En el último capítulo -el número ocho- de la serie de RTVE "Carlos, rey emperador", volvía a aparecer en pantalla una vieja amiga de este blog y de todos sus lectores y lectoras:
Nada, que total son cuatro días, pa qué vas a exprimirte el limón
Yo no quería, me obligaron los guionistas, parece estar diciendo el actor
Pues sí: santa María la Real de Pamplona -la imagen ante la que juraban los Fueros los reyes de Navarra- vuelve a aparecer en esta continuación de "Isabel", y sigue pintando tanto en ella como lo hacía en aquella otra hagiografía de los reyes católicos: absolutamente nada, aunque ahora sea Francisco de Borja quien rece ante la talla de la que tantas veces os he hablado ya.
¡No te vayas, que seguro que en el próximo capitulo cambian al testarudo decorador!
A Pamplona hemos de ir...
Pero si los responsables -sean los guionistas, los asesores históricos o los encargados de atrezzo- siguen en sus trece, el que esto escribe no va a dejar de sacarles los colores. Y no porque no puedan tomarse todas las licencias históricas que les apetezcan -lo que hacen bastante frecuentemente-, sino porque cada vez más me parece que lo hacen completamente adrede.
Francisco I - Alfonso Bassave
¿Cómo entender si no que la única alusión en toda la serie a Navarra sea la que en el capítulo seis hace Francisco I de Francia (interpretado por el actor Alfonso Bassave, el mejor con diferencia de todo el reparto, junto con el veterano Ramón Barea), cuando explica sobre un mapa la campaña militar que va a emprender contra Carlos I en tres frentes: Luxemburgo, Milán y Navarra?
Literal -y muy lacónicamente- sólo dice que: "entrará en Navarra Albret con el apoyo de Lespar"
Campaña de Navarra por todo el Piríneo. Ojalá hubiera sido así...
El condestable de Borbón -interpretado con cierta desgana por el gran Alberto Sanjuan- le replica: "con todos mis respetos, el señor de Lespar no es el adecuado para comandar la ofensiva en Navarra". Y ahí al menos aciertan los guionistas, porque "el señor de Lespar" (más conocido por estos lares como Asparrós o Asparrots), efectivamente demostró no ser el indicado para ese puesto, pues tras liberar Navarra en un mes, escogió fatídicamente sitiar la ciudad castellana de Logroño, y allí se inició el desastre para la causa del rey legítimo que finalizó en las campas de Noáin.
Enrique II de Labrit "el Sangüesino"
Porque sí: ese aséptico "Albret" que menciona el rey de Francia, era el rey Enrique II de Navarra, el último de nuestros monarcas nacido en territorio del reino, concretamente en Sangüesa. Esto lo subrayo por si los guionistas de "Carlos, rey emperador" tienen a bien rectificar sus anteojeras. Aunque ya sé que no lo harán, porque parece que les interesa más mostrar una idea de imperio o de nación mucho más cercana a los postulados políticos actuales de quienes dirigen RTVE en estos momentos.
Pero para eso también tengo remedio, no se preocupen. Me bastará con recordarles lo que su beatífico Carlos hizo con cierto caballero llamado don Pedro, a la sazón mariscal de Navarra, y que por supuesto no ha salido ni saldrá en esta serie. No he de inventarme nada, que lo cuenta el obispo castellano -para que no puedan acusarme de maniqueo, al menos esta vez- Sandoval en su crónica:
"Sacaron al mariscal de su prisión en el castillo de Atienza, pero antes de ponerle en presencia del rey don Carlos le visitaron personas graves e importantes por orden de Su Majestad, y propusiéronle que se allanase a lo que era tan justo y casi forzoso, como era prestar el debido juramento a tan legítimo señor. Prometiéronle además la libertad de su persona, que le restituirían sus estados con aumento de otros mayores, de honras, oficios y preeminencias. Pero él respondió con todo el respeto que no desistiría jamás de su propósito, y así les pidió que cejasen en su empeño, pues tenía ya determinado morir como siempre había vivido, pues no era español, ni súbdito de la casa de Castilla, y no podía por tanto hacer homenaje a otros que no fueran sus soberanos. Así pues, como buen caballero que era, permanecería fiel al juramento que había prestado a Juan de Labrit y Catalina de Foix, los verdaderos reyes de Navarra, y jamás renegaría de su patria. Pusiéronle desde entonces prisionero en el castillo de Simancas, donde acabó la vida en su porfía y sin remedio..."
Naturalmente ese "acabó su vida" es un eufemismo, pues apareció una mañana muerto en su celda, y si tuviera que jugarme yo mi escasa fortuna, apostaría sin dudarlo porque los esbirros de Carlos -"rey emperador"- lo "suicidaron". Los tiranos sólo esperan sumisión, no lealtad.
A día de hoy, el Mariscal Pedro de Navarra sigue sin tener una mísera calle en Pamplona, y lo que es a mí, me parecería estupendo sustituir por ejemplo "Avenida San Ignacio" por "Avenida mariscal Pedro de Navarra". Dejo la idea para el que pueda aprovecharla, aunque recuerdo ahora también que se intentó hace unos años en Estella dedicarle una estela conmemorativa -mediante suscripción popular- frente al palacio real, y la institución "Príncipe de Viana" (vergüenza me causa escribirlo) no dió su permiso.
Y digo yo que el actual Gobierno de Navarra podría hacer algo al respecto. Al menos si tiene voluntad de hacer cosas nuevas, y no busca sólo mantener conductas y estructuras heredadas y anquilosadas por décadas de silencio.
Mientras tanto, "Carlos, rey emperador" y un servidor de todos ustedes seguiremos en guerra, que sólo reconozco un Imperio ante el que inclinar mi cabeza:
-¿Pero cómo que no se puede tejer aquí algo semejante? ¿Es que no hay en todo mi reino artesanos y costureras capaces de replicar el arte de esos bárbaros?
