miércoles, 10 de mayo de 2017

LOS DRAGONES DE TIEBAS VUELVEN A VOLAR

El próximo sábado, 20 de mayo, ocho hermosos dragones provenientes de Champaña volverán a ver la luz en el Museo de Navarra, donde formarán parte de la colección permanente con todo honor y merecimiento, pues fueron encargados por el rey Teobaldo II para que decorasen el suelo de la sala principal del palacio que había decidido construir ex novo en el centro de su reino, harto de tener que mendigar al obispo alojamiento en la capital, dividida siempre por las rencillas de los tres burgos. Un lugar al que para que no cupiesen dudas, dio además su propio nombre, la denominación por antonomasia de los príncipes más famosos de su dinastía: Thiebault – Thiebes – Teobaldo - Tiebas – la "ciudad" de los Teobaldos.  

Ahora, al fin, de las ilustres ruinas de lo que debió ser uno de los palacios más hermosos de la Cristiandad, levantado a imagen y semejanza de los del Louvre en París, y que fue quemado y arrasado al menos en las guerras de 1378, 1521 y 1833, emergen milagrosamente estas cuatro parejas de criaturas aladas, nacidas con toda probabilidad hacia 1260 en Reims, de donde llegarían a Navarra, si no volando, sí en carreta muy bien preparada para que no sufrieran daño ni menoscabo alguno en tan largo viaje.

Dejaron allí muchos primos y parientes, algunos de los cuales todavía se conservan, lo que nos permite afirmar que aquellos son mucho más feos que los nuestros, y que Teobaldo II tuvo muy buen ojo al elegir maestro ceramista.

Fueron redescubiertos por el Gabinete de Arqueología e Historia Navark, con su director Mikel Ramos Aguirre al frente, en la campaña del año 2009 (ver el informe de excavación en este enlace), y desde entonces han permanecido custodiados en el almacén arqueológico del Gobierno de Navarra, de donde, como digo, saldrán a surcar de nuevo los cielos navarros la próxima semana.

Desde que tengo yo recuerdo, siendo muy niño, me han gustado los dragones, así que muchas veces han salido ya en mis crónicas, sobre todo estos con perilla que forman círculo en Tiebas, que parecen todos iguales pero que son distintos, pues cada pareja tiene distinta expresión y tamaño.

Y precisamente buscando explicación a este fenómeno, creo haber dado con el origen literario de forma tan curiosa de representar a estas ocho amables y hermosas bestias, que a partir de ahora vuelven a formar parte de nuestro patrimonio histórico-artístico. Gracias eternas le sean dadas al rey Teobaldo II por ello.

A ver qué os parece mi teoría… 



“Deberíamos recordar
la BATALLA DE LOS DOS DRAGONES
de la que nos habla el Libro de los Bretones;
Porque si ellos hicieron pedazos el castillo,
ahora es nuestra época la que va a derrumbarse,
si Dios no pone fin al conflicto.
Habrá que recurrir a la sabiduría del mago Merlín
para poder adivinar el futuro.
Pero el Anticristo va a llegar, no lo dudéis,
gracias a la malicia del diablo”.

Es la estrofa cuarta de la chanson de Teobaldo I el Trovador "Dios es como el pelicano".

Hace referencia a la "Historia de los reyes de Britannia", de Geofrey de Monmouth, que en 1138 sentó las bases del mito artúrico, que tanto éxito alcanzaría en los siglos posteriores.

En ella se cuenta como el traidor Vortigern, rey de los bretones, que, aunque gobernaba aliado con los sajones desconfiaba de ellos, ordenó construir un fuerte castillo para protegerse. Pero todo lo que se levantaba por el día, se derrumbaba por la noche. Por fin, sus druidas le aconsejan que para evitarlo riegue los cimientos con la sangre de un niño que no tenga padre. Ese niño es Merlín, que cuando está ya a punto de ser ejecutado, revela a todos que el castillo se viene a tierra cada noche porque lo estaban queriendo construir sobre un lago subterráneo. Cuando excavan y ven que el niño tenía razón, éste sigue diciéndoles:

 "Vaciad el estanque y veréis en el fondo dos piedras huecas, y dentro de ellas, DOS DRAGONES durmiendo"

Entonces Vortigern y sus druidas vieron que Merlín seguía contándoles la verdad, pues una vez vaciado el estanque, se levantaron temibles los DOS DRAGONES, uno blanco y otro rojo, entablándose un feroz combate entre ambos, pues echaban abundante fuego por sus monstruosas fauces abiertas.

