, cuñado y mejor amigo de Carlos (como atestigua el viajero alemán Sebastián de Ilsung, que visitó la corte de Olite en 1446), al menos hasta que, tentado por su suegro Juan II de Aragón, comenzó a intervenir en la política navarra y –traicionando a su antiguo camarada, se convirtió en el enemigo más tenaz del príncipe, con ansia de alcanzar el trono de Navarra.

Sebastián de Ilsung besa la mano de Agnes de Kleves en el palacio de Olite. 

Al lado de la princesa, el conde Gastón de Foix, su cuñado - Año 1446

 

Precisamente por haber sido sus partidarios quienes se enfrentaron a las tropas francesas en Gascuña, el príncipe de Viana tuvo que defenderlos ante el triunfante rey Carlos VII, cuando obligado precisamente por la presión conjunta de su padre y de Gastón de Foix, tuvo que salir de Navarra en 1456. El 19 de julio de ese año, ante el Gran Consejo del rey de Francia, y sabiendo que el ladino conde de Foix había propalado por aquella corte que el príncipe de Navarra era amigo de los ingleses, argumentó que el condestable Luis y su hermano Johan defendían su herencia, y que el conde de Foix no luchaba por el rey de Francia, sino por su propia conveniencia.

Pero lo que más viene al caso del sorprendente “Milagro de Baiona” que estoy comentando, es cuando se defendió de la acusación de que los navarros luchaban bajo la bandera de la cruz roja de San Jorge, el emblema de los reyes de Inglaterra. Y así de orgulloso se mostró el príncipe de Viana:

Y en cuanto a que los navarros lleven en sus banderas la cruz roja, eso no quiere decir que sean ingleses, sino que es una enseña propia del reino de Navarra, y la llevan mucho antes de que los ingleses la llevasen, aunque no lleven ninguna otra bandera, y eso incluso cuando el reino estuvo unido al de Francia, como muestra de que es uno de los más reinos más antiguos de la Cristiandad”.

Recordemos ahora las circunstancias del milagro: que apareció en el cielo una cruz blanca (el blanco era el color del rey de Francia, pero por si acaso la “extranjera” Baiona no lo sabía además la corona de espinas se convirtió en flores de lis), lo cual hizo que sus habitantes se desprendieran para siempre de las cruces rojas inglesas y adoptaran inmediatamente el símbolo de sus conquistadores; veremos que el príncipe de Viana, cuyo máximo partidario –Johan de Beaumont- estaba también presente aquel día en Baiona, aunque curiosamente jamás hizo mención de que hubiera contemplado semejante prodigio celeste, y eso que vivió hasta 1487, lo que hizo fue reivindicar la cruz roja, sí, pero no la de la inglesa de San Jorge, sino la que según él indicaba que Navarra era uno de los reinos más antiguos de toda la Cristiandad.

De ese emblema nos quedan pocos testimonios: la batalla de Ponte Milvio pintada en el retablo de Santa Helena (c. 1415), en San Miguel de Estella, que nos muestra quizás el diseño de la bandera que llevaban las tropas navarras al combate; y puede que la bandera de Tudela, aunque no haya forma de asegurarlo. El caso es que el heredero legítimo de Navarra aseguró ante el rey de Francia que la Cruz Roja era un símbolo propio de los navarros.

Batalla de Ponte Milvio - El emperador Constantino lleva la bandera con la cruz roja que el príncipe de Viana defendió que llevaron siempre los navarros - Retablo de Santa Helena en S. Miguel de Estella - hacia 1415
 

Y así, una lápida que dormita en una oscura capilla de la catedral de Baiona, que habla de un “milagro” que casi nadie recuerda ya, y que hoy podría recordarnos quizás a esas paranoias sobre las estelas que dejan los aviones en nuestros cielos, me hizo evocar a un príncipe siempre elocuente en la defensa de sus derechos, y a un entorno de partidarios y adversarios suyos donde probablemente él fue el único que se movió por motivos más elevados que poseer un pedazo de tierra más. 


 Y en aquella época –y en cualquiera, tratándose de gobernantes- eso sí que es un auténtico milagro.

 

 ® MIKEL ZUZA VINIEGRA, 2026