-Por Dios, alteza, considerad que estáis llamando bárbara a vuestra propia esposa y a su cuñada...
-¿Y qué otra cosa sino bárbaros son esos condenados hombres y mujeres de Normandía? No en vano sus antepasados fueron los vikingos, que arrasaron todo el occidente en sus correrías.
-Pero ahora son reyes de Inglaterra...
-¡¡¡Cuando el abuelo de mi cuñado Guillermo "el conquistador" era sólo un vulgar pastor de cabras, el mío, Sancho el Mayor, ya gobernaba todos los reinos cristianos a este lado de los Pirineos!!! Y ahora tengo que soportar que mi mujer, la reina Placencia, me esté todo el día pasando por las narices la "heroica campaña" de su hermano con ese condenado pañuelo que no se quita ni para ir a la cama, en el que su cuñada doña Matilde bordó todos y cada uno de los hechos que llevaron a la muerte al rey Harold el sajón. ¿Y vos os atrevéis a decirme que no puedo yo pagarle con la misma moneda ordenando tejer las hazañas de don Sancho? ¡Con razón me dice que somos nosotros y no ella, los auténticos bárbaros, y también que no soporta a sus cuñados, mis hermanos, don Ramón y doña Ermesinda, por ser muy rudos y estar siempre metiéndose con ella!
Placa del maestro Engelram y su hijo Rodolfo, artífices del Arca de San Millán
-Tranquilizaos, alteza. Si no podemos tejer tan bien como los normandos, sí que podremos sorprender a la reina con nuestro alto nivel de orfebrería y eboraria. Recordad que el maestro Engelram y su hijo Rodolfo están aún alojados en el monasterio de San Millán, y que allí han elaborado al parecer un arca para contener las reliquias del santo, que a las contadas personas que la han podido contemplar les ha maravillado por su perfección y magnificencia.
-¿Y qué puede importarme a mí esa obra que decís, si va a ser para contener los huesos de un santo? Yo lo que quiero es algo como ese condenado pañuelo, con el cometa que profetizó la caída de los sajones cruzando los cielos, y no un arca que nadie verá nunca.
El cometa Halley, en el tapiz de Bayeux
-Al contrario, alteza, todo el mundo querrá verla, y vendrá desde muy lejos para postrarse ante ella. Imaginad que ordenáis a sus artífices que tanto vos como vuestra esposa aparezcáis en ella muy noblemente representados. Y si eso no os conmueve lo suficiente, pensad también en los impuestos y tasas que podréis imponer a todos esos peregrinos que llegarán a este rincón de vuestro reino. Será una obra de arte de tal calibre que hará que vuestra memoria perdure por los siglos de los siglos. Y os aseguro que ni los normandos -los actuales y los que estén por llegar en épocas venideras- podrán hacerle nunca sombra.
Cuadro del siglo XVII que muestra cómo era el arca de San Millán
-Eso ya me gusta más, Munio. Me alegra haber tenido tan buena idea. A veces hasta yo mismo me sorprendo de mi inteligencia...
-Desde luego, alteza. Vuestras ideas son siempre las mejores.
-Id pues inmediatamente a San Millán, y decid al abad don Blas que figuraremos mi esposa y yo en el lugar de más honor de ese arca: a uno y otro lado del sagrado Pantocrator. Y que le conviene no poner pegas a mi mandato, si no quiere acabar en algún cenobio mucho más cercano que el suyo a la frontera con los moros, donde las cabezas se separan de los hombros en un abrir y cerrar de ojos...
Decid igualmente al maestro Engelram que nos saque muy bien parecidos. Enseñadle si hace falta el maldito pañuelo bordado por mi cuñada para que pueda de esa forma superar el burdo arte de los condenados normandos. Y prometedle que yo sabré recompensárselo con creces.
¡Y que no se diga que el reino de Pamplona tiene nada que envidiar al de Inglaterra!
Addenda: El arca deSan Millán fue elaborada hacia el año 1067 por el maestro orfebre Engelram, por iniciativa de los reyes Sancho IV el de Peñalén y Placencia de Normandía. Contaba la vida del eremita San Millán de la Cogolla según la había escrito muchos siglos atrás San Braulio. Talló las escenas y a muchos de los donantes y artífices en placas de marfil, que iban rodeadas por placas de oro cuajadas de piedras preciosas. La noche del 20 de diciembre de 1809, los soldados franceses del ejército de Napoleón saquearon el monasterio y arrancaron todo el oro que recubría el arca. Los marfiles los dejaron porque no les concedieron valor alguno. Muchas de las placas se rompieron al ser forzada su cubierta, otras quedaron enganchadas al metal y acabaron en la faltriquera de algún soldado, y de ahí -si hubo suerte- en la de algún anticuario. Por eso hay ahora marfiles de San Millán en muchos de los mejores museos del mundo. Pero la mayoría pudieron rescatarse y continúan hoy en el monasterio, adosadas a una desaborida y bastante fea arca moderna que intenta remedar la antigua y que se hizo en los años 40 del pasado siglo.
Reconstrucción moderna del arca de San Millán con las figuras de don Sancho y doña Placencia
Desafortunadamente, las figuras de don Sancho y doñaPlacencia de Normandía estaban labradas en oro, así que se perdieron para siempre aquella maldita noche de diciembre. De haber sobrevivido, constituirían la primera representación escultórica de unos reyes de Navarra, de la que sólo podemos hacernos una idea por las descripciones que autores del siglo XVI y XVII hicieron de tal joya artística. Sancho IV el de Peñalén, fue asesinado por sus hermanos Ramón y Ermesinda, que tramaron un complot para derrocarlo, asesinándolo en el barranco de Peñalén (Funes). Su muerte supuso que Castilla y Aragón se repartieran el reino de Pamplona, que ya nunca volvió a poder recuperar las tierras de la Rioja, que fueron siempre la sede regia preferida de los monarcas navarros.