Así interpretó Merlín el significado de aquella lucha: el dragón rojo representaba a los bretones, y el blanco a los sajones, que, aunque de momento habían sido vencidos, no tardarían en derrotar definitivamente a los bretones.


Hablando ya concretamente de las baldosas recién restauradas de Tiebas, creo que el significado de esas parejas de dragones afrontados puede venir perfectamente de esos versos de Teobaldo I. Más aun si tenemos en cuenta que muestran a dos dragones claramente distintos, con diferencias reseñables en su expresión (uno sonriente y otro serio), su tamaño (el de la derecha siempre es más grande que el de la izquierda) y su morfología (por ejemplo, el de la derecha tiene cola de sierra y el de la izquierda no). Todas esas diferencias equivaldrían al distinto color de cada dragón de la que nos habla la profecía de Merlín.



Esta hipótesis mía abre además varias perspectivas:

1. Esos círculos de dragones encargados por Teobaldo II para su palacio de Tiebas se convertirían de este modo en un homenaje a su padre y antecesor en el trono de Navarra, Teobaldo I el Trovador. Esto no sería nada extraño en el entorno champañés del que ambos -y también- las baldosas provenían, pues ya el monje de Saint Dennis que en 1274 (las baldosas de Tiebas se datarían hacia 1260) redactó las Grandes Crónicas de Francia, dejó escrito que:

“…Pero cuando Teobaldo comprendió que ella era una dama tan importante, de tan buena e irreprochable vida, que no cabía albergar esperanza alguna, sus dulces pensamientos amorosos trocaron en gran tristeza. Y como profundos pensamientos engendran siempre melancolía, le fue aconsejado por algunos hombres sabios que compusiese hermosos sones de viola y dulces y deleitables cantos. Así lo hizo, y junto con Gace Brulé, creó las más bellas y melodiosas canciones que jamás fuesen escuchadas para ser tocadas con viola.
Y LAS HIZO ESCRIBIR SOBRE LOS MUROS DE LA GRAN SALA DE SU PALACIO DE PROVINS, Y TAMBIÉN EN LA DE SU PALACIO DE TROYES.
Y son conocidas como las canciones del rey de Navarra, pues por la muerte de su tío, había heredado aquel reino”. 

Su hijo vivía entre esos mismos muros y estaría orgulloso de la obra poética de su padre, así que nada se opone a pensar que pudo intentar repetir una decoración similar en Tiebas.

Por qué Teobaldo II escogió este tema de los dragones concretamente, podría tener que ver tanto con sus propios gustos literarios personales como con el hecho de que la fábula de los dos dragones hable precisamente de la construcción de un castillo, justo lo que él mismo estaba haciendo en Tiebas.

Además, puede también que los Dragones jugaran un papel emblemático, que hoy se nos escapa, para su dinastía. De hecho, su padre aparece en una miniatura coetánea llevando un Dragón como cimera de su yelmo.


Pero resulta que no termina ahí la relación de los Champaña con los  dragones…

Veamos la nómina de los condes-reyes: Teobaldo I “el Trovador”, Teobaldo II, Enrique I “el Gordo”, Juana I y Luis I “el Hutín”. Éste fue el último que ostentó el título privativo de conde de Champaña, pues a su muerte, su hermano Felipe el Largo, que había usurpado ya la corona de Francia a la única hija de Luis, que a la sazón llegaría a ser Juana II de Navarra en 1328, usurpó también el condado de Champaña anexionándolo definitivamente a Francia.

Luis el Hutín, cuyo periplo de siete meses por Navarra, adonde acudió en 1307 exclusivamente para coronarse, ha salido ya también numerosas veces en mis crónicas, fue por tanto la última persona en poder denominarse con toda legitimidad como rey de Navarra y conde de Champaña, y este sello suyo para la ciudad de Pamplona (se conserva otro igual para la ciudad de Tudela) lo atestigua sin duda alguna:


¿Y quiénes guardan y soportan en él las armas dimidiadas de Navarra y de Champaña? Pues ya veis que, sea por casualidad o no (y yo no creo que lo sea, porque ningún otro rey de Navarra posterior, salvo Carlos II, precisamente el hijo de Juana II, la heredera robada por su tío Felipe el Largo, y también el último que reclamó que le fuera devuelto el condado de Champaña, incluye dragones en sus sellos, aunque en su caso sean tres y no dos) el último de los Navarra-Champaña se hace acompañar en su símbolo principal de autoridad por dos dragones como los que aparecen en las baldosas de Tiebas y en la cimera de su bisabuelo poeta.

