martes, 7 de abril de 2015

LOS REYES DE NAVARRA Y EL MITO DEL GRIAL IV MURAL

El refectorio de la catedral de Pamplona, para mí el mejor edificio medieval navarro de los que han llegado intactos a nuestros días, fue levantado prácticamente exprofeso para celebrar la llegada de una nueva dinastía al trono, tras los más de cincuenta años en que la corona había sido detentada por los reyes de Francia, que excepto el mes que pasó por estos pagos Luis el Hutín en 1307, jamás se preocuparon de comparecer a este lado de los pirineos.

Por eso la coronación de Juana II -la hija precisamente de Luis el Hutín, apartada por su condición femenina del trono francés- y de Felipe III de Evreux supuso para los navarros un quitarse de encima a los tiranos de París, en la confianza de que los nuevos reyes pasarían más tiempo en Pamplona, Tudela o Estella. Tal deseo no se cumplió del todo, al menos no en la magnitud que llegó a alcanzar con sus descendientes Carlos II o Carlos III, que podría decirse que sí se "navarrizaron", quizás el segundo mucho menos por obligación que el primero, a decir verdad.

El caso es que Felipe y Juana fueron aceptados por unas Cortes reunidas en Puente la Reina el 13 de marzo de 1328. Asistieron 8 ricos hombres, 43 caballeros, los Infanzones de Obanos, agrupados en las comarcas de Miluce, Ribera, Irache y Obanos, y 26 buenas villas, a las que luego se fueron añadiendo otras 18 más. No había representado ningún eclesiástico -probablemente porque algunas cosas siempre son iguales, y los de ese estado sólo se mojan, políticamente hablando, cuando ya saben quién va a ser el que mande-.


Decidieron entre todos destituir al gobernador que había impuesto el rey de Francia, confiando la dirección del país a dos ricos hombres con el título de regentes: Juan Corbarán de Lehet, álferez del reino, y Juan Martínez de Medrano (aquel que yo creo que está representado en las portadas de Larrangoz, Lizoain y Redín. ¿Recordáis?:


Juraron pues guardar el reino para la legítima heredera, ayudarse mutuamente a defender el país y se comprometieron a adoptar todas sus decisiones "todos juntos por unanimidad o por mayoría de votos". La futura monarca debería jurar "según fuero, uso e costumbre del regno de Navarra".

Tengo para mí que ese día, el 13 de marzo, es el que debiera celebrarse como fiesta del Día de Navarra, sin perjuicio de que se siga celebrando también el del patrón San Francisco Javier, pero como fiesta religiosa. Porque como fiesta civil, resulta evidente que esta primera reunión de cortes con atribuciones verdaderamente importantes de nuestra historia, merecería ser recordada de forma especial.


Porque con todas las salvedades y escrúpulos que queramos hacer, no deja de ser lo más "democrático" que en aquella época (y casi hasta la nuestra) podremos encontrar en Navarra. Por eso durante los años de la dictadura nadie reivindicó el recuerdo de esta reunión, y supongo que por eso mismo también tras la transición el Gobierno de Navarra escogió el tres de diciembre como Día de Navarra. Al fin y al cabo el hijo pequeño de los Jaso está enterrado en Goa, y allá tan lejos (en la tierra del Preste Juan) no puede dar la lata con perniciosas veleidades predemocráticas a nadie...

Sellos de los Infanzones de Obanos y de las Buenas Villas
Así que a día de hoy seguimos sin que nadie tenga -ni quiera tener- idea de que esta asamblea popular de todo el reino se llevó a cabo en Puente la Reina. Y como además el puente foral de diciembre es muy goloso, el 13 de marzo seguiré conmemorándolo únicamente yo, tomándome un vermú rojo -por supuesto- y paren ustedes de contar...

Bueno, pues posiblemente para conmemorar el citado advenimiento de la dinastía de Evreux, se levantó el Refectorio de la catedral de Pamplona, donde no hay que olvidar que el Fuero ordenaba que jurasen los reyes de Navarra. Y tras esa ceremonia, como tras todas en esta tierra nuestra, había que hacer festejos y comilonas varias, ¿y qué mejor que hacerlos justo al lado?

Es por tanto en ese mismo año de 1328 cuando debieron comenzar las obras, que estaban terminadas para 1335, como indica la inscripción del mural que decoraba el testero, y que desde 1946, por obra y desgracia del lamentable obispo Olaechea, fue arrancado de su sitio y vendido a la Diputación, que lo colocó donde hoy se halla: en el Museo de Navarra.