Reconstrucción del frente del arca de San Millán, según la descripción del obispo Sandoval en el siglo XVI Arte Medieval Navarro /J. Uranga, F. Iñiguez Tomo II
La reina Placencia, de la que se sabe bien poco, aparece siempre en las crónicas como nativa de Normandía. La coincidencia de fechas y de lugares me han permitido convertirla en hermana del duque Guillermo de Normandía, que el 14 de octubre de 1066, en la batalla de Hastings arrebató la corona de Inglaterra al rey Harold el sajón, como narró de forma incomparable la reina Matilde, esposa del propio Guillermo, en su bordado de más de setenta metros de largo. En todo caso no es seguro que Placencia y Guillermo fueran parientes, pero tampoco es completamente imposible...
Una de las escenas más famosas del ahora conocido como Tapiz de Bayeux (por ser ese el nombre de la ciudad normanda donde se conserva), es aquella en la que aparece reflejado el cometa Halley, que surcaba los cielos de 1066 y que todos interpretaron como un signo de mal augurio para los sajones. Quién sabe, quizás tan malévolo cometa también se asomó por los cielos de Peñalén, diez años más tarde, para desgracia de Sancho IV y de Navarra entera... Por suerte nos quedan los maravillosos marfiles de San Millán, pero el arca en su conjunto se perdió para siempre, así que no queda más que envidiar la destreza de quienes en Bayeux sí supieron proteger su bordado tesoro, y lamentar la mala fortuna de que al enano corso no le diese por rascarse más abajo de donde solía tener siempre su mano o por invadir la lejanísima Groenlandia en lugar de las pacíficas y hermosas tierras de La Rioja. Espero y deseo que, como castigo, la emperatriz Josefina le pusiese los cuernos con toda la Grande Armée.
Arca actual, con los marfiles originales que se han conservado in situ
Arca original, forrada con un tejido árabe del siglo XI
El 14 de julio de 2005 cerró para siempre sus puertas el cine Príncipe de Viana de Pamplona.
Era el cine más bonito que teníamos en la ciudad, o al menos así lo recuerdo yo, que vi bastantes películas aposentado en sus butacas. Sufrió dos remodelaciones para convertirlo en multicines, lo cual afectó seriamente a su sala principal, que aunque no perdió del todo su trasnochada elegancia, ya no volvió a ser exactamente lo mismo.
Sobre su pantalla, casi en el techo, las armas heráldicas de quien daba nombre a la sala.Y a ambos lados de la pantalla dos grandes murales con escenas de la vida del príncipe (un banquete regio y un séquito de damas y caballeros con Olite al fondo), en los que yo acostumbraba a dejar vagar la imaginación y que afortunadamente sobrevivieron a todas las renovaciones.
Sala original del cine Príncipe de Viana Año 1940
Y hubo veces en que la película era bastante peor que esas dos pinturas, o que estaba yo a otros agradables menesteres que también pueden acontecer en las salas oscuras, pero juro que en muchas otras ocasiones daba por bien empleado el dinero de la entrada con tal de poder volver a ver esos dos cuadros. Mucho más tarde supe que las había realizado Eduardo Santonja Rosales, famoso cartelista e ilustrador en su época, hijo de la pintora Carlota Rosales y nieto del celebre pintor Eduardo Rosales.
Hoy en día ni siquiera existe ya el edificio original, sustituido por un mazacote con pisos de alto standing (o algo así), pero el caso es que SAIDE, sociedad propietaria de estas y otras salas cinematográficas en aquel entonces (en la actualidad sólo sobreviven en el centro las de los cines Carlos III), tuvo el detalle de donar al Ayuntamiento esos dos murales que tanto me gustaba mirar desde que era un crío, o al menos eso aseguró en Diario de Noticias y Diario de Navarra Alberto Cañada, en aquel entonces programador de la empresa, y hoy día coordinador de la Filmoteca de Navarra.
En estos más de diez años que han pasado desde aquel infausto cierre -motivado quizás porque dicen que la gente prefiere ahora ver películas en pantallas cada vez más pequeñas y no en una grande, hay que ser gilí- los ilustres responsables de Cultura del Ayuntamiento de Pamplona no encontraron un momento que dedicar a esos dos testimonios de la historia del cine en la vieja Iruña.
Hay que comprenderlos, tuvieron taaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaanto trabajo los pobres, que ni Ignacio Perez Cabañas (concejal de Cultura en el gobierno UPN-CDN entre 2003 y 2007), ni Fermín Alonso (concejal de Cultura por UPN en las legislaturas 2007-2011 y 2011-2015) hallaron un instante de tregua en sus apretadísimas agendas para buscar un hueco en el que instalar los dos murales del antiguo cine príncipe de Viana.
Y no faltaron espacios, que conste, pues en esos años se construyeron todos los horrendos Civivox, algunos de ellos dotados con salones de actos en los que muy bien podrían haber tenido acomodo ambas pinturas, aunque quizás por su tema y por su antigüedad, donde mejor podrían haber encajado es en el único que se salva de la atroz fealdad que los caracteriza a todos: el del Condestable.
Pero allí tampoco tuvieron cabida los murales de Santonja, así que deben -y remarco lo de deben, porque tratándose de patrimonio histórico-artístico pamplonés yo ya no doy cheques en blanco a nadie- seguir cogiendo polvo en algún ignoto almacén municipal repleto de cajas de madera, quizás compartiendo espacio (¡oh, cruel fatalidad!), con un cactus polvoriento, un monopatín gigante y también con la inolvidable "Escarranchada" -"Eskarrantxada Askatu!" gritábamos mis amigos y yo llevados sin duda por una romántica mezcla entre la dipsomanía de fin de semana y el síndrome de Sthendal,en aquellos años en los que el Ayuntamiento acudía en plan Paco Martinez Soria a Arco, y volvía cargado del material con el que ni por asomo están hechos los sueños-, y allí siguen esperando que algún tarado los recuerde.
Y ese tarado, naturalmente, es un servidor de todos ustedes.