Sí, si tuviese que apostar, desde luego que lo haría yo por la certeza de que estos animales fantásticos significaron algo muy especial para los Navarra-Champaña…   


2. La clara alusión al mito del rey Arturo tampoco puede sorprender demasiado en una familia que llevaba acogiendo escritores y poetas desde muchas décadas atrás, cuando la condesa de Champaña, Maria de Francia, abuela de Teobaldo I, patrocino a Chretien deTroyes, autor del archifamoso "Cuento del Grial", otro de los hitos más destacados del tema artúrico.

En sus poemas, el rey de Navarra presume evidentemente de sus conocimientos literarios, tanto de la materia de Roma (mitología grecorromana), de la materia de Francia (Roldan, Oliveros) y de la de Bretaña (Merlín), citándolos constantemente como ejemplos morales.

Estas baldosas de Tiebas vendrían así por tanto a reforzar el testimonio que el propio Fuero General de Navarra ofrece sobre el mito del rey Arturo, pues en las cronologías que lo anteceden (datadas hacia 1185), aparece por vez primera su nombre escrito a este lado del Pirineo. Esto es lo que puede leerse en ellas: "Era D. LXXX aynos fizo la bataylla el rey Artús con Modret Equibleno..."


3. Si admitimos que este círculo de los dragones se basa en unos versos de Teobaldo I, bien podemos pensar que el resto de los motivos también podrían estarlo.

Recordemos que además de decoraciones vegetales, aparecen en Tiebas pájaros enfrentados picoteando una espiga, y también lo que parecen ser unos anillos entrelazados, que es de esperar que alguna vez puedan ser también restaurados y expuestos como su calidad y su historia merecen.



De hecho, la primera y la última estrofa del mismo poema donde aparece la historia de los dragones, "Dios es como el pelicano", nos habla de pájaros:

"Dios es como el pelicano
que hace su nido en lo más alto del árbol;
y el PÁJARO MALVADO que viene desde abajo,
mata a las pequeñas crías, el muy inmundo."

"Dios nos permita servirle y amarle,
así como a Nuestra Señora, a la que no debemos olvidar,
y nos proteja por siempre
de los PÁJAROS MALVADOS que tienen veneno en sus picos."

Wallenskold, el principal editor de las canciones de Teobaldo, dice que no es nada habitual en los troveros de la época que se asigne al diablo el simbolismo del pájaro malvado, y que, en este caso concreto, y dado que el pelícano representa indudablemente la pasión de Cristo, Teobaldo habría resultado bastante original al contraponer a Dios y al Diablo en forma de pájaro bueno y pájaro malo. Y subraya que muy probablemente el pájaro que en la Edad Media denominaban pelícano no tiene nada que ver con el que hoy conocemos por tal, sino casi seguro con un ave que quienes escuchasen la canción conocerían por formar parte de la fauna habitual de su entorno.

También en otro de sus poemas más famosos, "Tanto canta el ruiseñor", aparece de nuevo la figura de un pájaro:

"Tanto canta EL RUISEÑOR
que cae de lo más alto del árbol;
Nadie vio jamás muerte tan bella,
ni tan dulce, ni tan agradable.

En cuanto al círculo que en Tiebas muestra lo que parecen ser unos anillos entrelazados, en otro poema del rey de Navarra, "Soy como el unicornio", Teobaldo nos dice:


"Señora, cuando estuve delante de vos,
y os vi por primera vez,
mi corazón palpitó de tal manera,
que quedó a vuestro lado cuando me fui.
Yo fui entonces apresado sin posibilidad de rescate,
cautivo en la dulce prisión
en la que los pilares están hechos de deseo,
las puertas de bellas miradas,
y LOS ANILLOS de buena esperanza".

En este caso resulta evidente que Teobaldo no se refiere a anillos-joya, sino a los eslabones de una cadena, es decir, a unas anillas como las empleadas en su época para elaborar también las cotas de malla. Y de hecho el dibujo de Tiebas recuerda poderosamente la manera de tejer ese instrumento defensivo, propio de los caballeros medievales.



Y esto es todo.Sólo me queda invitaros a que vayáis al Museo de Navarra a conocer a mis ocho dragones favoritos, que no son míos, sino que queriendo homenajear a su padre trovador, fueron primero del rey Teobaldo II y que ahora son ya nuestros. De todos y de todas, porque forman parte inalienable de nuestra Historia. 

¡A disfrutarlos!



©MIKEL ZUZA VINIEGRA, 2017