Y no digo que esté mal allí, donde su conservación está asegurada (aunque alguna pieza suelta, como el profeta Ezequiel, se muestre "misteriosamente" también en el Museo de Bellas Artes de Bilbao, y todos podamos suponer cómo llegó hasta allá...), y aunque el impresionante rostro de Cristo que Oliver pintó para el tímpano de la puerta de subida al púlpito, esté guardado bajo cuatro llaves y no se enseñe al público -incomprensiblemente, y contra todos los criterios museísticos- desde hace décadas...


No: lo que digo es que ahora que por fin se vació tan noble salón, y se sacaron de allí todas las tallas que conformaban el Museo Diocesano, y sobre todo se quitaron las tablas amarillas que compartimentaban -e incluso tapaban directamente obras de arte muy reseñables- aquel maravilloso espacio, se podría encargar una fotografía-réplica a tamaño natural del mural pintado por Johan Oliver (hay empresas muy eficientes que se dedican a ello, como saben en muchos pueblos del pirineo catalán que han recuperado de este modo lo que el MNAC se llevó de sus iglesias, y a un precio de lo más apañado), para que todo volviera a ser como fue en 1335.


Es cierto que para llevar a cabo iniciativas como esta de  la que estoy hablando hace falta buena voluntad e imaginación, pero mientras por lo que se apueste sea por ocultar con un embudo gigante de acero gris -material especialmente demoníaco- prodigios como la Puerta Preciosa del claustro, sé que podemos esperar sentados. Aún así, por si hay alguien ahí...


Y eso que hay muchos más misterios y detalles en el Refectorio de los que se podría hablar largo y tendido. Hace mil años, por ejemplo, un muy conspicuo pesado descubrió que en el tímpano de una puerta que las citadas mamparas amarillas mantenían semioculta -sean el decorador y el canónigo que permitió semejante herejía muy bien recompensados en el Infierno del mal gusto por ello-, se narraban varios de los doce trabajos de Hércules. Entre ellos la lucha contra el león de Nemea, y el robo del escudo de la reina de las Amazonas, decorado con tres cabezas de mujer:




 O podría comentar igualmente lo tremendamente curioso que me ha resultado siempre que con la minuciosidad con la que está tratada la heráldica en el fabuloso armorial que se despliega en las bóvedas, cuyo eje central son las armas de los reinos que guardaban relación con Navarra (Francia, Inglaterra, Castilla, Portugal...) el -supuesto- escudo de Aragón allí tallado, tenga sólo tres palos de gules (rojos) y no cuatro, como era usual, lo que lo convierte -a mi parecer- en el escudo del conde Gastón II de Foix y de Bearne -protector del reino de Navarra- que aparece además representado también en el mural de Johan Oliver.

Que sí, que no me lo he inventado... Siempre he creído que esa coincidencia tiene que querer decir algo, aunque ahora sea ya imposible saber exactamente qué (al menos hasta que yo acabe imaginándome una inesperada versión, claro):

Supuestas armas del rey de  Aragón 
en la bóveda del refectorio

Armas de Gastón II de Foix y de Bearne
en el mural del refectorio

Armas habituales del
rey de Aragón

Y llegados a este punto, como de costumbre, ¿qué tiene que ver todo esto con el Grial?

Pues que una de las representaciones artísticas más hermosas que conservamos en Navarra del Grial es la que puede verse en el soberbio mural del que estamos hablando: 




Y nada menos que por duplicado, pues siendo dos los ángeles que recogen la sangre de Cristo que corre por sus brazos clavados en la cruz, dos son también los griales que en la escena aparecen. Si los observamos desde más cerca podremos ver que se tapan el rostro en señal de respeto y por no querer contemplar el sufrimiento del hijo de Dios:




Pero si ampliamos un poco más el foco, podremos observar que a su lado hay dos ángeles más: 




Dos ángeles que podríamos considerar gitanicos, pues si nos fijamos bien están rasgando sus vestiduras, "partiéndose la camisa" como dirían ellos. Sólo que lo hacen en señal de tristeza y no de alegría, como hoy en día lo hace en sus bodas la raza calé.  

Por lo tanto, es en este mural pintado por el gran artista Johan Oliver, en el único lugar donde podremos ver reunidos al Grial con las armas del Rey de Navarra.
Vale, me ha costado llegar, pero lo he conseguido: 






© Mikel Zuza Viniegra, 2015