Quien sabe, hasta puede que viera yo en los cines Príncipe, ciego de palomitas y de caramelos York's -los de fresa eran mis favoritos- "En busca del arca perdida", que como todos los cinéfilos y cinéfilas que me lean recordarán, se cerraba en uno de esos enormes y siniestros almacenes.
Aunque como yo no tengo nada que ver con cierto estado del medio-oeste norteamericano (y eso que hacer el indio siempre se me da fenomenal), adoptaré por esta vez el papel mucho más castizo de Biurdana Jones para rogar encarecidamente a la actual concejala de Cultura del Ayuntamiento de Pamplona, Maider Beloki, y por elevación al alcalde Joseba Asirón, que recuperen esos dos murales que forman parte del imaginario cinematográfico de generaciones de pamploneses y los saquen de una vez de la caja donde duermen -tan inmerecidamente- el sueño de los justos.
Escalera del Condestable
¿Sitios donde colocarlos? Ya he hablado de los Civivox, sobre todo del del palacio del Condestable, donde podrían colgarse incluso en la enorme escalera de acceso a las distintas plantas. Y que no me venga nadie con que en esos espacios tan modernos no pintarían nada, que yo me he tenido que tragar durante décadas el cuento de todos esos arquitectos-estrellados y enagañabobos que nos aseguraban que un cubo de hormigón indecente puesto al lado de una iglesia románica "dialogaban" entre ellos más y mejor que Menendez con Pidal o Ramón con Cajal.
EXPOSICIÓN IDEAL DE LOS MURALES EN CONDESTABLE
Y hasta puede que ese lugar no les parezca bien a los puristas de los cubos de sopicaldo y acero korten, porque cierto que hubiera sido estupendo poder acoplarlos en la Sala de Proyecciones de la Filmoteca de Navarra. Hubiera sido de hecho un caso clarísimo de justicia cinematográfica -y también poética- que los únicos supervivientes de uno de los cines más antiguos de Pamplona volviesen a decorar una sala donde aún pueden verse todas las películas que acreditan por qué en color o en blanco y negro, en Scope o en Panavisión, estamos hablando realmente del Séptimo Arte
Sala de la Filmoteca de Navarra
Pero el caso es que ambos murales son de tal tamaño, que no caben en dicha sala de proyecciones, así que la propuesta de la escalera de Condestable me parece la más apropiada para rescatar del olvido a estos dos últimos testigos de la historia del cine en Pamplona-Iruña.
Total: para tenerlos metidos en una caja, mejor es que cinéfilos más jóvenes o simples curiosos de las cosas de la Ciudad, puedan contemplarlos como hicieron tantas y tantas generaciones de predecesores en esto de dejar los problemas a un lado en cuanto aparecían en pantalla la bola del mundo de la Universal, el león de la Metro, la señora tirando a romana de la Columbia, el monte nevado de la Paramount, la firma en forma de escudo de los hermanos Warner o el luminoso Twenty Century de la Fox.
Y si a fuerza de dar la lata conseguimos que vuelvan a lucir los fantasmas del Príncipe en esa escalera, uno que yo me sé puede que se pase allí las horas muertas, con tal de volver a sentarse cerca de una de esas benditas pinturas para dejar volar la imaginación, acompañando nuevamente al príncipe de Viana mientras come o divisa, allá en lontananza, el maravilloso palacio de Olite...
Como no hay que dejar que pase demasiado tiempo entre lo que se promete y lo que ha de cumplirse, aquí va la segunda parte del artículo que dediqué a la zona del Bosquecillo, que desafortunadamente para todos los pamploneses con algo de gusto fue arrasada por la combinación de los esfuerzos a lo largo del tiempo de los cuatro jinetes de la antiestética: Cisneros, Eusa, Ansoleaga y Urmeneta.
En él hablé largo y tendido sobre la destrucción de la airosa torre medieval de San Lorenzo, y también sobre la tala de los árboles más antiguos que quedaban en la ciudad, que fueron echados abajo para poner en su lugar un orinal gigante y una marquesina. A eso lo llamaron progreso. Incluso algunos PTV's lo siguen considerando así, y reconozco que por eso es bueno también que haya un sitio cerca donde poder eliminar las toxinas acumuladas en los riñones, porque viendo las barrabasadas que en su nombre cometen, no hay vejiga que lo resista...
Ahora echaremos la vista hacia atrás, y nos centraremos en toda ese espacio que pasa hoy en día tan desapercibido como el que traté en la primera crónica. Y es que poca gente podría siquiera imaginar que en la zona que se ve a la izquierda de esta fotografía, entre el portal de San Nicolás y la carretera que pasa por delante de San Lorenzo, estuvo situado el mayor convento de la ciudad: el de Santa Olalla, erigido en tiempos de Sancho VII el Fuerte y derribado por los castellanos tras la fugaz recuperación legitimista del reino por parte de Enrique de Labrit en 1521.
Quinientos años después, naturalmente, el lugar ha cambiado mucho, y no ya sólo porque no quede ni rastro de ese famoso monasterio, sino porque los elementos que ahora podemos ver, en su mayoría, tampoco formaron parte jamás de ese paisaje. Así, el citado portal de San Nicolás fue colocado allí en 1929, gracias a que no todos los responsables del patrimonio histórico que han ido pasando por el Ayuntamiento han sido tan mastuerzos como algunos de los (y de las) que hemos tenido la desgracia de padecer en los últimos tiempos.
Pero el portal, como su propio nombre indica, estuvo originalmente en lo que hoy es la avda. de San Ignacio (que por cierto no me importaría en absoluto que cambiase de nombre...), más o menos delante de donde hoy están los cines Carlos III.
Al derribar en los años 20 esa parte de la muralla, se guardaron las piedras retiradas del portal, y al final de la década se decidió reconstruirlo en la Taconera, y allí sigue desde entonces, últimamente un tanto "afeitado", porque al menos los de mi generación lo conocimos siempre de esta otra y cuasi selvática guisa:
Pero volviendo al convento de Santa Olalla -Santa Eulalia-, que pertenecía a la Orden de los Mercedarios, puede que sintamos la tentación de pensar que sería uno de tantos edificios que se han perdido y no han dejado prácticamente huella. Y no podríamos estar más equivocados, porque precisamente este complejo monástico -condenado a la piqueta castellana por estar situado fuera de las murallas de la ciudad, y resultar por tanto cuartel general perfecto para todo tipo de rebeldes y desafectos a la "pacífica anexión"- albergaba en su claustro una de las mejores representaciones pictóricas de la Danza de la Muerte que hubo en Europa.
La familiaridad de la sociedad medieval con la Muerte, sobre todo a partir de la terrible epidemia de peste negra en 1348, hizo que brotasen por doquier este tipo de obras artísticas que buscaban poner de manifiesto el tópico literario de la Muerte como igualadora de todas las clases sociales, que invariablemente aparecían representadas en una danza macabra "animada" por docenas de esqueletos que recordaban a quienes -sobrecogidos- contemplaban las escenas, que la vida terrena pasaba muy rápido...
La representación más famosa (que parece además que fue la que marcó la pauta de todas las demás a lo largo y ancho del continente), fue la que existió en el cementerio de los Inocentes de París. Pero a juzgar por la descripción que los mercedarios hicieron de la que había en su convento, la de Pamplona no se quedaría atrás, pues no en vano ocupaba las cuatro paredes del claustro, Es cierto también que al ser un descargo de agravios, redactado para que las nuevas autoridades castellanas indemnizasen la destrucción de su monasterio, los frailes pudieron exagerar algo, pero los detalles que aportan en su escrito son tan minuciosos, que probablemente sea totalmente cierto que en nuestra ciudad estuviese la mejor y más impresionante Danza de la Muerte de Occidente.
Por supuesto, algo demasiado tentador para permitir que se mantuviese en pie, al fin y al cabo esto es Pamplona, así que como ya quedó dicho, y viendo que el ejército franco-navarro se había acantonado en el convento en mayo de 1521, los castellanos decidieron derribarlo tras su victoria en la batalla de Noain, el 30 de junio de ese mismo año.
Perdimos entonces esta increíble joya del arte medieval, que hoy sólo podemos imaginar leyendo el memorial que os adjunto, cuya redacción medieval no he querido apenas tocar. En esta especie de "quien es quien", hubiéramos podido conocer a muchos de los protagonistas de la baja edad media navarra, desde el rey hasta el más mísero de los labradores. Y todo ello aderezado por muchos árboles y jazmines. Pero no sólo eso, sino también muchos otros detalles de carácter etnográfico, como esos "Perosuciales y Marisuciales", que tienen toda la pinta de ser los antecedentes más antiguos de las comparsas de gigantes y kilikis sin las que no se entiende casi ninguna fiesta en Navarra. Por no hablar de la también rarísima Danza de Animales que animaba el conjunto, o de ese "hombre salvaje" de nombre evocadoramente vasco "¿Begi izan?", que recuerda poderosamente a la mitológica figura del Basajaun, y que hoy son, como el resto de sus hermanos pintados en el muro, nada más que palabras en un mohoso legajo. Concretamente en este: PAPELES SUELTOS.—LEGAJO 25.—CARPETA 43.—AÑO 1521. Relación y prueba de lo que valía el Convento de Santa Eulalia de Pamplona, sus retablos, pinturas y demás accesorios al tiempo que se destruyó por mandato del Conde de Miranda, Virrey de Navarra por causa de las guerras con Francia. «Al lado de la pared de la dicha yglesia hacia la parte de Sant »Lazaro estaba un porche y había en él una danza de animalias de figuras »tan perffectas y hechas de buena mano proporcionadas y pintadas de pin- »cel al haceyte y en el principio de la dicha danza estaba una figura co- »mo de frayle con un escripto de hasta nueve ó diez reglones en lengua »castellana exortando y llamando á todos los que quisiessen yr á ver »aquella danza nueva y sentencias harto buenas. Y luego estaba la mona »por tamborín y el gato por Rabitero. Y el raton por atanbor. Y estos tres »tenia un rétulo deziendo que era grosero y material quien á tal son no »sabía Danzar. Y luego estaba por guía de la dicha danza el asno y des- »pues tras él el leon. Y luego el buey. Y despues el puerco. Y tras él el »caballo. Y luego la mula. Y despues el cabron y despues el perro. »Y despues el raposo. Y despues el lobo. Y despues la sierpe. »Y despues la obeja. Y despues el camello. Y cada animalia de las »susodichas tenia sobre si dos versos en lengua castellana escriptos de- »clarando su condición é inclinacion natural. Y despues luego estaban tres figuras de marisuciales y su hija y perosuciales con una bota de vino como qe estaban bebiendo y con sus escriptos en versos castellanos sig- »nifficando el contentamiento y gloria que tenia en tener la bota llena de »vino y tenerla assi en medio. Y despues de esto estaba el autor con un »escripto de quatro renglones en lengua castellana,. &c. lt que junto á la susodicha yglesia hàbía unas claustras »que tenian de hueco en largo cinquenta y cinco codos y de ancho siete »codos y en el medio su jardin cercado de piedra picada.» Dentro había diferentes árboles, todo rodeado de gessemines. En los cuatro cantones habia 4 pilares de piedra y de ay arriba su rexado de cobre labrado y su escalera de tres ó quatro escalones para subir al jardín del medio con su puerta. » Y dentro en la claustra comenzando en la puerta de la yglesia por »donde entraban á las dichas claustras á mano ezquierda estaba una figura »ó personage del Sumo Pontiffice de Pontiffical tan grande como un hom- »bre pintado de pincel al hazeyte con un Rétulo grande de letra gruessa »de quatorze Reglones con sentencias y dichos muy buenos de la Sagrada »escriptura como en metros declarando la grandeza y poderio que Dios le »dió en la tierra y glorificándose. Y despues del estaba la figura de la »muerte pintada respondiendole al Sumo Pontiffice en otra Santa (?) de »escriptura y reglones, menazándole con sentencias del decreto y Sagra- »da escriptura y abisandole que hera mortal y que le sacaria en brebe des- »te mundo, Y luego inmediato estaban quatro personages de Cardenales »tambien gloriandose de su poder y deziendo que heran continuos y con- »sejeros de la Corte y Casa del Sumo Pontiffice. Y como pribados suyos »que faborecían á quienes les diesse dineros. Y luego despues estaba la fi- »gura de la muerte respondiendoles con palabras y sentencias sacadas de »la Sagrada escriptura menazandolos y aconsejandolos lo que habian de »hacer y certifficandoles que les sacaria en breve deste mundo. Despues estaban otros tantos de arzobispos y obispos jactandose y gloriandose »del gran poder que la Yglesia les estableció y como heran obedescidos y » honrrados y como á los que les yban á visitar con pocos dineros les man- »daban hechar á palos y que en este mundo tomarían mucho plazer. Y luego estaba la muerte Respondiendoles y declarandoles el serbizio y dili- »gencia qe heran obligados de poner en la yglesia y como buenos pastores »Regir sus obejas y Repartir sus bienes conforme al decreto con pobres, »abisandoles qe los sacaria en brebe deste mundo. Y despues destos esta- »ban quatro canónigos tambien gloriándose del cargo qe tenían de Regir las Yglesias cathedrales y de la segura vida que tenían sin mendicar y andar por puertas agenas. Y asi que acabarían sus dias en este mundo tomando »mucho buen plazer. Y despues destos estaba la muerte Respondiendoles »de la obligación que tenian y de lo que hazer debian. Luego estaban cin- »co frayles gloriándose que heran maestros en theología y porque fuesen »preciados y honrrados que estudiaban cada día. Y despues dellos estaba »la figura de la muerte acusandoles que heran transpasadores de su Regia »y que irian al infierno sino guardaban su Regla. Y despues dellos estaban »otros tantos capellanes y tras ellos la muerte. Y despues dellos estaba una figura de Sant Sebastian assaetado con muchos sayones ó Indios al »Rededor con sus arcos y ballestas. Y cabe ellos un frayle hincado de ro- »dillas y haziendo su oración. Y despues estaban otros tantos de Emperadores y Reyes deziendo qe heran Dioses en la tierra obedescidos de todos y que señoreaban a cualquiera. Y á los inobedientes, qe les quitaban las haziendas y vidas. Y luego tras ellos estaba la muerte exortándoles »como habian de Regirse y ni por cobdicia ni por affecttion ni odio no de- »jassen de hazer justicia y que no fatigasen á los pueblos certifficándo- »les que los sacara en brebe de este mundo. Despues estaban otros tantos de escuderos, caballeros, Condes y Duques también gloriandose del »poder y pribanza que tenian con los del estado Real. Y despues dellos »la muerte exortandoles como habian de padescer serbiendo al Rey y por »el pueblo y por la fé morir. Y despues destos estaban otros tantos de la- cayos ó soldados gloriandose de su hidalguia y vida que hacian y signiffi- »cando qe mas curaban de rapiñar y robar á la Reyna y á los labradores »su hazienda que no de servir al Rey. Y luego la muerte menazándolos »que no debían de Robar ni lo ageno por fuerza tomar certifficándoles que »si assi no hiziessen irian al ynfierno. Y despues destos estaban los jueces y pleyteantes y los procuradores y abbogados gloriandose de su oficio y abisando á los pleyteantes que fuesen á ellos con artos daños que »aunque el pleyto fuese manco sino estaba declarado, ellos que harian »qe fuese sano con el garcisobaco. Y luego estaba la muerte menazándo- »les con el decreto y los qe assy hazian sin aprovecharles bullas ni confe- sores qe yrian al ynfierno. Y luego tras estos estaban otros tantos de »mercaderes gloriandose de las mercaderías qe trayan de tierras extraynnas y de los fraudes y engaynnos qe en su harte azia. Y luego estaba tras ellos la muerte amonestándoles si su arte no hera por logro ó cobdicia sino por amor benibolencia qe era buena y de mucha balia y amonestán- les lo qe habían de hazer. Y luego tras estos estaban otros tantos de boticarios gloriandose aunque no tuviesen medecinas saludables á la salud de los hombres, qe nunca dirían qe no las tenían por llenar de dineros »sus bolsas. Y tras ellos luego estaba la muerte certifficandoles qe sino usaban bien dichas medecinas qe irian al ynfierno. Y tras estos estaban otros tantos de cirugianos y médicos y enfermeros alabándose de su scien- »cia y de su manera qe á todos daran esperanzas de sanarles por no per- »der los dineros qe esperaban haber dellos. Y luego tras ellos estaba la »muerte avisandoles si por no saber ó no conocer las dolencias mataban »á los enfermos que no habria absolución sino condigna restitución y pe- »nitencia. Y tras estos estaban los pescaderos y carniceros gloriándose tambien de su arte de vivir y de los engaños qe hazian y como á los que »le llebaba el oro como les embian con lodo. Y tras ellos luego estaba la »muerte Reprendiendoles del falsear qe hazian en los pesos. Y como ven- »dian mala cosa por buena. Y si no hazian Restitucion y penitencia en es- »te mundo qe irian á purgar al ynfierno. Y luego tras estos estaban otros tantos de taberneros llamando que todos fuessen alli á beber que por tontos que fuessen mejor qe en los estudios les mostrarian en todas len- »guas ablar. Y luego tras ellos estaba la muerte acusándolos de los enga- »ños qe hazian en mezclar agua con vino y el mal vino con bueno. Y tras ellos otros tantos zapateros gloriandose qe heran honrrados de ser llamados de tantos buenos. Y de los engañños qe hazian en vender la badana por cordovan. Y el mal cuero por bueno. Y luego tras ellos estaba »la muerte Reprehendiendoles lo qe malamente ganaban quan poco duraba »y las penas que por ello esperaban qe heran perpetuas. Y luego tras ellos estaban otros tantos de sastres tambien gloriandose de los hurtos »qe hazian con la tijera y pretestando qe no dexarian su condicion en hur- »tar quanto pudiesen. Y luego tras ellos estaba la muerte Reprehendien- »doles con el mandamiento de la Yglesia quien hurtare lo ageno que iría »al Ynfierno. Tras estos estaban los labradores, layadores, cavadores, tullidores, aradores y sembradores gloriandose del trabajo grande qe tenian y qe con su sudor á todo el mundo ellos mantenian teniéndose por »bienaventurados. Luego tras ellos estaba la muerte llamandolos por ma- »los cristianos porque no hazian bien los diezmos y primizias. Y luego tras ellos estaba una imagen de nuestra señora con un Rétulo grande de »escriptura de veynte y tres ó quatro Renglones en metros castellanos. Y »luego después de esta ymagen la persona del comendador que hizo aquel »monasterio hecha de pincel al hazayte y sacado al natural con otros veyn- »te Renglones en metros castellanos. Y luego despues estaba otra ymagen de San Miguel pesando las almas y con su Rétulo. Y despues estaba la muerte. Y despues estaban los angeles buenos y malos y cabe ellos »la figura de Dios Padre con el mundo en la mano. Las quales dichas tiguras estaban pintadas al hazayte de muy buena mano y en mucha propor- »ción y perffección con colores finos de diversas maneras y de la manera qe á cada estado y personage conbenian. Y las dichas sentencias estaban »escritas de una letra casi tan larga como un dedo de la mano del hombre »y gentil letra y proporcionada y de tal manera estaban las dichas senten- »das y letra qe no tomaban mas lugar los dichos y sentencias de los unos qe de los otros las cuales dichas escripturas y pinturas estaban por su »orden y concierto comenzando en un cabo de la claustra por todo el Ro- deo de las cuatro claustras qe estaban espalmadas y lucidas. Y sobre ellos escriptos y pintados todos los susodichos estados y personages y en ca- »da estado de los susodichos estaban quatro ó seys personages tan largos »como un hombre y despues la muerte. Y lo alto de las claustras estaba »cubierto de bobedilla á la antigua de puro iesso todo llano y de la par- »te de baxo espalmado y labado y despues pintado á la Romana con »la figura del sol y de la luna y estrellas y planetas y otras inven- »ciones &.ª» Reffitorio. Todas las paredes del refectorio estaban enyessadas y enluzidas y en medio de la mesa de la cabeza estaba «un crucifixo grande »y muy deboto y otra imagen de N.tra Señora. Y luego muchos frayles de »la Merced pintados de pincel al hazeyte con muchos captibos y su cruz. A una parte representava como los sacaban de tierra de moros y de la »otra parte estaban muchos canónigos y clérigos y gente popular con su »cruz á manera de procession con diacono y sub-diacono y Sacerdote re- »bestidos como que recibian á los susodichos frayles de la merced y cap- »tibos. Y en la misma pared estaba una ymagen de Sant Sebastian con su »rétulo y escripto muy devoto en lengua castellana de letra gruessa qe tomaba todo el ancho de la cabezera del reffitorio en que rogaba al libra- »dor de los Santos padres que hubiesen piedad de sus confradres». Del refectorio á las claustras habia un passaje. »Hacia el cuerpo de la casa había otras claustras &ª....., En estas di- »chas claustras estaban ciertos perssonages de Sumos Pontiffices, Empe- radores y Reyes con mucha pompa y con rétulo de escripto gloriandose y deziendo qe heran Dioses en la tierra y qe señoreaban á cualquiera. Y despues estaban otras tantas de figuras de muertes con coronas y Rétulos »de Sumos Pontiffices emperadores y Reyes con un Rétulo inscripto bre- »be en que les dezia á los que estaban gloriandose: «Tales fuemos como vos» «Tales sereis como nos» »Despues estaban otras figuras de Sumos Pontiffices emperadores »Reyes canonicos y frayles y mercaderes hinchados y como grandes se- »ñores y puestos como qe danzaban asidos de las manos y una figura de »la muerte los guiaba con un Rétulo qe dezia: »Pues conmigo entrareis en la danza »Perdereis del mundo la esperanza Y luego estaba un niño qe dezia: »En este guiador todos pensareis »Pues en el mundo poco estareys »Y había otras figuras de judíos y estaba otro niño puesto en la ago- »nía de la muerte con un escripto que dezia: »Fuerte fué la nuestra suerte »Que á todos nos lleva la muerte. »Las quales dichas figuras estaban pintadas de pincel al hazeyte de »muy buena mano con sus colores muy finos y los perssonages tan gran- »des como unos grandes hombres y los escriptos de una letra gruessa. Y desde las dichas claustras entrando por una puerta estaba otra puerta y »en ella la figura de un hombre salvaje con un bastón en la mano que en »su rétulo dezia: BEGUIZANT, &.ª»
Después de leer esta descripción, no se puede sentir más que una inmensa pena por lo perdido, y aún reconociendo la dificultad de remedar lo que hubo, no me resisto a poneros la idealización que para mi novela "Causa perdida" (2015) dibujó José Luis Blanco:
El críptico Ingmar Bergman fue probablemente el último de los creadores del arte occidental que dio protagonismo a este tema en una de sus obras: la inmortal -nunca mejor dicho- película realizada en 1957 "El séptimo sello":
Pero dejemos a la triste Muerte en su lado del camino, y crucemos los diez pasos que nos separan de una de las mejores y más humildes llamadas a la vida que cada año se suceden en esta ciudad, pues no en vano el arbolico de San José madruga y adelanta en casi diez días al resto de los castaños de Indias del bosquecillo en su afán por dejar atrás el invierno y retoñar para una nueva primavera. Si el claustro de Santa Olalla constituía sin duda un terrible "memento mori" -recuerda que tienes que morir-, este árbol se erige justa -y afortunadamente- en todo lo contrario: recuerda que estás vivo. Basta con pasarse por allí el 19 de marzo de cada año para comprobarlo...
Pero si lo hacemos, no olvidemos tampoco que tan solo unos metros más atrás, cuando allí había árboles de mucho mayor porte que los actuales, estos mensajeros de vida fueron empleados también para llamar a la Muerte, pues en sus ramas fueron ahorcados los tres bajonavarros que en 1687 robaron de su santuario la imagen del ángel de Aralar.
Como sin duda los ángeles poseen más memoria que los hombres, y nada menos que 328 años después de aquel desdichado suceso, cada mes de abril San Miguel sigue deteniendo su vertiginoso paso para recordarlos. Y lo hace casi acodado en el segundo crucero más antiguo que conservamos en Pamplona -el primero es el que hoy en día está en el Caballo Blanco-, que luce el lobo pasante de los Espinal en su escudo y cuya inscripción reza:
"Esta obra fizo facer Martín de Espinal, carnicero, vecino de la ciudad de Pamplona, a honor y reverencia de Dios y su santa pasión, para remisión de sus pecados. A XII de abril de mil quinientos XXI años"
Es decir, que este crucero se alzó tan sólo cuarenta días antes de que el general Asparrós reconquistase la ciudad y expulsase a los castellanos -entre ellos al mentado Ignacio de Loyola- el 19 de mayo de aquel mismo año, y es por tanto el único monumento datado justo en esa mítica fecha, así que no me parece mal lugar en absoluto para recordar el último -de momento- mes de independencia que disfrutó el reino de Navarra en su historia.
Por si eso fuera poco, este es también el único lugar del mundo -junto con la parte alta de la puerta de Brandemburgo de Berlín, tal y como nos enseñó Wim Wenders- donde los ángeles quedan para besarse, así que quienes quieran experimentar besos alados (aunque con una s por delante también resultan de lo más agradable) ya saben a donde acudir...
Y del cielo al infierno, porque no de otra manera puede considerarse que en 1960, el Ayuntamiento (cuyo alcalde era Miguel Javier Urmeneta), decidiese seguir el camino emprendido por tantos otros bestiajos antes que él, y arrasar más de la mitad del Bosquecillo para levantar un emplasto que duele a la vista desde cualquier lugar que se lo mire: el hotel Tres Reyes. La excusa, como de costumbre, fue que "había que modernizar la ciudad", y lo hicieron a la tremenda, uniéndose Urmeneta en lamentable repoker a Cisneros, O'Donnell, Ansoleaga y Eusa.
Con ello se cortó abruptamente y para siempre un parque de la Taconera que llegaba desde la Cuesta de la Reina hasta el Paseo de Sarasate, y lo que obtuvimos a cambio los pamploneses (ya que interpreto que en el hotel sólo se alojan turistas foráneos) fueron estas panorámicas tan bunkerizadas y "entrañables":
Y eso que cuando yo era niño, todavía era más feo (el hotel, yo siempre he sido adorable):
Aunque no quisiera terminar esta entrada sin hablar de otra inquilina -hermosa y fundamental- de este lugar. Hoy está un poco más allá del portal de San Nicolás, justo donde debió alzarse el claustro de Santa Olalla, pero en otra época presidió ella sola la plaza más importante de la ciudad, cuando era una verdadera plaza, con el Teatro Gayarre cerrando el perímetro, y no un culo de saco abarcinado, sin sombra y sin gracia, abierto a la avenida de Amancio Ortega.
A la diosa de la Abundancia ideada por Paret me estoy refiriendo, más conocida por todos como la Mariblanca, tallada realmente por Julián de San Martín en 1798, y desterrada de la plaza del Castillo desde 1910 -con un interludio en la de San Francisco entre 1911 y 1926-, para ser colocada (espero que "provisionalmente") en la Taconera en 1927.
Por tanto devolverla, si no a la fuente un tanto amazacotada diseñada por Paret, sí al lugar de honor que nunca debió perder en la pequeña historia de Pamplona me parece un acto de justicia estética. Total: es imposible dejar la plaza más fea -por dentro y por fuera- de lo que ya es gracias a la nefasta visión patrimonial de la alcaldesa Barcina, así que Mariblanca sólo puede mejorar un paisaje urbano tan contumazmente maltratado.
Y parece que no soy el único que lo piensa, si tenéis la paciencia de seguir este enlace y veis lo que dice el actual alcalde de Pamplona entre los segundos 46 y 59 del video:
A ver si lo consigue. Desde luego rompería una linea de actuación/destrucción municipal que no diría yo que viene desde 1512, pero poco menos. En muchos campos puede que lo tenga difícil, pero desde luego en el de respetar -aunque sea sólo un poco- lo que nos legaron nuestros antepasados, en absoluto. Bastará con que haga lo contrario a lo que de forma tan desdichada se acostumbraba a hacer hasta ahora en Pamplona.
¿Que la ciudad tiene problemas mucho mayores que resolver? Completamente cierto. Pero también lo es que no sólo de pan vive el hombre, y que pasar del reinado absoluto de los cubos de hormigón que "dialogan con el entorno" a hacer que se pongan en camino estatuas del siglo XVIII me parece una medida estupenda. Qué le vamos a hacer...
En cualquier caso es hora de poner fin a esta crónica, que si ha conseguido que a partir de ahora reparéis en detalles en los que no os habíais fijado cuando pasáis por este rincón sin importancia, una supuestamente simple zona de paso entre la ciudad nueva y la vieja, habrá conseguido de sobra su objetivo.
Y quién sabe, quizás incluso podamos encontrarnos, porque al fin y al cabo yo siempre he estado allí...